Un año después del regreso de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos, algunos ciudadanos norteamericanos han decidido marcharse del país ante lo que consideran una deriva ultraconservadora y una amenaza directa contra las minorías. Barcelona se ha convertido en uno de los destinos escogidos por personas que buscan seguridad, derechos y estabilidad. “No nos sentíamos seguros viviendo en EE. UU.”, explican a la ACN la Chrys y Benjamin Gorman, una pareja procedente de Oregón que abandonó el país un día antes de que Trump jurara el cargo.
La familia, que forma parte del colectivo LGTBIQ+ y tiene una hija no binaria, tomó la decisión de marcharse de manera acelerada. En solo dos meses después de las elecciones de noviembre de 2024 vendieron la casa, los coches y todas las pertenencias, y cruzaron el Atlántico con cuatro maletas, tres perros y dos gatos. “Ninguno de nosotros, ni nuestra hija, nos sentíamos seguros viviendo en los Estados Unidos durante un segundo mandato de Trump”, asegura la Chrys Gorman.
Según explican, si no hubieran salido antes del 20 de enero de 2025, su hija “no habría podido viajar”. Una de las primeras órdenes ejecutivas del nuevo gobierno invalidó los pasaportes de las personas no binarias y de todas aquellas en las que el género no coincide con el sexo asignado al nacer. “Frankie y yo somos parte de la comunidad LGTBI. Y también las dos somos neurodivergentes”, relata Chrys, que considera que la administración Trump está “abiertamente en contra” de estos colectivos y que serían “los primeros que atacaría”.
Aunque han podido obtener el NIE sin dificultades y aseguran haber sido bien acogidos en España, viven con prudencia. Por miedo a problemas con la documentación, evitan salir del territorio español. Están preocupados porque, al cruzar una frontera, les puedan decir que “el pasaporte no es válido” y los “envíen a Estados Unidos”.
Otro de los testimonios es **Serg**, estadounidense de **origen cubano**, que también ha decidido **establecerse en Barcelona**. En su caso, el regreso de Trump aceleró una decisión que ya hacía tiempo que maduraba, especialmente para **tener una vía de salida para su madre**, inmigrante cubana residente en Miami. "No me sentía inmediatamente en riesgo", admite, pero alerta de que los **ataques contra las personas trans** o la **prohibición de libros LGTBIQ+ en las escuelas** pueden acabar afectando a toda la comunidad gay: "Sabemos hacia dónde pueden derivar los ataques".
Él mismo reconoce que vive con miedo constante. “Cada vez que paso por un aeropuerto pienso que me secuestrarán, que me pondrán en una prisión 48 horas sin comunicación, porque donde no se respetan las leyes no hay leyes”, afirma. También denuncia que muchas consecuencias del segundo mandato de Trump ya son visibles, pero que no siempre se atribuyen a las políticas del presidente. “A mi madre le han recortado los beneficios de Medicare y ella piensa que es culpa de la clínica y no de Donald Trump”, lamenta.
Sentirse libres y respetados en Cataluña
Entre los aspectos que más han sorprendido a Chrys y Benjamin en este primer año en Barcelona está la libertad de expresión. Como autores y editores de historias “claramente antifascistas”, buscaban un lugar donde continuar publicando “sin miedo a la censura ni a las represalias”. Ahora pueden colgar una bandera LGTBI en el balcón sin miedo y valoran positivamente que la gente no vaya armada por la calle. “Vivir en un país donde todo está diseñado para la gente que vive allí y no para cinco multimillonarios es extraño. No me he acostumbrado”, confiesa Chrys.
También destacan la facilidad de moverse a pie, la preparación de la ciudad para las mascotas y la calidad de vida. En Serg asegura que no ha percibido ninguna animosidad, ni siquiera fuera de Barcelona. “Aunque algunas regiones en Cataluña son más conservadoras que la ciudad de Barcelona, no he notado ninguna animosidad”, dice, a pesar de advertir que los discursos de Trump también tienen eco en España. “Espero que esta noción de respeto al individuo para el beneficio de la comunidad se mantenga”.
Un futuro incierto en Estados Unidos
A pesar de sentirse cómodos en Cataluña, los tres entrevistados siguen con preocupación la situación en EE. UU. En Serg admite que le cuesta ver “el estrés y el temor” de sus familiares y amigos. “Se me rompe el corazón”, afirma.
Chrys y Benjamin solo contemplan un regreso si su empresa editorial necesita su presencia física. “Donald Trump no vivirá para siempre”, dice Benjamin, pero advierte que “las consecuencias de este régimen” serán duraderas porque algunos de los daños son “generacionales”. Para él, Trump “no es el problema”, sino “un síntoma de un cáncer muy arraigado”, y alerta de que, si EE. UU. no afronta este debate, “no será un país seguro para vivir”.
En Serg comparte el pesimismo. A pesar de esperar un cambio en las elecciones de medio mandato, cree que Estados Unidos "no tendrá unas elecciones 'justas hasta dentro de al menos dos generaciones'". Con todo, mantiene "un enorme aprecio y gratitud" hacia el país que dio "una oportunidad de libertad" a sus padres cubanos, y precisamente por eso se siente profundamente "triste" por el rumbo actual de EE. UU.
