El Museo Tàrrega Urgell iniciará esta semana un ciclo de conferencias dedicadas a la Iglesia Parroquial de Santa María de Alba y se suma así a la conmemoración de los 350 años de la construcción de este templo de estilo barroco clasicista. Serán tres charlas que repasarán la historia de este monumento protegido como Bien Cultural de Interés Nacional ideado por fray Josep de la Concepció.
La primera cita tratará sobre cómo era el edificio en la época medieval, antes del derrumbe del campanario que derribó buena parte de la antigua iglesia. Será el jueves 2 de junio a cargo del doctor en Historia, profesor asociado de la Universidad de Lleida y miembro de la Real Academia de Bellas Artes de Sant Jordi Albert Velasco. La segunda convocatoria tendrá lugar el 9 de junio y explicará cómo el nuevo edificio que se levantó sobre las ruinas del templo medieval situaron la obra resultante a la vanguardia del barroco a finales del siglo XVII. Pronunciará la conferencia la doctora en Historia del Arte y profesora de la UAB Maria Garganté. El ciclo se cerrará el 16 de junio, cuando se analizará el vínculo entre la pintura mural al fresco y la arquitectura barroca. En esta ocasión, el pintor targarí Josep Minguell, autor del gran conjunto mural que decora el techo y el ábside de Santa María de Alba, desglosará el sentido de los frescos pintados en el edificio por su padre, Jaume Minguell Miret, y él mismo. Todas las conferencias tendrán lugar en las Salas Nobles del Museo a las 7 de la tarde.
Recordemos que el 14 de febrero de 1672 se derrumbó el campanario de la iglesia parroquial (de estilo románico y más pequeña), que quedó gravemente afectada. En primera instancia se acordó adobar inmediatamente la capilla de las Santes Espines, clausurar mediante piedra y cal un armario de la sacristía, apuntalar el conjunto del edificio, cerrar la arcada restante frente a la rectoría, tapar todos los huecos susceptibles de causar daños mayores y reforzar la esquina de la iglesia cercana a la escalera del campanario, mientras se debatía la resolución que había que emprender. La solución fue edificar un nuevo templo, diseñar para ser fra Josep de la Concepció, conocido con el sobrenombre de El Tracista.
