El incendio forestal de La Bisbal d'Empordà ha dejado afectaciones en unas 25 viviendas. Una es en Ramon Baltà, que vive en el bosque a los pies del Puig d'Arques. Su finca estaba intacta, a pesar de que los alrededores estaban completamente arrasados por las llamas.
En Ramon explica que los dos campos que tiene trabajados justo al lado de la finca y las cinco cabras le han "salvado la casa". Baltà da por hecho que los animales están muertos, porque se asustaron con el incendio y huyeron, pero el trabajo de comer el sotobosque que han hecho durante meses ha ayudado a que el incendio se frenara justo al lado de su casa.
Otros vecinos, como Laura Puigblanc no han tenido la misma suerte. A ella se le ha quemado buena parte de la finca que tiene en Cruïlles.
UN CASO EXCEPCIONAL
El caso de Ramon, sin embargo, es aislado. Ilustra una realidad conocida desde hace años por los expertos en prevención de incendios: el pastoreo es una de las herramientas más eficaces para reducir la carga de combustible del bosque. A pesar de ello, en Cataluña cada vez es más difícil mantener rebaños destinados a esta función.
Los principales obstáculos son la falta de pastores y el bajo rendimiento económico de la actividad, además de la fragmentación de la propiedad forestal, que obliga a negociar con muchos propietarios diferentes para poder pastar.
También influyen la burocracia para obtener permisos, especialmente en espacios protegidos, y los conflictos derivados de la convivencia con otros usos del bosque, como el senderismo o la caza. A esto se añade el coste de mantener los rebaños, los cercados y los perros de protección, así como los problemas ocasionados por los depredadores en algunas zonas.
A pesar de estas dificultades, los Bomberos y numerosos técnicos forestales hace años que defienden el pastoreo dirigido como una herramienta clave de gestión forestal. Las cabras y las ovejas reducen el sotobosque de manera natural, crean discontinuidades en la vegetación y dificultan la propagación de los grandes incendios, tal como ha quedado evidenciado en el caso de la finca de La Bisbal d'Empordà.
Ahora solo faltaría que la administración pusiera las cosas fáciles, aplicara ayudas directas a estas actividades, redujera burocracia y exigencias y creyera --de forma efectiva-- en el pequeño campesinado y la ganadería extensiva, claves para cuidar un territorio cada vez más boscoso.