Después de más de cuatro décadas formando parte del tejido comercial de la calle Mayor, la juguetería Trèvol pondrá punto final a su actividad este mes de octubre. Sus propietarios, Miquel Borraz y Mercè Trepat, aseguran que la decisión llega después de 43 años dedicados al comercio, convencidos de que ha llegado el momento de iniciar una nueva etapa, pero con la tristeza de ver desaparecer una de las últimas tiendas especializadas en juguetes de la ciudad.
"Hemos disfrutado mucho del contacto con la gente y con los niños durante todos estos años. Ahora pensamos que ya toca empezar otra etapa", explican. Sin embargo, reconocen que lo más difícil no es el cambio personal, sino la pérdida que, según consideran, supone para Lleida.
"Nos da pena que sea la última tienda especializada de juguetes de Lleida. Ahora solo quedarán las grandes cadenas y habrá juguetes de calidad, seleccionados una a una, que ya no se podrán encontrar en una tienda física".
Borraz y Trepat lamentan que no haya aparecido un relevo dispuesto a continuar con el negocio y consideran que cada vez es más complicado emprender en el comercio tradicional.
El local ya tiene nuevo inquilino
A pesar del cierre, el local no quedará vacío. Los responsables de Trèvol explican que ya han conseguido alquilarlo y que será ocupado por otro negocio, aunque no han querido avanzar más detalles.
La tienda continuará abierta durante la liquidación de stock hasta octubre, momento en que entregarán definitivamente las llaves.
Una mirada al futuro del comercio local
Durante la entrevista, los propietarios también reflexionan sobre la situación del pequeño comercio en Lleida. Según su opinión, la desaparición progresiva de negocios familiares responde a diversos factores.
Por un lado, señalan que las compras por internet han cambiado los hábitos de consumo, aunque consideran que este fenómeno no es el único responsable. Según explican, la pérdida de poder adquisitivo de muchas familias también ha reducido el consumo en el comercio de proximidad.
A esto añaden las dificultades que, según afirman, comporta mantener un negocio: la presión fiscal, el aumento de los gastos y los trámites administrativos.
"Abrir un comercio debería ser atractivo. Ya sabemos que es un trabajo sacrificado, pero al menos debería ser económicamente rentable y permitir ganarse la vida".
Los comerciantes también lamentan el incremento de determinados costes, como la tasa de basuras, que aseguran que en su caso se ha incrementado notablemente en los últimos años, a pesar de generar muy pocos residuos.
Torre Salses, entre las preocupaciones del sector
Los propietarios también se muestran críticos con el proyecto de Torre Salses, que, según su opinión, puede perjudicar aún más el comercio del centro de la ciudad.
En este sentido, sostienen que el futuro complejo comercial reproducirá buena parte de las cadenas que ya existen en la calle Mayor y que esto puede favorecer el desplazamiento de la actividad comercial hacia la periferia.
"Quieren llevarse el centro comercial de la ciudad hacia las afueras", afirman durante la conversación.
Al mismo tiempo, defienden que una alternativa más beneficiosa sería potenciar el entorno de la estación e impulsar la rehabilitación de viviendas en el centro histórico para atraer nuevos residentes y revitalizar las calles comerciales.
El legado de varias generaciones
Más allá de las dificultades del sector, los propietarios aseguran que se quedan con el recuerdo de los miles de clientes que han pasado por la tienda a lo largo de cuatro décadas.
Explican que, durante estas semanas de liquidación, muchas familias han vuelto expresamente para despedirse y agradecerles los años de servicio. "Hemos recibido muchas muestras de afecto. Han venido hijos de clientes que venían de pequeños e incluso algún nieto. Esto nos hace sentir muy orgullosos".
Aseguran que este es el mejor balance posible después de 43 años detrás del mostrador: haber contribuido, a través del juego, a la infancia de varias generaciones de leridanos.
