La emergencia habitacional se ha convertido en uno de los principales retos sociales en Barcelona. Los precios del alquiler superan la capacidad económica de buena parte de la población, especialmente en barrios como la Vila de Gràcia, donde prácticamente no quedan espacios libres para construir.
La presión sobre el mercado de alquiler ha provocado desplazamientos de familias, migraciones internas y un aumento del malestar social entre vecinos que ven cómo su entorno se transforma por la masificación turística. En este contexto, la no renovación de licencias abre la puerta a recuperar viviendas ya existentes para uso residencial y a ampliar el parque disponible en barrios con poco margen para construir, como Gràcia.
Poca capacidad de crecimiento
Gràcia es uno de los distritos con más carácter propio de Barcelona, con calles estrechas, plazas con vida de barrio y una arquitectura tradicional que ha hecho de su centro uno de los más cotizados. Sin embargo, esta consolidación urbana tiene un precio: casi no quedan solares libres donde construir nuevos edificios, y las oportunidades de incremento del parque residencial son limitadas
En barrios como Vallcarca, la presencia de solares vacíos permite plantear la construcción de nuevos edificios con reserva de suelo público. Pero en la Vila de Gràcia este camino es inviable: la única manera de generar vivienda es recuperar pisos turísticos y devolverlos al mercado residencial.
Giro legislativo
Las leyes de vivienda aprobadas tanto en el Congreso como en el Parlament de Cataluña abren la puerta a no renovar las licencias de los pisos turísticos en zonas declaradas de mercado tensionado. Además, establecen que estas viviendas, una vez recuperadas para uso residencial, queden sometidas a un tope en el precio del alquiler
En Gràcia, la aplicación combinada de la legislación estatal, un decreto de la Generalitat y la nueva ley de regulación de los alquileres de temporada podría permitir la incorporación de 1.100 viviendas al parque residencial el año 2028. De estas, 800 se concentrarían en el barrio de la Vila de Gràcia, el núcleo más denso y con menos margen de crecimiento.
La concejala del distrito, Laia Bonet, ha explicado durante uno de los últimos consejos de barrio que “el objetivo del gobierno municipal no es solo reducir el número de alojamientos turísticos, sino llegar a una cifra cero”. Asimismo, el decreto fija noviembre de 2028 como fecha de caducidad de todas las licencias actualmente vigentes. Bonet destaca que “recuperar estos pisos es clave no solo para aumentar la oferta, sino también para equilibrar el barrio y hacerlo más habitable para las familias y residentes que viven allí todo el año”.
¿Cómo afectan en el mercado?
Los pisos turísticos han tenido un efecto directo sobre el precio del alquiler en Gràcia. La experiencia de los últimos años ha demostrado que, una vez regulado el alquiler convencional, muchos propietarios optaron por reconvertir sus viviendas en alojamientos de corta duración, que hasta ahora no tenían límites de precio. Esto incrementó la presión sobre los pisos de alquiler para residentes, haciendo que muchas familias tuvieran que marcharse a otros barrios o a la periferia de la ciudad
Estas nuevas leyes aprobadas ponen fin a esta brecha legal: los contratos temporales no podrán superar el tope establecido y, en el caso del alquiler por habitaciones, la suma total tampoco podrá exceder el precio máximo del piso. Esto garantiza que las viviendas que retornen al mercado residencial no escapen a la regulación y contribuyan realmente a reducir la presión sobre los precios.
Vecinos entre la esperanza y la frustración
Los vecinos celebran que la aplicación de la normativa pueda aliviar la presión sobre los alquileres, aunque algunos continúan preocupados por la disponibilidad real de vivienda asequible. Ton Barrera, vecino de la Vila de Gràcia, explica que él mismo tuvo que trasladarse al barrio de Sants hace dos años porque no podía pagar el alquiler. “Con lo que pedían aquí, no había manera de seguir viviendo en mi barrio. Cualquier oportunidad que permita que más pisos se destinen de nuevo a residentes es una buena noticia, pero es necesario que los precios sean asumibles.”
