Ramon Gascons: "Nuestra apuesta es potenciar el patrimonio natural y cultural"

27 de julio de 2022 a las 14:24h

Los comicios de 2019 comportaron un cambio de gobierno en Tossa de Mar. El ejecutivo surgido de estas elecciones se conformó por tres partidos, en que las dos formaciones mayoritarias ocuparían la alcaldía dos años cada una. Después de que Immaculada Colom fuera la alcaldesa entre 2019 y 2021, Ramon Gascons tomó posesión del cargo.

El mandato comenzó con dos temporales, que afectaron fuertemente a la costa catalana, y una pandemia mundial. Una vez superados estos fenómenos, el alcalde Ramon Gascons nos explica cuáles son los proyectos culturales y de preservación del territorio que impulsan desde el Ayuntamiento.

Aunque usted todavía no era alcalde, ¿cómo gestionaron la pandemia?

El verano de 2020 fue muy crítico y el de 2021 ha sido de recuperación. Hemos sido el Ayuntamiento de la Costa Brava que más ayudas ha dado en proporción al presupuesto: una bajada del IBI del 10%, dos capítulos especiales de ayudas sociales porque hubo mucha gente que quedó sin trabajo y sin recursos, y una rebaja del umbral del corte mínimo para las ayudas escolares y la conectividad.

Una vez pasado todo este trance y visto que el verano pasado fue muy animado, nos estamos volcando a una temporada que se prevé muy buena. Aunque el comercio y el camping necesita el turismo extranjero que no acaba de llegar. Hay reservas, pero le falta un detonante final que nos tiene un poco preocupados.

¿Llegará este repunte final para superar el verano pasado, que ya fue muy bueno?

Por los indicadores que tenemos, entendemos que en verano pasará como con la locura de Semana Santa, cuando entró todo el mundo de golpe. Las previsiones son buenas y supongo que esto se reconducirá. Si recuperamos el turismo extranjero, la laguna del lunes al viernes no afecta tanto.

Antes de que tomara posesión como alcalde, una de las medidas más sonadas de su concejalía fue la parada del puerto deportivo. ¿Por qué tomó esta decisión?

Tossa es la única población catalogada como villa de alta montaña que toca el mar. Su rasgo característico es que está rodeada de 35 km2 de bosque que crea como un anfiteatro verde de cara al mar. Gracias al esfuerzo de mucha gente con perfil activista como nuestro grupo, Tossa ha mantenido esta característica.

Se planteó un proyecto terrible que daba pie a un hotel, unos chalets y un puerto deportivo. Cuando entramos, lo primero que hicimos fue revocar aquel convenio. El camino de ronda y uno de los peñascos más bonitos que tenemos son un patrimonio que se tenía que preservar, ya que nuestro paisaje nos ha dado vida.

¿Qué actuaciones se hacen para promocionar este espacio natural?

Hemos recuperado muchos caminos forestales con Llagostera, Sant Feliu y Santa Cristina que activan el senderismo y que ayudan a descubrir el territorio a base de deporte, naturaleza, y gastronomía.

Hay un proyecto muy interesante con la UdG. Financiamos un doctorado que demuestra que Europa apuesta por unas zonas que se llaman espacios azules. Se demuestra que el contacto con el mar ayuda a acercar lo que busca un gran perfil europeo: bienestar, confort y seguridad. Esto se consigue gracias a actividades cerca del mar, que aportan beneficios de salud. Estamos financiando esta cátedra y está teniendo un impacto que nos puede traer un nuevo turismo.

Por otro lado, hemos impulsado el patrimonio cultural: la iglesia vieja de Sant Vicenç, el Museo Municipal o la Villa Romana. Estas acciones deben demostrar que mantener y potenciar nuestro pueblo desde el patrimonio natural y cultural es la apuesta más segura.

¿En qué punto se encuentra la reactivación cultural del municipio?

Fuimos de las pocas poblaciones que no dejamos de hacer ninguna actividad en 2021, incluso hicimos sardanas sentados. Mucha gente nos lo reconoció y tuvo un impacto económico. La apuesta por la cultura es muy clara. Por ejemplo, con una ordenanza que permite a los músicos tocar en la calle y ambienta con música todo el pueblo. Por otro lado, hemos hecho el Festival de Rumba catalana, que el año pasado lo esparcimos por todo el pueblo, y el Festival Petit Paradís pasará a ser de 10 noches y gastronómico.

Por la covid, hicimos otra actividad que gustó mucho y la volveremos a realizar: a las familias se les ofrecía una gincana con un recorrido que hace referencia a toda la historia de la villa. Es una manera divertida de descubrir el pueblo. Para la Fiesta Mayor también inauguraremos una exposición en el museo de todo lo que he pasado con la covid visto desde los cruceros turísticos. La apuesta por la cultura es total y es un activo diferenciador.

