ENTREVISTA A: Àngels Ponsa i Roca, consejera de cultura de la Generalitat

08 de febrero de 2021 a las 14:32h
Ha estado 150 días al frente de la consejería de Cultura, después del relevo que el president Torra efectuó a principios de septiembre, sustituyendo a Mariàngela Vilallonga. Con todo, Àngels Polsa ya conocía el terreno porque era, hasta entonces, directora general de Creación, Acción Territorial y Bibliotecas. Esto le ha permitido seguir con las líneas trazadas de las antecesoras Vilallonga y Laura Borràs. A pesar de la situación compleja de relevos constantes, la actual consejera asegura que dejará todas las carpetas bien preparadas para la persona que la suceda al frente de Cultura y que, desde la consejería de Cultura, se trabaja también como si tuvieran que seguir, con la vista puesta en Sant Jordi y con el ciclo de actividades culturales del verano para iniciar la nueva realidad cultural.

¿Qué se puede hacer en 150 días al frente de una consejería, hay margen de trabajo? Sí, rotundamente. La gran suerte es que la mayoría del equipo ya estábamos aquí. Teníamos perfectamente diagnosticado dónde teníamos las debilidades. Estábamos en medio de la pandemia, ya sabíamos dónde teníamos que actuar. