Cada año, la llegada de la Mercè no solo anuncia conciertos, cultura popular, pasacalles, correfocs y actividades en las calles de Barcelona. También trae otra tradición que genera tanta expectación como debate: el cartel oficial de las fiestas. Hay propuestas que entusiasman, otras que sorprenden y algunas que provocan críticas, pero todas tienen un elemento en común: permiten descubrir la mirada de creadores vinculados, de una manera u otra, a Barcelona.
A lo largo de los años, el cartel de la Mercè ha dejado de ser simplemente una imagen promocional para convertirse en una pequeña radiografía de la ciudad. Los artistas han representado a la patrona de Barcelona de maneras muy diferentes: como una mujer de barrio, como una figura abstracta, como una mujer negra y migrante, como una niña durante la pandemia o como un conjunto de generaciones.
2016: Una Mercè diferente
Miguel Gallardo introdujo otra mirada. La protagonista del cartel era una mujer alejada de los cánones de belleza tradicionales. Gallardo quería crear una Mercè con la que la ciudadanía se pudiera identificar y, por ello, se inspiró, en parte, en su hija María para construir sus personajes femeninos. La propuesta representó un cambio importante: la Mercè dejó de ser solo un símbolo y empezó a parecerse más a una persona real.
2017: Una Mercè de barrio
Javier Mariscal dio una nueva vuelta al personaje. Su Mercè era una chica de barrio, con una estética mediterránea y llena de referencias a Barcelona. A su alrededor aparecían elementos como la torre de comunicaciones, la estatua de Colón, los cruceros e incluso el Cobi, la mascota de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992. Mariscal construía así una Mercè urbana, joven y barcelonesa, con elementos del pasado pero también con una mirada hacia el futuro.
2018: Muchas Mercès en una sola ciudad
La propuesta de Sònia Pulido, nacida en Nou Barris, partía de una pregunta sencilla: ¿quién era realmente la Mercè? La respuesta era que no había una sola. El cartel presentaba a varias mujeres que representaban diferentes Mercès, sin una edad ni una apariencia única. Cogidas del brazo y cubiertas por una estructura que recordaba el mundo del circo, las protagonistas transmitían fiesta, diversidad y comunidad. La Mercè pasaba a ser, de esta manera, un reflejo de la ciudadanía que participaba en las fiestas.
2019: Una Mercè negra, migrante y barcelonesa
Maria Corte representó una Mercè negra y migrante, inspirada también en su propia historia familiar. La ciudad aparecía enredada entre sus cabellos. Encontrábamos castellers, músicos, esculturas de Miró y otras referencias a la cultura y al paisaje barceloneses. Entre los elementos del dibujo también aparecía el Open Arms, una referencia que reforzaba el mensaje de una Barcelona abierta a las personas que llegaban de otros lugares. Era un cartel que ampliaba la representación de la patrona y planteaba una pregunta sobre quién formaba parte de la ciudad y de su identidad.
2020: La Mercè en tiempo de pandemia
En 2020 era imposible separar la fiesta del contexto sanitario. Barcelona vivía una Mercè marcada por la Covid-19, sin las grandes aglomeraciones habituales y con actividades distribuidas por diferentes espacios. Reskate Studio, formado por María López y Javier de Riba, se encargó del cartel. La imagen mostraba a una niña con mascarilla observando una langosta. Era una escena aparentemente sencilla pero cargada de significado. La criatura representaba la inocencia después de un período de confinamiento, mientras el animal simbolizaba la naturaleza y una sensación de libertad. El cartel quedó así inevitablemente asociado a uno de los momentos más excepcionales de la historia reciente de la ciudad.
2021: Una Mercè resiliente
La pandemia aún condicionaba las fiestas de 2021. Los actos continuaban teniendo aforos y medidas especiales y era necesario reservar entradas para participar en buena parte de la programación. Malika Favre presentaba una Mercè muy diferente a la del año anterior. Era una figura femenina poderosa que miraba directamente al espectador. El cuerpo y la corona incorporaban diferentes referencias a Barcelona, entre ellas un grupo de personas bailando una sardana. La imagen transmitía fuerza y resistencia, en un momento en que la ciudad intentaba recuperar progresivamente la normalidad.