La idea de esparcir el Festival de Rumba Catalana por el pueblo se mantiene, ¿verdad?

Antes el Festival de Rumba sólo se hacía en la playa y ahora se hace en lugares donde hay sombra. Así pueden estar tranquilamente escuchando el festival con arbolado. Tenemos que ofrecer espacios a la población donde la gente pueda permanecer en olas de calor como la de julio. Lo ideal es poder coger zonas boscosas, que en Cataluña todas son particulares, llegar a acuerdos e integrarlas al servicio de los vecinos. Aparte del Festival, hemos conseguido un nuevo acuerdo de custodia de terreno para convertirlo en un parque urbano. Tenemos el cambio climático encima y tenemos que ofrecer zonas donde poder pasear y refrescarse.

¿Qué papel desarrolla la nueva biblioteca en este entramado cultural?

Es un proyecto que impulsa la Diputación. No hacemos una biblioteca tradicional, se propone un concepto nuevo de biblioteca que tendrá sala de exposiciones, de presentaciones, un rincón para hacer el punto de lectura... es un modelo muy futurista. Las bibliotecas deben ser un punto de encuentro cultural y es un elemento que nos hace falta. Hemos iniciado los trámites y espero que no sea muy lento. También hemos recuperado un edificio antiguo para instalar el ateneo local, donde se hacen todo tipo de actividades culturales para jóvenes y mayores.

La restauración de la Iglesia Vieja y el muro de levante trajo polémica. ¿Cómo ha sido el proceso?

La Iglesia Vieja es un edificio que prácticamente no había tenido ninguna intervención. Nos encontramos con un incidente grave que nos lleva a revisar el edificio y vemos que estaba en muy malas condiciones. El muro de la banda de levante ha perdido 30 cm en algunas zonas y teníamos que decidir entre reforzarlo o tirarlo al suelo. Toda esta documentación se entrega a la Comisión Territorial de Patrimonio de Girona, al equipo de restauración de la Generalitat y al Colegio de Arquitectos. Estas instituciones sólo aceptan cuatro reparaciones para este edificio. De todas ellas sólo se podía hacer una, llenar el mortero con cal. La ventaja es que está hecha con cal y arena de Tossa y con el tiempo envejece y queda enrojecido. A medida que se gasta, el 'crocanti' que nos gusta irá saliendo. Era la menos impactante y la única reversible.

¿Le gusta el resultado?

¿Nos gusta? No, porque todos estamos acostumbrados a verla con la piedra. Si la recordáramos de hace 600 años, no tendríamos este impacto visual; pero sólo la conocemos desde hace 100 años. Cuando la hemos visto alterada nos ha afectado mucho. Se está valorando si podemos acelerar artificialmente el fenómeno de enrojecerla. Se puede proponer, pero la última palabra la tiene la Comisión Territorial de Patrimonio de la Generalitat.

Como municipio encarado al turismo, la vivienda es uno de los otros temas calientes que debe afrontar. ¿Qué medidas han tomado?

Teníamos un crecimiento anual de un 35% de apartamentos turísticos. Hemos elaborado un plan de regulación de apartamentos turísticos después de dos años de trabajo y hemos aplicado los criterios del Departamento de Vivienda de la Generalitat. Estábamos en el listado de poblaciones críticas y este plan nos ayuda a ordenar y que la gente lo tenga más fácil para arraigar en nuestro pueblo. Antes una familia joven de Tossa tenía que hacer un esfuerzo un 41% superior a una de Vidreres, que está a 5 min en coche.

En 2019 con el anterior gobierno se aplicó el puerta a puerta comercial y unos nuevos contenedores. ¿Cómo valora este cambio durante el presente mandato?

Fue un cambio muy complicado y lo hemos continuado impulsando. Estamos forzados a ir hacia aquí porque los costes del vertedero en breve serán impagables. La dificultad que tiene Tossa es que en el casco antiguo tiene el mismo número de bares que el paseo marítimo de Castelldefels, donde recogen la basura por detrás de los locales y en línea recta. Esto comporta hacer cuatro salidas nocturnas de recogida selectiva muy complicadas por el núcleo que tiene un coste añadido.

Cuando se cambió el sistema de recogida no se tocó la tasa y llevamos un déficit que, por los dos años de covid, no nos hemos atrevido a tocar. De momento, tenemos que apostar por este modelo, pero es complicado porque somos 6.000 habitantes y damos servicio a 30.000. Por otro lado, en la obra de recuperación del antiguo ayuntamiento hemos destinado una parte del edificio a hacer una minideixalleria que eliminará tres baterías de contenedores y limpiará la imagen.

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