Nada Itrab tenía 9 años cuando, en agosto de 2013, se marchó de Barcelona hacia Bolivia con un vecino de confianza de la familia. El viaje, que debía durar una semana, se convirtió en un secuestro de siete meses marcado por los abusos, el trabajo forzado y el aislamiento.
Rescatada en marzo de 2014 en una operación policial en la selva boliviana, su historia no terminó con el regreso: el retorno también estuvo marcado por la tutela institucional, la precariedad y un largo proceso para reconstruirse.
Un viaje compartido en una trampa de 7 meses
El diario 'The Guardian' ha recogido la historia de Nada y explica que su familia vivía en L'Hospitalet de Llobregat en una situación muy vulnerable. El supuesto acompañante del viaje, Grover Morales, se había ganado la confianza de los padres y les convenció de que la niña volvería pronto. Pero, una vez en Bolivia, le retuvo el pasaporte y le hizo ver que no podría marcharse.
Durante este tiempo, Morales la llevó por diferentes puntos de Bolivia. Nada sufrió abusos sexuales, maltratos y trabajo forzado, primero en entornos urbanos y después en zonas rurales y de selva. La aisló, le cambió el nombre y la sometió a un control total. La menor quedó atrapada en una situación extrema, lejos de la familia y sin ninguna posibilidad real de escapar.
Los padres denunciaron la desaparición y se activó una investigación entre policías de España y Bolivia. Después de meses de búsqueda, la Guardia Civil y la policía boliviana la localizaron y la rescataron en helicóptero en marzo de 2014. Morales fue condenado posteriormente a 17 años de prisión.
El regreso de la Nada, un nuevo calvario para la niña
Cuando regresó a Cataluña, Nada no recuperó una vida normal. Quedó bajo tutela de la Generalitat y pasó años en centros de menores antes de regresar con la familia.
Aquella etapa también fue muy dura: pobreza, inestabilidad emocional y una gran sensación de abandono. Durante mucho tiempo intentó borrar todo lo que había pasado.
Con los años, los estudios se convirtieron en su vía de salida. Empezó a explicar su caso públicamente y a reconstruir el relato de lo que había vivido. Ahora estudia Derecho en la Universidad de Barcelona y se ha propuesto dar sentido a su experiencia convirtiéndola en activismo.
La Nada no quiere quedar reducida al papel de víctima. Su objetivo es denunciar el tráfico de menores, visibilizar el maltrato infantil y reclamar más protección para los niños vulnerables.
Con esta finalidad, Nada ha explicado su historia en diversos medios, como en Catalunya Ràdio, y también en diversos pódcasts. Incluso ha publicado un libro ('Yo soy Nada', Penguin) acompañada de la periodista Neus Sala para que su historia llegue a más gente.
