Castellfollit de la Roca (Garrotxa) vuelve a mirar hacia el risco basáltico que lo sostiene. En las últimas semanas, el acantilado que sostiene el casco antiguo ha registrado nuevos desprendimientos de roca y los especialistas que analizan el terreno han detectado una fisura de unos 17 metros en la parte superior, en la zona más sensible del riesgo.
El hallazgo ha activado la vigilancia y el seguimiento técnico por parte de las autoridades y de los equipos que controlan su estabilidad.
UN PUEBLO SOBRE UNA COLADA DE LAVA
Castellfollit de la Roca es uno de los municipios más singulares de Cataluña: el pueblo se asienta sobre una colada de lava solidificada que forma una pared vertical de unos 50 metros de altura. Pero eso que hace el pueblo único y atractivo es lo que puede hacerlo peligrar.
Aunque el basalto es una roca dura, el paso del tiempo, la fuerza del río y la infiltración de agua pueden ir debilitando su estructura y favorecer la apertura de fracturas.
Los expertos consultados por el pódcast El Radar de 3Cat han insistido en que “no existe un riesgo inminente”, pero sí una degradación progresiva que obliga a mantener un control permanente del acantilado.
SENSORES, ESCANEOS Y SEGUIMIENTO DEL PUNTO MÁS DELICADO
La cara norte, orientada hacia el río Fluvià, es la que genera más preocupación. En este sector se han instalado sistemas de control para medir los movimientos de pequeñas grietas y entender cómo evoluciona la erosión. Además, el acantilado se escanea periódicamente para detectar desplazamientos milimétricos y anticipar cualquier cambio relevante.
En paralelo, el Ayuntamiento reclama apoyo económico para garantizar el mantenimiento regular del acantilado. Los trabajos de limpieza y retirada de vegetación —clave para reducir riesgos— pueden suponer entre 40.000 y 50.000 euros, un gasto muy elevado para un municipio pequeño, con unos 1.000 habitantes.
El consistorio asegura que está en conversaciones con el Departamento de Territorio, que se ha comprometido a financiar la limpieza de este año, y trabaja para dejar encarrilado un contrato que lo estabilice en los próximos ejercicios.
Castellfollit lleva siglos conviviendo con esta geología imponente. No hay alarma inmediata, pero el mensaje es claro: la vigilancia y el mantenimiento no son opcionales en un pueblo construido literalmente al borde del precipicio.
