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Valentina Tereshkova, primera mujer en viajar al espacio. Federica Montseny, primera mujer ministra de la historia en el Estado español. Dolors Aleu, primera mujer licenciada en Medicina y ejercer como médica. Arantxa Sánchez Vicario, primera tenista española en llegar al número 1 mundial. Todas ellas han sido pioneras en sus campos y sus nombres han quedado grabados en los libros de historia.
Ahora bien, más allá de los grandes nombres, las calles están llenas de mujeres pioneras que, de manera anónima, han empujado hacia la normalización de la mujer en todos los sectores. Sin ir más lejos, la limpieza viaria y la recogida de residuos es uno de los ejemplos de estos ámbitos de la sociedad que hasta hace muy poco estaban únicamente reservados para los hombres.
En Barcelona, la empresa FOCSA -ahora FCC- no abrió las puertas a las mujeres hasta 1989, cuando se decidió impulsar una prueba piloto. La mayoría de las personas que llegaron en aquel primer grupo eran familiares de los trabajadores de entonces y tuvieron que demostrar que podían desarrollar el trabajo como cualquier otro compañero. Pilar Albarracín y Mari Fe López son de aquellas primeras trabajadoras que llegaron aquel año.
“Al principio te miraban mucho y había algunos comentarios, pero los compañeros siempre nos trataron bien. No me puedo quejar”, explica Mari Fe, que había emigrado de Galicia justo un año antes. “Era una persona muy tímida y reservada. Al principio, me daba vergüenza. Éramos la novedad, pero rápidamente fuimos aceptadas”, recuerda Pilar.
La normalización, sin embargo, no tenía que llegar solo dentro de la empresa. También había que romper barreras entre una ciudadanía que veía por primera vez mujeres en este campo. Paqui López, que entró en 1991, rememora algunas de aquellas reacciones: “Recuerdo que en la parada del autobús un señor me dijo: ‘ay, niña qué pena que tengas que estar haciendo esto’. Señor, ¿qué quiere que haga? Estoy trabajando. En cuanto a los compañeros, más de uno nos dijo que nos habíamos venido a quitarles el puesto. Pero se les pasó rápidamente”.
Integradas en la empresa
Con el paso del tiempo, aquellas primeras mujeres que entraron en FCC empezaron a asumir puestos de mayor responsabilidad y funciones que, solo unos años antes, algunos habrían considerado impensables para ellas. Precisamente, Mari Fe fue una de las primeras en conducir un camión: “En 1991 me saqué el carnet de camión y empecé a llevarlo de día. En 1992 ya empecé de noche. Al principio te miraban raro y, con alguna maniobra, me habían dicho: ‘mujer tenías que ser’. Pero no sufrí acoso”. Tanto Mari Fe como Paqui y Pilar reconocen que, a pesar de algunos episodios puntuales, la experiencia fue siempre positiva.
Otro de los espacios que conquistaron fue el entorno sindical, donde Paqui se convirtió en la primera presidenta del comité de empresa. “Me lo propusieron y dije que sí sin saber dónde me metía. Me sentía un poco fuera de lugar y a la vez super valorada”, remarca.
Paqui recuerda las dificultades que vivieron las primeras trabajadoras embarazadas, en un momento en que la empresa todavía no tenía claro cómo adaptar sus funciones. “Conchi iba con una máquina que pesaba una barbaridad y querían que cogiera la baja, pero no se lo podía permitir. Viqui dijo que ella tampoco la cogía y salía a trabajar como la que más. Mercedes se sacaba leche a las 10 en el lavabo y la llevaba en una neverita al carro”, rememora. Hoy la situación es muy diferente. En el momento en que se comunica el embarazo la trabajadora deja de conducir y, si está en el turno de noche, pasa a trabajar durante el día. “Al cabo de cinco meses ya están de baja. Se las cuida más”.
Escalar como una más
De manera progresiva, la empresa se fue llenando de mujeres, como Carmen Zafra, que llegó en 1997. Ella forma parte de una de esas sagas de trabajadores de FCC, pero en sus primeros meses quiso ocultar quién era su padre para no ser tratada como “la hija de”.
Carmen considera que la incorporación de las mujeres en la empresa ha pasado por varias etapas. La primera, en la que se las veía como alguien que venía a quitar el puesto a los hombres. La segunda, marcada por un exceso de proteccionismo excesivo hacia ellas. “A veces tenías que decir: yo también sé hablar”, recuerda.
Con los años, sin embargo, aquella diferencia se fue diluyendo hasta el punto de sentirse simplemente como una más. “Los sábados nos juntábamos para desayunar y ellos muchas veces hablaban de chicas. Un día les dije: ‘chicos, sabéis que estoy aquí, ¿verdad?’. Y me respondieron: ‘si eres una más de nosotras’. Aquello me gustó. No me veían como una mujer que les había quitado el sitio o a quien debían proteger”, ejemplifica Carmen. Durante su trayectoria en FCC, ha ido asumiendo responsabilidades hasta convertirse en jefa de servicio.
No desfallecer
Aunque la mujer ha dado pasos agigantados en los últimos años, las cuatro reconocen que existe el peligro de retroceder. “Cuando entramos en la empresa teníamos que demostrar que valíamos y, si hacía falta, hacíamos el doble. Ahora lo dan todo por hecho, pero no se dan cuenta de que alguien ha abierto el camino”, avisa Paqui.
“En algunas cosas estamos retrocediendo. A las mujeres que entran les diría que no olviden nunca que siempre ha habido generaciones como mis compañeras que rompieron los moldes. Costó sangre, sudor y muchas lágrimas. La normalidad tiene anteriormente un trabajo”, reivindica Carmen. Por su parte, Mari Fe recalca que “nos tenemos que mentalizar de que podemos con todo y que somos iguales”, mientras que Pilar hace un llamamiento a no empequeñecerse: “Hoy en día tenemos que ir a por todas. Hay muchas mujeres que ahora se sienten inferiores. Hay que ir adelante y tomar una misma las decisiones”.
Quizás su nombre no salga en los libros de historia, pero las cuatro también forman parte de una historia de pioneras. Lo fueron cada vez que subieron a un camión, asumieron una responsabilidad o, simplemente, ocuparon con normalidad un lugar que hasta entonces parecía reservado a los hombres. Hoy, ver a una mujer trabajando en la limpieza viaria ya no sorprende a nadie, pero todas ellas animan a las nuevas generaciones a no dar un paso atrás.