Otros vecinos denuncian que los pisos turísticos dificultan el acceso a alquileres convencionales. La Júlia Muntaner, madre soltera y residente del barrio, afirma: “Llevamos meses buscando un piso y no encontramos nada, todo está ocupado por pisos turísticos. Que recuperen estas viviendas será clave.”
Para otros, la problemática va más allá del precio. Pere Soler, vecino y comerciante, destaca: “Cuando un barrio se convierte casi solo en un espacio turístico, pierdes la vida de comunidad. Los vecinos desaparecen, los comercios de proximidad sufren, y las plazas y calles pierden su función social. Recuperar pisos residenciales no solo ayuda a las familias, sino que también da vida al barrio.”
El gran impacto social y económico
Los expertos coinciden en que la recuperación de pisos turísticos puede tener un impacto social y económico importante. Según el economista municipal Jordi Llorens, “en Gràcia, un gran porcentaje del parque residencial está ocupado por pisos turísticos. Si estas viviendas vuelven al mercado convencional, es probable que los precios se moderen y que más personas puedan acceder a un alquiler asequible. No será una solución mágica, pero es un paso importante.”
Además, el incremento del parque residencial puede tener un efecto positivo en el comercio local. “Cuando hay más residentes todo el año, el consumo en los comercios de proximidad aumenta. Esto ayuda a consolidar la economía local y evita que las calles se conviertan solo en zonas de ocio turístico”, señala Llorens.
Entre los retos y las limitaciones
A pesar del optimismo, la recuperación de pisos turísticos no está exenta de retos. En primer lugar, no todas las viviendas recuperadas serán asequibles: muchos propietarios podrán optar por venderlas a precios elevados o alquilarlas con topes que, a pesar de ser regulados, pueden superar la capacidad de muchas familias
En segundo lugar, está la cuestión de la vigilancia y el cumplimiento de la normativa. En este sentido, el éxito de la medida dependerá mucho de la capacidad de la administración de hacer cumplir la ley.
Una oportunidad
A pesar de las limitaciones, la medida representa una oportunidad histórica para el barrio. La combinación de regulación de los precios y recuperación de los pisos turísticos podría transformar sustancialmente el mercado residencial de Gràcia. La previsión de recuperar más de 1.000 viviendas en 2028, con una mayor concentración en el casco antiguo, es un paso hacia la reducción de la presión sobre los alquileres y la mejora de la calidad de vida de los residentes. En este sentido, la concejala Bonet, explica que “cada piso recuperado es una oportunidad para dar respuesta a una emergencia que ha crecido durante años.”
Las voces del barrio
Para los vecinos, recuperar pisos no es solo una cuestión de precio, sino también de vida comunitaria. Maria Riera, profesora y residente de Gràcia, explica: “Cuando los pisos se dedican solo a turismo, el barrio cambia. Los niños no tienen amigos con quien jugar, los vecinos se conocen menos y los servicios desaparecen. Recuperar estas viviendas significa volver a tener un barrio con vida.”
Otros vecinos, como Antonio, que lleva más de quince años viviendo en Gràcia, añaden: “Hay quien piensa que solo es un tema económico, pero es mucho más que eso. Se trata de poder vivir en un lugar donde no tengas que trasladarte cada pocos años porque no puedes pagar el alquiler.”
¿Y después qué?
La aplicación de la normativa marcará los próximos años en el barrio de Gràcia. Si todo funciona según las previsiones, el distrito podría recuperar un porcentaje significativo de pisos turísticos e incrementar el parque residencial sin necesidad de construir nuevos edificios, cosa casi imposible en zonas tan consolidadas.
Además, la combinación de viviendas recuperadas y alquiler regulado podría servir de modelo para otros barrios de Barcelona con problemas similares, como el Raval o el Gótico, donde la masificación turística ha impactado de manera similar en la vida de los vecinos
Así pues, el fin de los pisos turísticos en Gràcia supone una oportunidad para recuperar el equilibrio entre residentes y turismo, para reducir la presión sobre los precios del alquiler y para volver a dar vida a las calles y plazas del barrio. Es una medida que combina política pública, regulación legal y presión social, y que, si se aplica correctamente, podría mejorar la calidad de vida de miles de vecinos
