El presidente de la Diputación de Lleida, Joan Talarn, ha dicho hoy, en el acto conmemorativo de la caída de Lleida, el 11 de noviembre de 1707, que la Seu Vella es un símbolo de resiliencia del pueblo leridano y catalán, a la vez que ha defendido la negociación y el pacto político como “fórmula civilizada para resolver las discrepancias”.
Este acto ha tenido lugar en la Sala Grande de la Canonja de la Seu Vella de Lleida y, además de Joan Talarn, han intervenido Montse Bergés, delegada del Gobierno de la Generalitat en Lleida, y Pilar Bosch, concejala de Cultura y de Promoción de la Ciudad de la Paeria. Joan Baigol, director del Consorcio del Turó de la Seu Vella, ha sido el encargado de presentar el acto, que ha incluido una conferencia de Carme Berlabé, conservadora del Museo de Lleida, sobre ‘Los hechos de 1707 y la dispersión del patrimonio artístico de la Seu Vella de Lleida: periplo y vicisitudes del Retablo Mayor’, y la actuación del Coro Absis del Aula municipal de música de Ivars D’Urgell, que ha interpretado diferentes piezas musicales.
El encuentro de hoy, más allá de servir para “recordar la infausta entrada de las tropas borbónicas en tierra catalana que comenzó en 1707 con el asedio de Lleida”, debe servir para “proclamar una vez más la Seu Vella como símbolo de resiliencia del pueblo leridano y catalán”.
El presidente lo ha justificado diciendo que este conjunto monumental fue víctima de “la ignominia y el ultraje” derivadas de “las ansias de conquista, de la prepotencia de un estado absolutista y de la negación de cualquier diversidad como signo de riqueza de los pueblos”, que estuvieron a punto de promover incluso el decreto de demolición de la Seu Vella. Salvada ‘in extremis’ por la voluntad popular, Talarn ha recordado cómo los conquistadores la convirtieron en cuartel militar, como también ha recordado que, dos siglos después, “incluso acogió un terrible campo de concentración donde castigar a los disidentes” después del golpe de estado que derrocó “una república con amplio apoyo popular”.
Es por eso que el presidente ha reafirmado la Seu Vella como símbolo de paz, de reconciliación, de esperanza y de justicia, así como de democracia, “quizás un valor más frágil de lo que muchos piensan”, porque, al amparo de los acontecimientos que en los últimos días nos sacuden y nos hacen estar alerta, “sólo os quiero aconsejar que contempléis la Seu Vella para encontrar en su perfil el ejemplo de fortaleza, empatía y serenidad que necesitamos para garantizar la paz y el bienestar de una sociedad libre”, así como de justicia, ante aquellos que “aún no descansan para volverla a destruir”.
Por todo ello, Joan Talarn ha pedido valorar “en su justa medida la puerta de esperanza y confianza que también estamos abriendo estos días por la vía de la negociación y el pacto político como fórmula civilizada para resolver las discrepancias, que son legítimas cuando las pueden debatir sobre una mesa los representantes de la soberanía popular”, y ha terminado animando a “conjurar-nos hoy, más de 300 años después de aquellos hechos ignominiosos, y que la Seu sea testigo: la paz se gana con el diálogo, la democracia, con el esfuerzo del pueblo, y la libertad, en las urnas”.
Cabe recordar que el 11 de noviembre de 1707, hace 316 años, la ciudad de Lleida capitulaba ante las tropas borbónicas del rey Felipe V en el marco de la guerra de Sucesión (1701-1714). El triunfo borbónico significó para Lleida la abolición en 1717 del Estudio General y la desaparición del régimen foral de la Paeria en 1719. Se cerró la Seu Vella, que fue ocupada por las tropas y usada como ciudadela militar. La toma de Lleida supuso para los borbónicos la posesión de la parte occidental de Cataluña y de las llanuras agrícolas imprescindibles para la logística del ejército que más tarde atacaría Barcelona.
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