Cuando hablamos de población estable, las fuentes oficiales recogidas por el Institut d’Estadística de Catalunya indican que a principios de 2025 la población de Lleida se situaba alrededor de los 144.878 habitantes, con un peso de extranjeros del 22,04 % de los residentes municipales. Esta variable proporciona una radiografía interesante: una ciudad con presencia significativa de personas nacidas fuera, pero donde la mayoría son residentes de larga duración que se han arraigado al territorio.
Los estudios demográficos también apuntan a un crecimiento moderado y continuo de la población en años recientes, lo que contrasta con las tendencias de despoblación de otros municipios del Segrià y las comarcas rurales leridanas. Este equilibrio entre estabilidad y diversidad demográfica da a Lleida una base sólida para considerarla como ciudad para vivir —y no solo como base temporal. Para muchos jóvenes, especialmente universitarios, Lleida se convierte en una primera experiencia de vida independiente.
Precisamente el ambiente universitario es un factor clave. En la Universitat de Lleida (UdL) estudian miles de jóvenes de toda Cataluña y España, y muchas veces lo que empieza como una estancia temporal se convierte en una decisión de futuro, al menos a corto o medio plazo. Tal como recogía una reciente publicación, “muy poca gente quiere venir a Lleida como primera opción”, pero después “muy poca gente quiere marcharse”, según estudiantes de la UdL entrevistados por la prensa local. Este fenómeno es habitual en ciudades donde la vida tranquila, el coste de vida más bajo y la comunidad universitaria crean un vínculo afectivo y práctico con la ciudad.
A pesar de ello, la oferta de empleo sigue siendo un elemento determinante. En el ámbito local y provincial, el paro existe y se expresa de manera moderada; datos de paro registrado sitúan a Lleida en posiciones intermedias respecto a otras provincias españolas y catalanas, pero con una presencia relevante de personas sin trabajo, especialmente en ciertos sectores como servicios y paro juvenil. Esta realidad condiciona especialmente las decisiones de los jóvenes profesionales o de los que se plantean desarrollar una carrera en sectores altamente especializados.
La vivienda es otro factor clave que influye sobre la decisión de quedarse o marcharse. En un contexto autonómico de reducción de la oferta e incremento de los precios del alquiler, Lleida ha registrado una reducción de la oferta de vivienda de alquiler de más del 35 % en seis años y una subida de precios del 38 %, según datos del Observatorio del Alquiler, lo que complica el acceso a pisos para jóvenes y familias. Aun así, a pesar de esta presión, los precios medios de alquiler de Lleida (alrededor de 562 € al mes) se mantienen por debajo de la mayoría de capitales catalanas y españolas, configurándose como una alternativa asequible respecto a grandes ciudades.
Esta mezcla de oportunidades educativas, coste de vida más asequible y calidad de vida hace que muchas personas venidas de fuera —incluida gente de Barcelona o Tarragona— valoren Lleida como una ciudad con las dimensiones y ritmos adecuados para vivir en paz, con menos ruido, menos tráfico y un entorno más sostenible para formar una familia o continuar una carrera profesional. Adicionalmente, la presencia de espacios verdes, equipamientos culturales y una comunidad activa contribuyen a un sentido de pertenencia que facilita el arraigo.
El clima es otro de los factores que condicionan la percepción de vivir en Lleida y que a menudo aparece en el debate ciudadano. La ciudad tiene un clima de contrastes marcados: los inviernos son fríos y largos, con la presencia habitual de la niebla, un fenómeno meteorológico característico de la llanura de Lleida que puede alargarse días o semanas y que incide tanto en el estado de ánimo como en la rutina diaria. En el otro extremo, los veranos son intensos, con temperaturas elevadas y olas de calor cada vez más frecuentes, lo que obliga a adaptar horarios, actividades y espacios de convivencia. Esta dualidad climática es, para algunos, un elemento disuasorio, pero para otros forma parte de la identidad del territorio. Quien busca un clima mediterráneo, no se queda.
Sin embargo, para retener talento joven y equilibrar las aspiraciones laborales y residenciales, las administraciones locales trabajan en medidas como ayudas a la vivienda, proyectos de empleo y programas de atracción de talento. Este enfoque pretende que Lleida no sea solo “una ciudad para estudiar o pasar una temporada”, sino un lugar donde se puede vivir, trabajar y crecer profesionalmente a largo plazo.
En definitiva, quedarse en Lleida o marcharse no depende solo de un factor, sino de la combinación de oportunidades educativas, condiciones laborales, accesibilidad de vivienda y percepción de calidad de vida. Mientras algunos buscan realidades profesionales en otras ciudades, muchos otros descubren en Lleida una vida equilibrada entre coste, tranquilidad y comunidad, un patrón que dibuja una ciudad dinámica pero arraigada al territorio.