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El Hospital Universitario Vall d'Hebron ha conseguido reabrir la vena porta en 12 de los 24 niños tratados desde 2018 con una técnica pionera de radiología intervencionista que evita tener que practicar una cirugía abdominal abierta. El procedimiento permite restablecer el paso de la sangre hacia el hígado y prevenir complicaciones graves, como las hemorragias digestivas, con una recuperación que puede completarse en menos de 24 horas.
De los 12 casos en los que se ha conseguido reabrir la vena, 10 pacientes la mantienen actualmente abierta. Los especialistas destacan que los resultados mejoran a medida que acumulan experiencia y que, en algunos de los casos más recientes, el porcentaje de éxito llega al 70%.
Una técnica menos invasiva que la cirugía tradicional
La vena porta transporta hasta el hígado la sangre procedente del intestino y el bazo. Cuando queda obstruida por un coágulo, la sangre busca vías alternativas y aumenta la presión sanguínea. Esta situación, conocida como hipertensión portal, puede provocar un agrandamiento del bazo, una disminución de las plaquetas y la aparición de varices en el esófago y el estómago, con el riesgo de que se produzcan hemorragias graves.
En los niños, esta obstrucción a menudo está relacionada con una trombosis de la vena porta. Entre los factores de riesgo se encuentran la prematuridad, las alteraciones de la coagulación y el uso de catéteres umbilicales durante los primeros días de vida.
El jefe de sección de Hepatología y Trasplante Hepático Pediátrico de Vall d'Hebron, Jesús Quintero, explica que la enfermedad puede pasar desapercibida durante años y manifestarse por primera vez entre los 10 y los 15 años, cuando aparece una hemorragia digestiva.
Para detectar posibles casos antes de que provoquen complicaciones, el hospital dispone de un protocolo de seguimiento con ecografías para los bebés a los que se ha colocado un catéter umbilical.
Dos pinchazos y entre dos y tres horas de intervención
Hasta ahora, una de las principales opciones para recuperar la circulación era la derivación de Rex, una intervención compleja que requiere abrir el abdomen y crear una nueva vía para que la sangre llegue al hígado. En algunos casos, es necesario extraer una vena de otra parte del cuerpo para construir esta conexión.
La nueva técnica, en cambio, se basa en dos pequeñas punciones, una a través del bazo y otra a través del hígado. Con la ayuda de imágenes radiológicas, los especialistas introducen catéteres hasta la vena obstruida, intentan abrirla con pequeños balones y colocan una prótesis metálica, llamada stent, para mantener el paso de la sangre.
El procedimiento dura habitualmente entre dos y tres horas y se realiza con anestesia general. Sin embargo, evita las grandes incisiones y reduce notablemente el tiempo de recuperación: mientras que la cirugía convencional puede comportar al menos una semana de hospitalización, con esta técnica el niño puede recuperarse en menos de 24 horas.
La jefa de sección de Radiología Intervencionista de Vall d’Hebron, Mercedes Pérez, subraya que la intervención deja solo dos pequeñas heridas en los puntos de entrada de los catéteres.
Un 50% de éxito global, con resultados que mejoran
Desde 2018, el hospital ha aplicado la técnica a 24 pacientes de entre un año y medio y 18 años, con una edad media de ocho años. En la mitad de los casos se ha conseguido reabrir la vena porta, y en 10 de los 12 pacientes que han respondido al tratamiento se mantiene abierta.
Pérez reconoce que el porcentaje global de éxito puede parecer modesto, pero destaca que representa una alternativa para evitar una operación compleja a uno de cada dos niños tratados.
Además, cuando no se consigue reabrir la vena, el procedimiento permite obtener información detallada sobre la circulación sanguínea, que puede ayudar a planificar una eventual cirugía posterior.
Los especialistas remarcan que se trata de una intervención técnicamente muy compleja, que requiere equipos con una gran experiencia. Según Quintero, solo tres o cuatro centros del mundo llevan a cabo este tipo de procedimiento. Vall d’Hebron también colabora con un hospital de Madrid para que pueda incorporar esta técnica.
Una paciente volvió a hacer vida normal al día siguiente
Durante la presentación de los resultados, María José, una de las pacientes tratadas, ha explicado su experiencia. La joven, que vive en el País Vasco, sufrió una hemorragia digestiva a los 12 años sin haber presentado síntomas previos. Empezó a vomitar grandes cantidades de sangre, una situación que, según ha relatado, la asustó mucho.
Después de ser atendida en Vitoria y en el Hospital de Cruces, en Bilbao, fue derivada a Vall d’Hebron para recibir tratamiento. Su padre, Alexander Correa, ha explicado que la recuperación fue prácticamente inmediata y que al día siguiente de la intervención ya se encontraba bien.
Desde entonces, la joven ha podido retomar la vida habitual sin nuevas complicaciones, aunque continúa tomando medicación anticoagulante.
Vall d’Hebron recibe pacientes de otras comunidades autónomas para tratar esta patología poco frecuente, de la que no hay datos de incidencia lo suficientemente completos en Cataluña ni en el conjunto del Estado.