2022: Tres generaciones de barcelonesas
David de las Heras puso en el centro tres generaciones de mujeres: una abuela, una madre y una niña. Las tres aparecían abrazadas, con la Sagrada Familia al fondo y diferentes elementos vinculados a Barcelona. La imagen jugaba con la idea de transmisión. El pasado, el presente y el futuro de la ciudad convivían en una misma escena. La abuela y la madre miraban hacia el cielo, mientras la niña miraba directamente al espectador. El artista, además, creó diversas variaciones del cartel oficial manteniendo esta misma idea de las tres generaciones.
2023: Recuperación de la memoria de los carteles
El ilustrador y dibujante barcelonés, Chamo San, presentó un cartel en blanco y negro, inspirado en la estética de los fanzines de los años setenta. La composición adoptaba la forma de un castillo humano, una referencia directa a la cultura popular catalana. Pero el cartel escondía muchas más referencias. Aparecían personajes vinculados a la historia cultural de Barcelona, como Teresa Pàmies, Margarita Xirgu y Ramon Casas, y también guiños a carteles de Mercès anteriores, como los de Sònia Pulido o America Sánchez. El resultado funcionaba casi como un juego visual: cuanto más se observaba la ilustración, más referencias aparecían.
2024: La Mercè vista con ojos de niño
La propuesta dio un paso más allá del cartel tradicional. La imagen de las fiestas nacía de un proyecto audiovisual de la productora CANADA, que convertía la Mercè en una historia explicada desde la mirada de un niño. El protagonista era un bebé que lloraba en casa mientras su madre intentaba tranquilizarlo. Todo cambiaba cuando el pequeño descubría por la ventana una gigante que bailaba por las calles de Barcelona. La música, las luces y los fuegos artificiales transformaban la experiencia y hacían que el niño descubriera la fiesta. La propuesta ponía así la mirada infantil en el centro y presentaba la Mercè como una experiencia que se descubría por primera vez. El cartel ya no era solo una ilustración, sino que formaba parte de un proyecto audiovisual más amplio.
2025: Un cartel que se puede tocar
Lluís Danés rompió aún más con la idea convencional del cartel. En lugar de apostar por una ilustración o una composición gráfica tradicional, el artista presentó un carro construido con madera y metal, inspirado en los antiguos teatros ambulantes. El pequeño escenario reunía personajes y referencias a diferentes ámbitos de La Mercè: la música, el circo, la cultura popular, la gastronomía, el deporte y la diversidad de Barcelona. La propuesta recuperaba así el valor de los objetos hechos a mano y convertía el cartel en una pieza física y escenográfica. La Mercè ya no solo se miraba: también se podía imaginar como un espacio lleno de personajes e historias. El proyecto incorporaba, además, otra novedad: La Mercè tenía una canción propia, La Mercè canta, compuesta e interpretada por Gemma Humet con la Banda Municipal de Barcelona, con una propuesta de movimiento de la coreógrafa Ariadna Peya.
2026: Una Barcelona para descubrir con la mirada
Este año, Cinta Vidal presenta una superficie blanca que se transforma en una representación en relieve de Barcelona. Aparecen espacios reconocibles como la catedral, la plaza del Rei y la basílica de La Mercè, junto con los diez distritos de la ciudad y algunos de los lugares que cada septiembre acogen actividades de la fiesta mayor. La composición está pensada para observarse desde diferentes ángulos. Los edificios, las plazas y los espacios naturales —como el mar, el parque de la Ciutadella o el Laberinto de Horta— se conectan en una ciudad que se descubre a través de la mirada.
10 años de cambios constantes
El repaso de los carteles de La Mercè de esta última década muestra mucho más que una evolución artística. A lo largo de estos años, la imagen de la fiesta ha ido cambiando al mismo ritmo que Barcelona y que la manera de entender sus fiestas.
Los carteles han dejado atrás, progresivamente, la representación de una Mercè única y han comenzado a mostrar una fiesta más diversa, más urbana y más vinculada a la ciudadanía. Mujeres de diferentes edades y apariencias, referencias a los barrios, la cultura popular, la inmigración, la memoria de la ciudad o incluso la mirada de un niño han ido construyendo diferentes maneras de entender a la patrona de Barcelona.
Así pues, La Mercè ha dejado de ser solo una imagen colgada en las calles para convertirse en una propuesta artística capaz de explicar una historia.
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