Ayer se presentaba en el Museu d'Art de Cerdanyola del Vallès la nueva exposición de la Sala Smith con la rotación de los dibujos y grabados y las cuatro esculturas depositadas por el Museu Nacional d’Art de Catalunya, que completan este espacio único para la difusión de la figura de Smith.
El acto de presentación contó con la presencia del alcalde Carlos Cordón, del concejal de Cultura, Oscar Pons, del director del Museu Nacional d’Art de Catalunya, Pepe Sierra, y del conservador de Arte Moderno del MNAC, Eduard Vallès, que han destacado la perspectiva social del museo, así como la importancia de las cuatro esculturas depositadas de manera permanente.
En 2009 se inauguraba el Museu d'Art de Cerdanyola, con la única sala que existe sobre el artista, donde se pueden ver esculturas, dibujos, grabados, cerámicas, joyas, diseños y abundante documentación. Y en 2017, el Museu Nacional d'Art de Catalunya realizó la gran retrospectiva Ismael Smith, la belleza y los monstruos, que consagraría y recuperaría a Smith como un imprescindible del arte catalán de principios del siglo XX.
Smith ha sido reivindicado por escritores como Josep Palau i Fabre y recuperado por investigadores e instituciones. Al margen de su indiscutible calidad plástica y el arrebato creativo, y desde una visión social del arte, se ha convertido en uno de los artistas históricos más contemporáneos. Su obra, desde una libertad absoluta, nos permite abordar conceptos actuales como la perspectiva de géneros e identidades.
Coincidiendo con el 50 aniversario de la muerte del artista, el Museu d’Art de Cerdanyola, como miembro de la Xarxa de Museus d’Art de Catalunya, recibe el depósito permanente de cuatro piezas de Smith de gran relevancia procedentes del fondo del Museu Nacional para entender la complejidad del personaje y del artista.
Con esta excepcional incorporación, la Sala Smith del Museu d’Art de Cerdanyola complementa una colección muy rica, la segunda más completa del artista después de la del Museu Nacional, y se convierte en un referente para el disfrute y el estudio de su figura. Con este depósito, el Museu Nacional cumple con una de sus misiones, que consiste en trabajar acompañado de los diversos museos catalanes, en este caso a través de un depósito relevante en un museo que ha trabajado como ningún otro por la figura de Ismael Smith.
Este depósito se incorpora junto con la nueva presentación de 21 dibujos y 7 grabados de Smith que el MAC conserva en su fondo y que muchos de ellos se presentan por primera vez para mostrar tres etapas en la vida del artista: Barcelona (y Cerdanyola), París y Nueva York. Además, una vitrina nos abre una ventana a una documentación inédita, con fotografía, escritos del artista, publicaciones. También se pueden ver 2 porcelanas y 2 joyas del polifacético creador.
La nueva sala mantiene el espíritu de reivindicar a otros artistas del círculo de Smith, y que compartieron una fortuna crítica similar: Laura Albéniz, Ana Maria Smith, Marià Andreu y Néstor Martín de la Torre, a la vez que establece vínculos con la actualidad a partir del diálogo con una obra contemporánea, unos Mirajes Contemporáneos que irán rotando y que se estrenan con una pieza de Nazario.
Ismael Smith
El 1 de noviembre de 1972 moría, después de años de reclusión en el sanatorio psiquiátrico de White Plains (NY) uno de los artistas más singulares de principios de siglo XX, el último y más auténtico dandi catalán. Ismael Smith irrumpió en el panorama artístico barcelonés en pleno auge del Modernismo y pronto, por su espíritu rebelde y su visión moderna, crítica e irónica, fue incorporado por Eugeni d’Ors al Olimpo del Novecentismo.
Formado con algunos de los creadores más importantes de la generación anterior, pronto destacó y se convirtió en un imprescindible de exposiciones, publicaciones satíricas y encargos. Pero precisamente, aquellos rasgos que lo habían singularizado (la visión ambigua e irónica, el erotismo, la modernidad, la deconstrucción de identidades, o el cuestionamiento social y de géneros) lo convirtieron en un personaje incómodo, y la élite política y cultural que lo había coronado, lo dejó caer.
Smith inició un periplo con estancias en París, Londres, Madrid y Sevilla que lo alejaron del todo del nuevo modelo clasicista y de orden que el Novecentismo estaba imponiendo para la nueva Cataluña. La familia Smith se instaló en Nueva York y, poco a poco, fue condenado al olvido bajo el triple estigma de la homosexualidad, el ascendente judío y el diagnóstico del trastorno mental.