El 16% de las personas en edad laboral que atendió Cáritas Diocesana de Barcelona en 2016 eran trabajadores pobres, es decir, tenían trabajo, pero los ingresos percibidos no les permitían llegar a fin de mes. En la presentación de la memoria de 2016, la entidad ha alertado este miércoles del aumento de la precariedad como falsa vía para superar la crisis. "La posibilidad de salir de la pobreza con el trabajo está quedando laminada", ha afirmado el director de Cáritas, Salvador Busquets. La entidad atendió a 22.435 personas en 2016, un 6% menos respecto a 2015, pero en cambio los servicios prestados aumentaron un 4,2%, con un total 48.978; unos datos que reflejan una mayor intensidad y gravedad de la pobreza. Además, en los primeros cinco meses de 2017, las personas atendidas han aumentado un 6% respecto al mismo periodo del año pasado y ya son unas 16.000. En esta primera parte del año, también ha incrementado el número de personas que huyen de países en conflicto y sobre todo provienen de Honduras y El Salvador. En 2016, 1.310 personas atendidas huían de la guerra o de la violencia.
El número de personas atendidas por Cáritas Diocesana de Barcelona ha aumentado un 130% durante los años de la crisis; en 2007 habían sido 9.692 personas las que acudieron a la entidad, mientras que el año pasado, fueron 22.435. Los servicios de la entidad han incrementado un 274% de 2007 a 2016. La intensificación de la precariedad laboral es un problema que se enquista y el trabajador pobre es uno de los perfiles de las personas atendidas. En 2016, el 77% de las personas en edad laboral no tenía trabajo, mientras que el 16% sí trabajaba (con un ligero aumento respecto a 2015; el 3% eran pensionistas y el 4% se encontraba en otras situaciones. "Trabajadores pobres, baja protección con los parados y alta temporalidad en los trabajos: Estamos pidiendo no sólo a las generaciones actuales, sino a nuestros jóvenes, que construyan su vida sobre unas bases muy inestables", ha avisado Busquets, que también ha alertado de que las dificultades para acceder a un trabajo digno tienen consecuencias en diferentes ámbitos, como en la familia, la emancipación, el proyecto de vida o la salud. En este sentido, ha reivindicado el "profundo valor terapéutico" del trabajo. "El trabajo cura", ha dicho. Más del 45% de las personas atendidas no tenían un hogar digno Otra dato alarmante de la memoria de 2016 es que el 45% de las personas atendidas el año pasado no tenían un hogar digno. De éstas, concretamente, el 23% vivían de realquiler; el 8%, en una entidad social; el 6%, en acogida; el 5% eran personas sin techo y el 3% ocupaban una vivienda. Del resto de personas atendidas, el 40% vivían de alquiler y el 15%, en propiedad. Los responsables de Cáritas han puntualizado que, si bien consideran en teoría que estos dos grupos tienen un hogar digno, también se debería mirar la situación en que se encuentran estas viviendas. El informe recoge que el 66% de las personas atendidas en 2016 ya lo habían sido en años anteriores y a un 31% de éstas, hacía más de cinco años; unos datos que muestran la cronificación de la pobreza. En cuanto al tipo de convivencia de los hogares atendidos en 2016, el 38% eran personas solas; el 47%, familias con niños; el 6%, parejas sin hijos y el 9%, parientes que vivían juntos. El 31% de los hogares con familias con niños estaban a cargo de madres solas. Cáritas identificó un nuevo perfil de personas atendidas en 2016, provenientes mayoritariamente de Honduras, Venezuela y El Salvador. Así, por ejemplo, si en 2015 la entidad había recibido muy pocos casos de personas hondureñas, en 2016, fueron centenares. El 45% de las personas que acudieron a la entidad en 2016 eran del estado español; el 25%, de países americanos; el 15%, del Magreb y el 5%, de países africanos, de asiáticos y del resto de Europa. Se consolida el perfil de personas atendidas que huyen de la guerra y la violencia En los primeros meses de 2017, se ha consolidado este nuevo perfil de personas atendidas, con un aumento de las personas que vienen de Honduras, El Salvador, Venezuela, Perú y Colombia. En los cinco primeros meses de este año, han aumentado un 43% el número de personas sin autorización de residencia respecto al mismo periodo del año pasado y un 19% el número de personas solas. También ha incrementado un 22% las personas que viven de realquiler y el 30% las que no tienen vivienda en los cinco primeros meses de 2017. Además, ha aumentado un 23% el número de personas que trabajan en economía sumergida y un 16% las que reciben ayudas económicas, sobre todo por alimentos. Un hilo de esperanza para salir del laberinto Ante estos datos de vulnerabilidad y precariedad social, el diagnóstico de Cáritas de Barcelona no puede ser optimista, a pesar de que los datos macroeconómicos indiquen la salida de la crisis. "Estamos adentrados en una profunda crisis social. Las políticas económicas no han cuidado al colectivo que más lo necesitaba y la crisis ha tenido un coste desigual entre la población", ha afirmado el director de la entidad. La nueva campaña de Cáritas de Barcelona, 'Atrapados en la precariedad', se centra en tres personas atendidas que muestran diferentes rostros de la vulnerabilidad: un hombre que ha perdido el trabajo y sólo accede a trabajos muy precarios; una madre sola y una persona que proviene de otro país. La campaña tiene dos elementos gráficos conductores: un laberinto y una cinta roja, que quiere representar el hilo de esperanza que ofrece la organización. En 2016, la entidad destinó más 4,3 millones de euros (MEUR) en ayudas a las necesidades básicas: el Servicio de Ayudas Económicas destinó más de 2,5 MEUR (ayudas en metálico); se distribuyeron más de 1,2 MEUR en alimentos en especie y comedores y más de 500.000 euros a través del Programa Caixa Proinfancia de 'La Caixa'. Las ayudas económicas han aumentado un 258% durante los años de la crisis y de los 718.063 euros de 2007 se ha pasado los 2.571.919 del año pasado. 1.114 personas encontraron trabajo gracias al programa de Formación e Inserción Sociolaboral y se evitó que 3.355 personas quedaran en la calle a través de ayudas económicas, mediación, pisos compartidos y unifamiliares y centros residenciales. Son algunos datos que reflejan, también, este hilo de esperanza.
El director de Cáritas avisa a las administraciones que no podrán combatir solas la pobreza Preguntado por si las administraciones están haciendo lo suficiente para combatir la pobreza, Busquets ha respondido que "por supuesto no se está haciendo aquello que se necesita". Concretamente se le ha pedido por el balance del pleno monográfico de emergencia social, que se celebró en marzo de 2016, con la comparecencia del presidente, Carles Puigdemont, en el Parlamento. El director de Cáritas ha avisado de que las administraciones local, catalana y estatal no podrán revertir "de ningún modo" solas los problemas estructurales, como la falta de vivienda o de ingresos de personas y familias, y ha afirmado que la "responsabilidad es compartida". En este sentido, ha cuestionado la capacidad de entendimiento entre administraciones con estas palabras: "Dejo a su consideración la capacidad de acuerdo que hay entre las tres administraciones para dar una respuesta a este problema estructural". Busquets ha instado a las administraciones a ampliar el parque de vivienda de alquiler social público, a promover un trabajo digno que garantice derechos y sea fuente de realización personal y a proteger a las personas migradas y refugiadas con políticas internacionales. También ha pedido al Gobierno que cumpla el calendario del despliegue de la Renta Garantizada de Ciudadanía (RGC) y que la cumpla a aplicar a partir de septiembre. El arzobispo de Barcelona y presidente de Cáritas, Joan Josep Omella, ha señalado que la "melodía de fondo" que suena en los datos presentados en la memoria es que la sociedad debe dar un paso más en la solidaridad. La memoria de 2016 se ha presentado, como ya es tradición, con motivo del día de Corpus Christi. Han acompañado al director de la entidad y al arzobispo de Barcelona, la adjunta a la Acción Social, Mercè Darnell, que ha detallado los datos de la actividad del año pasado, y el delegado episcopal, Ramon Bacardit.
