Granollers se ha despertado este lunes preparada para vivir una de las jornadas deportivas más importantes de su historia reciente. La salida de la tercera etapa del Tour de Francia ha llenado las calles del centro de vecinos, familias y aficionados llegados de diferentes puntos de Cataluña y del Estado, muchos de los cuales han ocupado los mejores lugares desde primera hora para no perder detalle del paso de los corredores.
En la calle Anselm Clavé, uno de los puntos más concurridos del recorrido, Conxita Gaja esperaba ataviada con el pañuelo amarillo distribuido por el Ayuntamiento y con la sensación de estar viviendo una jornada irrepetible. A pocos metros, Araceli, llegada desde el barrio de La Torreta con su familia, confiaba en que el paso del Tour sirviera también para dar más proyección a la ciudad. “Esperamos que traiga turistas y dé visibilidad a Granollers”, explicaba.
Aficionados llegados de todas partes
La ciudad ha empezado a llenarse a partir de las nueve de la mañana, cuando los primeros seguidores ya buscaban un buen lugar detrás de las vallas. Algunos, como Ismael, han querido combinar la salida con otros puntos del recorrido. Después de ver a los corredores con sus hijos, tenía previsto desplazarse en bicicleta hasta Sant Feliu de Codines para volver a ver al gran grupo.
Muchos visitantes han llegado a través de los autobuses lanzadera habilitados entre el Circuit de Catalunya y el centro. Entre ellos se encontraba José Miguel López, venido desde Valencia con la familia para seguir las tres etapas catalanas del Tour y aprovechar el viaje para hacer turismo.
También se han desplazado aficionados de Sabadell, Sant Hipòlit de Voltregà o Santa Eulàlia de Riuprimer, algunos vestidos completamente de amarillo. Rosa Pou, que ha vivido numerosas etapas del Tour y la Vuelta porque su hijo había sido ciclista profesional, esperaba disfrutar de una jornada muy especial.
El comercio confía en el impacto de la carrera
El paso del Tour ha alterado completamente la rutina habitual de Granollers. Los cortes de calles y las recomendaciones de teletrabajo han reducido el movimiento durante las primeras horas del día, pero comerciantes y restauradores confiaban en que la situación cambiara a medida que se acercara la salida.
En la Fonda Europa, el jefe de sala, Eduard Montaners, explicaba que habían tenido algunas dificultades logísticas, como la llegada de la repostería, y que no habían podido instalar la terraza. Aun así, confiaban en llenar durante la hora de comer con el público que se quedara en el centro después de la carrera.
Caravana, village y mucho calor
El ambiente ciclista se ha concentrado también en la zona del village, donde desde primera hora familias enteras han ocupado las vallas más cercanas a la salida mientras otros aficionados buscaban recuerdos y productos de colección en la tienda oficial.
Uno de los momentos más celebrados ha sido el paso de la caravana publicitaria, que ha animado las calles con música y el reparto de regalos. Todo ello, en una jornada marcada también por el calor, con temperaturas alrededor de los 31 grados que han obligado a los asistentes a buscar sombra y puntos de hidratación.
Los voluntarios han tenido un papel clave para regular el paso de peatones y vehículos. Ricard, destinado en la calle Anselm Clavé, ayudaba a la Policía Local a gestionar los accesos y explicaba que se había apuntado con mucha ilusión.
Granollers ha vivido así una jornada excepcional, con la ciudad convertida durante unas horas en uno de los grandes epicentros mundiales del ciclismo.