Barcelona es mucho más que la Sagrada Família, el Eixample o el Camp Nou. Lejos de los circuitos turísticos habituales, la ciudad esconde rincones gastronómicos que sorprenden por su calidad y autenticidad. Uno de estos es el Tramendu, un restaurante situado en el barrio de la Bordeta, en el distrito de Sants-Montjuïc, que se ha convertido en una pequeña joya para los amantes de la buena comida.
De vermutería a referente de barrio
El Tramendu es una empresa familiar que nació el 2017 como una vermutería. Con el tiempo, el proyecto ha ido creciendo: el 2021 abrieron el restaurante y el 2023 consolidaron su propuesta con una brasería, sumando tres locales en la ciudad.
El restaurante, ubicado en el passatge d’Andalusia, mantiene la esencia de local de barrio, pero con una propuesta gastronómica que va más allá. No es alta cocina, pero tampoco un simple bar: su estilo se mueve en un equilibrio entre la tradición y la creatividad, con platos elaborados pero accesibles.
Según informa El Nacional, uno de sus grandes puntos fuertes es la calidad del producto, especialmente el pescado. Trabajan con piezas enteras de lonja que varían según el día, y el éxito es tal que a menudo se agotan al mediodía. Lejos de ser un inconveniente, esto evidencia la frescura y la demanda de lo que ofrecen.
Platos que marcan la diferencia
La experiencia gastronómica comienza con entrantes que ya dejan huella: la lámina de careta de cerdo, crujiente e intensa; la vichyssoise de puerro y almendra, suave y equilibrada; la tostada de calamar y panceta, llena de sabor; y el crujiente de cerdo con gamba, un bocado meloso que sorprende.
Entre los platos principales, destacan la bomba de foie-gras, un clásico bien ejecutado, y los macarrones de cardenal, reinterpretados como unos rigatoni rellenos con gamba en una propuesta de mar y montaña.
Pero el gran protagonista es el fricandó de atún, un plato original que juega con la confusión entre carne y pescado. Visualmente recuerda un fricandó tradicional, pero el sabor revela un atún meloso y lleno de matices. También sobresale el cordero deshuesado con boniato, tierno e intenso, con el contraste dulce de la guarnición.
El final dulce llega con un pastel de manzana con helado de vainilla y toffee, que cierra la comida con una combinación clásica y efectiva.
Cocina con alma de barrio
El Tramendu no solo destaca por la comida, sino también por su ambiente. El servicio es cercano y profesional, con ese toque familiar que hace sentir al cliente como en casa. Todo ello configura una propuesta coherente: cocina con personalidad, producto de calidad y arraigo al territorio.
En una ciudad llena de oferta gastronómica, este restaurante demuestra que, a veces, las mejores experiencias se encuentran fuera del foco turístico.