Un municipio del Ripollès a punto de perder el único horno de pan del pueblo

El Ayuntamiento ve la falta de vivienda como un escollo y urge al Estado y a la Generalitat a desbloquear proyectos

29 de enero de 2026 a las 08:23h

El horno Can Quixal, la única panadería de Planoles (Ripollès), bajará la persiana próximamente por la jubilación de sus propietarios, que llevan 38 años al frente del negocio. Ante esta situación, buscan personas interesadas en tomar el relevo para poder garantizar la continuidad de un servicio esencial tanto para el municipio como para los pueblos de los alrededores.

Nos gustaría que fuera alguien que viniera a vivir aquí, que hiciera pueblo y creara una familia como hicimos nosotros”, explica la copropietaria, Leonor Bernat. Desde que hicieron pública la decisión, ya han aparecido algunos interesados en comprar el negocio, aunque todavía no hay ningún acuerdo cerrado. La falta de vivienda en el municipio, sin embargo, puede dificultar que este relevo se haga realidad.

Bernat tenía 22 años cuando, junto con su marido, Sebastià Quixal, hijo de una familia de panaderos, dejó Sabadell para instalarse en Planoles. En aquel momento, el pueblo tenía una cincuentena de comercios pero no disponía de ninguna panadería. Transformaron un garaje en obrador y tienda y levantaron el negocio desde cero. Con el tiempo, las magdalenas y los carquiñolis se han convertido en el sello distintivo de la casa.

Cada día trabajamos mucho”, admite Bernat, que explica que los horarios se han ido adaptando a la demanda y que actualmente abren cada mañana de la semana, con la tienda cerrada por las tardes. “Tiene que venir alguien con ganas de trabajar y se puede ganar la vida”, asegura.

A pesar de reconocer que se trata de un oficio exigente por los horarios, considera que la panadería es mucho más que un negocio. “Nosotros lo hemos hecho y hemos sido muy felices”, afirma. Según explica, tener un horno implica crear vínculos con los vecinos, con las segundas residencias y con los visitantes. Una muestra de ello es que, desde que han anunciado la jubilación, muchos clientes han pasado expresamente a despedirse, algunos de ellos ya sin vivir en el pueblo.

El último día de trabajo ya tiene fecha orientativa. “Nuestra intención era cerrar el 31 de marzo, pero por respeto y por nuestra conciencia, trabajaremos hasta pasado Semana Santa si no encontramos a nadie; lo que no podemos hacer es que la gente que nos ha dado tanto la dejemos con la puerta cerrada”, subraya.

“No es solo el pan, hace mucha falta”

Entre los clientes habituales se encuentra Xavier Serraïma, vecino de Navà, que confía en que se pueda encontrar un relevo. “No es la panadería de Planoles, es la de todos los pueblos de alrededor”, señala. Sin Can Quixal, explica, tendría que desplazarse 10 kilómetros por el collado de Toses hasta Ribes. “Y alguien te puede suplir un saco de pan, pero también quieres coca, magdalenas… es el placer, no solo del pan”, añade.

La vivienda, el principal escollo

Tanto los propietarios de la panadería como el Ayuntamiento coinciden en señalar que la falta de vivienda asequible es uno de los principales obstáculos para encontrar relevo. El alcalde de Planoles, David Verge, considera que sería “una lástima” perder este negocio, que ve como una “gran oportunidad” para atraer una nueva familia al municipio.

Según explica, en los últimos tres años el pueblo ha ganado 50 nuevos vecinos gracias a los esfuerzos para combatir la despoblación. “Es un pueblo atractivo porque tenemos servicios como escuela, guardería, fibra óptica, tren, comercios y la gente quiere venir a vivir aquí”, afirma. Aun así, reconoce que la demanda de vivienda supera con creces la oferta.

Actualmente, hay 38 proyectos de vivienda en diferentes fases, algunos encallados y otros con plazos de ejecución de entre tres y cinco años. Entre estos, destaca un edificio de la Sareb con seis pisos que el Ayuntamiento ha ofrecido a la Generalitat sin obtener respuesta. “Todo es lentísimo y tú dile a un joven o a los propietarios de la panadería que esperen cinco años más para que se desencalle”, denuncia Verge.

El alcalde también pone el foco en una situación que califica de paradójica: “Tenemos la triste particularidad de ser un micropueblo y tener 12 viviendas públicas cerradas desde hace treinta años y disponibles para ir a vivir”, en referencia a los pisos de la collada de Toses. Asegura que hace más de seis años que reclaman una solución al Estado y a la Generalitat. A pesar de valorar positivamente la apuesta del gobierno de Illa por la vivienda social, reclama más atención al mundo rural: “Es un tema muy urgente, no podemos esperar más”.