Tic-tac. Comienza la cuenta atrás de un mandato que llegó cargado de promesas y grandes titulares, pero que, a juicio de muchos leridanos, deja más decepciones que transformaciones. Un mandato que debía marcar un antes y un después en la ciudad y que, en cambio, ha acabado generando la sensación de una oportunidad perdida.
Lleida es una ciudad con potencial, con historia, con identidad y con capacidad para liderar el territorio. Pero para avanzar necesita un gobierno que afronte los problemas reales de los vecinos y no un gobierno más preocupado por la propaganda que por la gestión. Por eso creo que los próximos años deben servir para recuperar cuatro pilares fundamentales: la seguridad, la identidad, el orden y el sentido común.
La primera preocupación de cualquier ciudadano es sentirse seguro. Y aquí es donde la distancia entre el relato oficial y la realidad cotidiana se hace más evidente. Mientras el gobierno socialista encadena anuncios y comparecencias, muchos barrios continúan conviviendo con una percepción creciente de inseguridad.
La seguridad no se gobierna con titulares. Se gobierna con resultados. Los leridanos necesitan soluciones efectivas, más presencia policial, más coordinación entre administraciones y más firmeza ante los reincidentes. No basta con anunciar medidas si después estas no tienen una traducción clara y visible sobre el terreno. Cuando los vecinos tienen miedo, la propaganda no sirve de nada.
También hemos visto cómo iniciativas que debían convertirse en grandes proyectos de ciudad han acabado perdiendo fuerza con el paso del tiempo. El Pacto por la Convivencia y el Civismo es un ejemplo. Una propuesta que podía haber sido una herramienta útil ha acabado más vinculada a una operación de imagen que a una estrategia transformadora.
Una ciudad también necesita identidad. Una ciudad que pierde su identidad es una ciudad que pierde su alma.
Lleida siempre ha sido una ciudad abierta. Pero abrirse al mundo no significa renunciar a lo que somos. Integrar no es sustituir. Acoger no quiere decir diluir la personalidad colectiva que nos define.
La identidad leridana es un patrimonio que hay que preservar y potenciar. Las tradiciones, el comercio de proximidad, las fiestas populares y la manera de vivir de nuestros barrios y la Huerta forman parte de un legado que hemos recibido y que tenemos la obligación de transmitir a las futuras generaciones. Cuando las instituciones proyectan una ciudad sin raíces, el riesgo es acabar construyendo una ciudad sin referentes.
Nosotros defendemos una Lleida orgullosa de su cultura y de su personalidad propia. Una ciudad que no tenga miedo de reivindicar aquello que la hace única.
El tercer pilar es el orden. Y el orden no es autoritarismo. El orden es convivencia.
Las normas existen para garantizar que los derechos de la mayoría sean respetados. Quien cumple las normas debe sentir el apoyo del Ayuntamiento. Quien las incumple de manera reiterada debe saber que habrá consecuencias. Sin orden, la convivencia se deteriora. Sin orden, los incívicos acaban imponiendo sus reglas a los ciudadanos que sí respetan los espacios compartidos.
Por eso hay que dar apoyo a los cuerpos y fuerzas de seguridad, reforzar los mecanismos de inspección, combatir las actividades ilegales y actuar con determinación ante las ocupaciones. Ni impunidad ni resignación.
Y finalmente está el sentido común. Aquel sentido común ilerdense que durante generaciones ha sido una de nuestras principales virtudes colectivas.
El sentido común es escuchar antes de decidir. Es gestionar antes de hacer propaganda. Es priorizar los problemas reales de los ciudadanos por encima de los intereses partidistas. Es entender que gobernar significa servir y no simplemente comunicar.
Por eso digo que empieza la cuenta atrás. La cuenta atrás de un modelo que no ha cumplido las expectativas que había generado. Y la cuenta atrás de una nueva etapa para la ciudad.
Una etapa en la que la seguridad vuelva a ser una prioridad. Una etapa en la que recuperemos el orgullo de ciudad. Una etapa basada en el orden, la convivencia y el sentido común. Una etapa en la que la Paeria vuelva a estar al lado de los vecinos. Tic-tac.
