Barcelona pierde otro comercio histórico. La sastrería Aramis, fundada en el año 1969 por Mario Framis De La Valette en el número 103 de la Rambla de Catalunya, ha bajado definitivamente la persiana después de más de medio siglo de actividad. El establecimiento, especializado en trajes a medida y elegancia clásica, había sido un referente de la sastrería de calidad en la ciudad.
El cierre llega por una suma de factores que se han hecho habituales en muchos negocios emblemáticos de Barcelona: el encarecimiento del alquiler, la edad avanzada del propietario y la falta de relevo generacional. Según fuentes del sector, el local se someterá ahora a una remodelación y podría ser ampliado.
Una sastrería vinculada a la Barcelona más clásica
Aramis no era una tienda más. Durante décadas vistió a una clientela fiel formada por miembros de la alta burguesía barcelonesa y personalidades del mundo de las artes, el cine y el teatro. También llegó a confeccionar trajes a medida para el rey Juan Carlos I, como proveedora oficial de la Casa Real.
El establecimiento representaba una manera de entender el comercio y la moda masculina que ha ido perdiendo peso con el paso de los años. La sastrería a medida, el trato personalizado y la fidelidad de la clientela local han ido cediendo terreno ante nuevos hábitos de consumo y una ciudad cada vez más condicionada por el turismo y la rentabilidad de los grandes ejes comerciales.
Alquileres, jubilación y un mercado que ha cambiado
Desde el entorno de la sastrería reconocen que la despedida está marcada por la tristeza. El propietario supera los 80 años y el precio del alquiler ha ido subiendo en una zona especialmente tensionada de Barcelona.
Sin embargo, algunos expertos apuntan a que el encarecimiento del alquiler no es la única explicación. El consejero y experto en retail y moda Luis Lara ha señalado que el mercado ha cambiado de manera acelerada y que Aramis no se ha sabido adaptar a este nuevo escenario. Según Lara, el comercio se ha ido quedando sin clientes locales, mientras que el turismo no acostumbra a consumir este tipo de producto, como trajes a medida o camisas de alta gama.
Para el experto, el cierre de Aramis forma parte de una decadencia comercial que en Barcelona se empezó a hacer evidente con la desaparición de referentes como Vinçon y que ha continuado con la pérdida de otras tiendas históricas.
Otro símbolo que desaparece
El caso de Aramis se suma a una lista cada vez más larga de negocios históricos que han cerrado los últimos años en Barcelona. La presión turística, la escalada de los precios, la falta de relevo y los cambios en los hábitos de consumo han acelerado la desaparición de establecimientos que habían formado parte de la identidad comercial de la ciudad.
Entre las grandes multimarca de moda que habían marcado una época en Barcelona, hoy quedan pocas referencias. Bel y Cía y Santa Eulalia, ambas en el paseo de Gracia, resisten en un contexto cada vez más complicado para el comercio tradicional.
Una pérdida que va más allá de una tienda
El cierre de Aramis no es solo el final de una sastrería. También es un nuevo aviso sobre la transformación del modelo comercial de Barcelona. En los últimos meses han bajado la persiana establecimientos como la papelería Conesa, la perfumería Regia, la ebanistería Casa Jornet, la Antigua Casa Sala o la Casa de les Sabatilles.
El goteo afecta a varios barrios, pero es especialmente visible en Gràcia, donde desde principios de 2026 han cerrado negocios como el horno Santa Clara, la ferretería Camps y calzados Conesa, este último con una historia que se remontaba a 1880.
El año 2025 también dejó cierres significativos, como la papelería Lesseps, la librería Ona de Gran de Gràcia o Lledó Mas, la tienda de alfombras y textiles de plaza Urquinaona fundada en 1907.
El debate sobre los alquileres comerciales
El cierre de Aramis llega mientras el Ayuntamiento de Barcelona y la Generalitat estudian el marco competencial para poder limitar el precio de los alquileres comerciales. Mientras tanto, entre muchos comerciantes se extiende la sensación de pérdida de identidad y arraigo en una ciudad que ve desaparecer algunos de sus símbolos más reconocibles.
Barcelona ha sido escogida Capital Europea del Comercio de Proximidad 2026, un reconocimiento que contrasta con el cierre continuado de negocios históricos y emblemáticos. La despedida de Aramis, después de 57 años en la rambla de Catalunya, es el último ejemplo de una transformación que continúa avanzando en el corazón comercial de la ciudad.
