Granollers ya respira ambiente de Tour de Francia. A pocos días de acoger la salida de la tercera etapa de la ronda francesa, la ciudad se ha engalanado para una cita histórica que tendrá lugar el lunes 6 de julio. La calle Anselm Clavé, antigua carretera N-152 entre Barcelona y Vic, se ha teñido de amarillo para convertirse simbólicamente en unos Campos Elíseos "granollerizados", por donde pasarán los ciclistas durante la salida neutralizada antes de afrontar los 195 kilómetros hasta Les Angles.
La alcaldesa de Granollers, Alba Barnusell, ha destacado el vínculo histórico entre la ciudad y el ciclismo. "Granollers y el ciclismo es un tándem de hace muchos años y diferentes carreras han pasado por esta carretera de Barcelona a Vic, por donde veremos pasar a todos los ciclistas del Tour de Francia", ha reivindicado.
Barnusell también ha asegurado que la ciudad está "preparada" para afrontar este reto y vivir el Tour "desde la cultura, desde el deporte y desde el comercio".
Cinco días de actividades para vivir el Tour
Los actos previos se alargarán durante cinco días y tendrán como epicentro L'Espai Tour, un village que se instalará en la plaza Barangé entre sábado y lunes. El espacio ofrecerá música en directo, tiendas, una exposición de bicicletas y una pantalla gigante para seguir las tres etapas del Grand Départ, con el objetivo de alargar la fiesta más allá del paso del pelotón por la ciudad.
Una exposición reivindica la tradición ciclista de la ciudad
El Museu de Granollers también se ha sumado a la celebración con la exposición La ciutat de les curses. Granollers i el Tour, una muestra que repasa la larga relación del municipio con el ciclismo.
El co-comisario de la exposición y arqueólogo del Museu de Granollers, Marc Guàrdia, ha subrayado que la llegada del Tour "no es un hecho puntual". Según explica, la vinculación de la ciudad con este deporte "arranca con las bicicletas más antiguas", recordando la existencia de una importante afición ciclista, así como de las primeras tiendas de bicicletas y talleres de reparación, a los que la muestra también rinde homenaje.
Uno de los principales atractivos de la exposición es la colección de bicicletas antiguas de la iniciativa Ferros amb rodes, dedicada a la recuperación y restauración de modelos centenarios y a la conservación de sus componentes originales.
Entre las piezas más destacadas hay una boneshaker de 1868, una gran bi Clément de 1886, una Gladiator de 1898 y una Simplex de 1905, que conserva elementos singulares como el manillar, las llantas y los guardabarros de madera, así como un sistema de freno a contrapedal.
