Motivados por su preocupación ante los problemas de vivienda que sufre Barcelona desde hace años, los emprendedores Miquel Leiva y Doris Österle pusieron en marcha esta primavera 'La Casa de les Cases', una inmobiliaria "ética y social" que rechaza la especulación. Actualmente, buscan propietarios dispuestos a vender o alquilar sus viviendas a un precio "justo" basado en tasaciones cuidadosas que no contribuyan a calentar el mercado ni crear nuevas burbujas. Sin embargo, ellos renuncian a los sueldos a comisión y destinan los beneficios de la agencia, constituida en forma de sociedad limitada, a hacer "proyectos sociales" y financiar diversas ONG de proximidad.
"No queremos especular. Trabajamos con cualquier tipo de cliente que tenga los mismos valores que nosotros. Si quieres vender o alquilar a un precio razonable, de mercado, te ayudamos a hacerlo, pero si quieres especular y venderlo por mucho más de lo que vale, no colaboraremos", destaca Österle en declaraciones a la ACN. Reconoce que ya tienen interesados a quienes les gusta su propuesta basada en precios "justos" que faciliten el acceso a la vivienda de toda la población.
"Realmente hay personas que no quieren especular", reconoce antes de avisar que en Barcelona hay una auténtica "crisis de vivienda" que va más allá de la falta de pisos de protección social. En este sentido, recuerda que hay mucha gente con trabajo y buenos sueldos que no puede pagarse un piso o bien que tiene que destinar más de la mitad de su nómina al alquiler o la hipoteca.
Aunque reconocen que arrancar no les está siendo fácil, la empresa ya dedica algunos de sus recursos a entidades como el Rebost Solidari de Gràcia. En un futuro, no descartan ir más allá y comprar ellos mismos pisos para ponerlos en alquiler social. "La inmobiliaria es una herramienta en sí para generar dinero que después se reinventará en la comunidad", destaca Österle.
Detrás de esta idea innovadora está la experiencia de uno de sus socios, Miquel Leiva, que trabajó durante muchos años en el sector inmobiliario mientras, en paralelo, participaba en manifestaciones a favor del derecho en la vivienda y protestaba contra desahucios. Una situación de paradoja que lo animó a cambiar de trabajo y acabar fundando este nuevo concepto de agencia.
"Hace falta un cambio de mentalidad de la gente. Podemos tener nuestra idea y los mejores deseos, pero si no tenemos gente que quiera vender y alquilar a un precio razonable, este nuevo negocio inmobiliario no sobrevivirá, pero creo que hay suficientes personas que quieren un cambio hacia un mercado mejor", resume Österle, de origen austríaco, pero establecida en Barcelona desde hace más de diez años.
“Tiburones”
Entre los primeros interesados que han contactado con la agencia para vender sus propiedades hay personas como Isabel Guibourg, que contactó con la agencia después de algunas malas experiencias con agencias "tradicionales". "La sensación que tenía es la de estar tratando con el enemigo, la gente que está echando fuera de los barrios a la gente joven y no ve la vivienda como un derecho, sino como una fuente de inversión para hacer más dinero aún. No quería, me sentía fatal", reconoce.
En su caso, vende el piso sin ascensor donde vive con su madre, de edad avanzada y problemas de movilidad, para hacerse con un apartamento más accesible. Al constatar cómo el alza de precios complicaba este paso, se hizo más consciente de los problemas de la vivienda y decidió romper con las inmobiliarias con las que estaba gestionando su venta. "Te da la sensación de que trabajas con gente que especula", lamenta antes de definir como "tiburones" los agentes con los cuales trató.
Vecina del barrio del Coll y la Teixonera, explica también que en su propia familia han visto cómo cada vez cuesta más vivir en barrios como Gràcia. "Mis hijas vivieron toda su vida allí desde que se independizaron, pero tanto ellas como sus amigos han tenido que 'subir la montaña' como digo yo y cambiar de barrio porque los precios de alquiler o venta son imposibles", resume. Con su paso, espera recibir un importe justo por su piso, evitar calentar más el mercado y, de paso, contribuir a solucionar el problema de la vivienda.
