Hay pregones que se escuchan. Los hay que se aplauden. Y los hay que, antes incluso de acabar, ya forman parte de la memoria colectiva de la ciudad. El de Germán Ramírez, más conocido como el Gran Germán, pertenece a esta última categoría.
La noche del viernes, la plaza de Sant Roc asistió a una apertura de Festa Major difícil de encajar en los moldes tradicionales. El pregonero convirtió el Ayuntamiento en escenario, hizo de la aparición una entrada teatral y acabó bajando desde la parte superior del edificio hasta la plaza sujeto a una cuerda y con la bandera del Centre d’Esports Sabadell como compañera de viaje.
La broma quedó bautizada por el mismo protagonista: “Ya soy oficialmente el colgado de Sabadell”. Detrás de la acrobacia, del grito, del baile y de la exageración había un discurso mucho más reconocible: el de un sabadellense hablando a los sabadellenses.
Del balcón a la plaza
El Gran Germán no quiso limitarse a pronunciar un texto desde el balcón del consistorio. Su pregón funcionó como un espectáculo callejero, con una plaza llena y un protagonista que llevó hasta las últimas consecuencias el personaje que lo ha convertido en una figura popular de la ciudad.
La entrada ya anunciaba las intenciones. Humor, referencias locales y una puesta en escena deliberadamente desmesurada dieron paso al momento más inesperado de la noche: la bajada con arnés desde la parte superior del Ayuntamiento.
Una vez a pie de plaza, el pregonero hizo algo todavía más significativo: abandonó progresivamente el balcón para mezclarse con el público. El pregón dejaba de ser una intervención institucional para convertirse en una conversación, a su manera, con la ciudad.
Una ciudad explicada desde la memoria
Entre bromas y excentricidades, El Gran Germán construyó un relato profundamente local. Habló de su infancia, de los espacios donde ha crecido, de la familia y de los amigos, y de las entidades y referentes que forman parte de su trayectoria.
También aparecieron algunos de los símbolos que permiten reconocer Sabadell más allá del mapa: el pasado industrial, los abuelos que trabajaron en los telares, la riada de 1962, los establecimientos comerciales de toda la vida y el deporte.
El pregón tuvo, así, una doble mirada. Por un lado, la ciudad vivida en primera persona: la de los recuerdos, las personas y los lugares. Por otro, la ciudad que todavía quiere reivindicarse en presente.
Esta combinación fue probablemente una de las claves para que el discurso conectara con la plaza. No se trataba solo de alentar a Sabadell, sino de recordar por qué lo es para aquellos que han crecido en él.
El comercio como patrimonio
Uno de los momentos más reivindicativos llegó cuando el pregonero puso el foco en el comercio local. En medio de un pregón dominado por el humor y la defensa de las tiendas de toda la vida, introdujo un punto de realidad. El pregonero alertó de que una ciudad sin comercio es una ciudad sin vida y recordó algunos establecimientos históricos que forman parte de la memoria comercial sabadellense.
Un mensaje sencillo y, a la vez, político en el sentido más ciudadano del término: comprar en la ciudad también es una forma de mantenerla viva. La reivindicación encajaba con el tono general del pregón. El Gran Germán no hablaba de Sabadell como de una postal, sino como de un lugar que tiene cosas que amar y, precisamente por eso, cosas que cuidar.
Orgullo de cebolla y orgullo deportivo
Por otro lado, si hay un elemento que difícilmente podía quedar fuera del pregón era el Centre d'Esports Sabadell. El himno arlequinado sonó durante la actuación y el mismo pregonero apareció con la bandera del club durante su descenso. El deporte se convirtió así en otra vía para hablar de identidad.
El pregonero también puso en valor a deportistas sabadellenses que han llevado el nombre de la ciudad fuera de sus fronteras: “Sabadell es una ciudad que compite, que cae, que vuelve a empezar y que también sabe celebrar cuando las cosas van bien”, expresaba con un mensaje muy sentido.
La de este año es una Festa Major que llega después de un ascenso especialmente celebrado por el sabadellismo, la referencia al Centre d'Esports tenía, inevitablemente, una carga especial.
Una manera diferente
El pregón fue una celebración, un espectáculo y una declaración de amor a Sabadell. Reivindicó el comercio, mientras bromeaba, habló de memoria mientras saltaba y defendió el orgullo de ciudad mientras cantaba. Así, entre una cuerda, una bandera arlequinada, un himno, recuerdos de infancia y una plaza dispuesta a dejarse sorprender, Germán Ramírez inauguró la Festa Major del 2026.
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