Procedente de Sant Feliu de Boada, llegó a Palafrugell en 1947 estableciéndose en la calle del Padró Gran donde tuvo a su primer hijo, Joan Gou, y donde regentaba su primer negocio familiar llamado “Can Pixupalu” que llevaba junto con su marido, Francisco Gou. Era una tienda donde vendían desde comestibles a granel hasta alpargatas. La tienda existió hasta 1953, después se instalaron en la calle de la Tarongeta y su marido inició un nuevo negocio, conduciendo un taxi hasta el año 1963 aproximadamente.
En 1958 comenzaron a regentar la bolera de Llafranc (actual Can Chez Tomas) y allí llevaban a artistas conocidos como Carmen Amaya, Peret o Rudy Ventura que, según explica Lola, generaban gran expectación.
Con la ayuda de sus dos hijos, Joan y Josep, sacaron adelante el negocio. Ambos repartían “flyers” por las playas palafrugellenques, tanto a la población local como a los forasteros que venían a hacer turismo.
En 1963 abrieron el chiringuito del Camp d’en Prats, llamado “Stop Bar”, más conocido como Can Gou, lo que actualmente es el Botavara. Era un lugar para parar o tomar un café, para encontrarse con los amigos y jugar al botifarra, el parchís o el dominó. El bar siempre estaba lleno hasta los topes para ver partidos de fútbol. Y la parte más curiosa y que muchos palafrugellenses seguramente recordarán es la pequeña piscina donde los más pequeños podían conducir unas barquitas.
El negocio del bar duró hasta la jubilación de Lola y Francisco. Después todo continuó en la calle de la Tarongeta con su familia.
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