El conflicto generado en torno a la propuesta de ubicar un albergue en la antigua escuela de Balàfia, y también en las Josefines, ha reabierto un debate que en Lleida no es nuevo. Ya ocurrió con la propuesta de un albergue en Pardinyes. Cuando las mismas discusiones se repiten, queda claro que algo no funciona: falla la comunicación, no gusta la ubicación y, sobre todo, hay que preguntarse si el modelo que se propone es el adecuado.
El sinhogarismo es la situación de personas que no tienen una vivienda digna y estable. Personas con derechos, con historias y trayectorias vitales muy duras, a menudo marcadas por problemas de salud mental, adicciones o rupturas personales, que duermen en la calle o viven en una precariedad extrema. Ante esta realidad, las administraciones tenemos la obligación de actuar y de dar respuesta. Pero actuar no quiere decir repetir soluciones que, con el tiempo, se han demostrado insuficientes o contraproducentes.
Desde el grupo de Junts per Catalunya no compartimos la propuesta de crear más albergues, ni en Balàfia ni en les Josefines. Y no lo hacemos por falta de sensibilidad, sino por dos motivos muy claros. En primer lugar, porque no ha habido el consenso necesario con los vecinos y vecinas de los barrios, que merecen ser escuchados y formar parte de la solución. Y en segundo lugar, porque defendemos un modelo diferente, más eficaz y más respetuoso tanto con las personas como con la convivencia.
Apostamos por el Marco de acción para el abordaje del sinhogarismo, que impulsé como consellera, un modelo que pone la vivienda y el acompañamiento social en el centro. El objetivo no es acumular personas en un recurso asistencial, sino ayudarles a salir de esta situación, evitar que queden atrapadas durante años y garantizar una convivencia ordenada en los barrios.
Los albergues pueden ser necesarios como respuesta puntual de emergencia, especialmente en momentos concretos. Pero no pueden convertirse en la solución principal. Cuando una persona pasa meses o años en ellos, el problema no se resuelve: se enquista. En Lleida ya disponemos de recursos de urgencia, como la residencia Jericó, con 94 plazas, y de un tejido de entidades sociales que llevan años trabajando con las personas sin hogar, como Cáritas Diocesana, Arrels Sant Ignasi o Sant Joan de Déu. El reto no es ampliar indefinidamente estos dispositivos, sino garantizar que sean temporales y que sirvan realmente de puente hacia una salida estable.
La solución que defendemos se basa en vivienda con apoyo y corresponsabilidad progresiva. Al principio, cuando una persona no tiene ingresos, no se le pide ninguna aportación. A medida que recupera estabilidad, contribuye de acuerdo con lo que realmente puede asumir. No se trata de hacer negocio ni de imponer cargas imposibles, sino de acompañar a las personas para que recuperen autonomía, responsabilidad y una vida lo más normalizada posible. No es asistencialismo: es un camino realista para volver a empezar
Este debate también ha puesto en evidencia una incoherencia grave. Hay formaciones políticas que atizan el malestar con vídeos de personas durmiendo en la calle, que critican cualquier alternativa y que no proponen ninguna solución viable. Convertir el sufrimiento humano en propaganda es cálculo electoral, no compromiso social. Y aún es más grave cuando viene de quien se proclama defensor de valores cristianos, de quien va a misa, se arrodilla para comulgar o levanta las manos al rezar el padre nuestro. ¿Dónde está la caridad cristiana, dónde está el respeto por la dignidad humana? Utilizar la pobreza para generar odio no ayuda ni a las personas, ni a los barrios, ni a la ciudad; solo empeora el problema.
Las políticas sociales no se pueden hacer desde el miedo ni desde el ruido. Se deben hacer con datos, planificación y propuestas serias. En el debate presupuestario ya defendimos alternativas concretas: ubicar en el Hub Cívico de Balàfia los servicios sociales municipales, con garantías de calidad y discreción, e impulsar un programa municipal de vivienda con apoyo, con pisos dispersos y acompañamiento intensivo para personas sin hogar o en situación de gran vulnerabilidad.
El sinhogarismo no se soluciona con más albergues. Se soluciona con vivienda, acompañamiento, rigor y respeto. Respeto por las personas y respeto por los barrios. Cambiar el modelo no es renunciar a ayudar. Es la única manera de ayudar de verdad.
