En un contexto internacional marcado por la inestabilidad energética, el Área Metropolitana de Barcelona (AMB) trabaja para extender al conjunto del territorio metropolitano un modelo energético que ya ha demostrado su eficacia en la ciudad de Barcelona: las redes urbanas de calor y frío. El objetivo es acelerar la descarbonización del consumo térmico municipal, reforzar la autosuficiencia energética local y reducir la exposición a la volatilidad de los precios de los combustibles fósiles.
Las redes urbanas de calor y frío de baja temperatura, basadas en energías renovables y en el aprovechamiento del calor residual, constituyen una solución técnica viable y contrastada. Permiten reducir de manera significativa las emisiones asociadas a la calefacción y el agua caliente sanitaria, integrar recursos energéticos locales, mejorar la eficiencia del sistema mediante la agregación de consumos y reforzar la resiliencia energética del territorio. Son infraestructuras de planificación municipal y escala metropolitana, que pueden ser compartidas entre municipios y ampliarse progresivamente como estrategias energéticas metropolitanas.
Estas redes de baja temperatura funcionan con temperaturas de suministro más bajas que las redes convencionales, habitualmente entre 40 °C y 70 °C para calefacción. En el caso del frío, se puede aprovechar directamente la temperatura del agua de red o del agua freática, que posteriormente se ajusta mediante los sistemas de climatización de los edificios. Este modelo forma parte de la evolución de las redes urbanas hacia sistemas más eficientes, ya que permite reducir las pérdidas térmicas en la distribución, mejorar el rendimiento energético de la producción y facilitar la integración de fuentes renovables y de calor residual.
Esta iniciativa coincide con un contexto normativo y financiero favorable. Las directivas europeas de eficiencia energética y energías renovables promueven activamente estas infraestructuras, mientras que el Estado está desarrollando un real decreto específico sobre redes de calor y frío. Paralelamente, programas como el de incentivos para proyectos de redes de calor y frío con energías renovables del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) facilitan su financiación.
La actuación del AMB se desarrolla en el marco del proyecto europeo IncentEU, financiado por el programa LIFE Clean Energy Transition, con una duración de 30 meses (de septiembre de 2025 hasta marzo de 2028) y un presupuesto de 1,84 millones de euros, cofinanciado al 95 % por la Unión Europea.
Este proyecto europeo está liderado por la ingeniería Aiguasol, con el apoyo científico del Instituto de Investigación en Energía de Cataluña (IREC) y cuenta con la participación del AMB, que aporta emplazamientos del territorio metropolitano para que sean evaluados. El mismo modelo de colaboración se reproduce en Francia con Egis y la Eurometrópolis de Estrasburgo, y en Estonia con Energy Mentor y la entidad supramunicipal del área metropolitana de Tallin.
Actualmente, el AMB está trabajando en la identificación de 20 emplazamientos potenciales que combinan una elevada demanda térmica —como edificios públicos de gran consumo o nuevos desarrollos urbanísticos— con fuentes de calor residual provenientes de industrias intensivas en energía, plantas de tratamiento de residuos con producción de biogás o depuradoras de aguas residuales. A partir de este análisis se elaborarán estudios de viabilidad y planes de inversión que permitirán disponer de proyectos lo suficientemente maduros, preparados para captar financiación y avanzar en el cumplimiento de la nueva regulación.
Con IncentEU, el territorio metropolitano da un paso adelante para extender la experiencia de las redes de Districlima y Ecoenergies y la nueva red de la Sagrera de Barcelona al ámbito metropolitano, y para consolidar las redes de calor y frío como pieza estructural de la transición energética local.
