Marc Cucurella ha vivido lejos de Cataluña por su carrera futbolística, con etapas en el Reino Unido y en Madrid, pero nunca ha escondido el vínculo con Alella, su pueblo natal. El lateral catalán ha reivindicado en diversas ocasiones su arraigo a este municipio del Maresme, situado a solo 20 minutos de Barcelona y a tocar del Mediterráneo.
“Soy un enamorado de Alella y del Maresme. Y en presumo. Toda la vida he vivido en Alella, en una urbanización del pueblo”, explicó en una entrevista a ‘Esportiu Maresme’. El futbolista también ha definido la zona como “uno de los mejores lugares de Cataluña para vivir”, destacando la calidad de vida, la montaña, la playa, los pueblos, la gastronomía y la gente.
Un pueblo entre viñedos y mar
Alella es un municipio de unos 10.000 habitantes situado en la comarca del Maresme, a solo dos kilómetros del mar. A pesar de la proximidad con Barcelona, conserva una identidad propia marcada por la tranquilidad, el paisaje de viñedos y una larga tradición vinculada al vino.
Antes de dar el salto al fútbol de élite, Cucurella empezó a jugar de pequeño en el Futbol Sala Alella. Según ha explicado él mismo, tenía unos cinco años cuando sus padres lo apuntaron a este club, antes de pasar al fútbol de campo grande.
Una de las denominaciones de origen más antiguas
El nombre de Alella está estrechamente ligado al vino. La Denominación de Origen Alella es considerada una de las más antiguas del Estado y también una de las más pequeñas de Cataluña. Sus orígenes se remontan a la época romana, cuando el vino conocido como lauretanum se exportaba desde la antigua Laietania hacia diferentes puntos del Imperio Romano.
Esta historia se puede conocer mejor en el Centro Enoturístico y Arqueológico de Vallmora, en Teià, donde se conservan restos de una antigua bodega romana que estuvo en funcionamiento durante siglos.
Las cepas de Alella bajan en suaves terrazas hacia el Mediterráneo sobre suelos de sauló, un granito descompuesto que da personalidad a sus vinos. La variedad más característica es la pansa blanca, también conocida como xarel·lo, con la que se elaboran algunos de los vinos más reconocidos de la zona.
Patrimonio, Gaudí y gastronomía
El centro histórico de Alella también conserva atractivos patrimoniales, como la iglesia de Sant Feliu, con un campanario de origen románico. En su archivo parroquial se guarda un esbozo firmado por Antoni Gaudí en el año 1883 para una capilla que finalmente no se llegó a construir.
El municipio también destaca por sus masías, los caminos entre viñedos y las rutas por el Parque Natural de la Serralada de Marina, con miradores sobre el Mediterráneo y la costa del Maresme.
La cultura del vino también se nota en la mesa. Los restaurantes de Alella apuestan por una cocina de proximidad con productos del mar y de la huerta, con platos como los arroces, el pescado, el marisco, la butifarra a la brasa, las fresas del Maresme o las calçotadas.
Cada septiembre, el municipio celebra la Fiesta de la Vendimia, una cita dedicada a la tradición vitivinícola con catas, conciertos, gastronomía y actividades para acercar la cultura del vino a los visitantes.
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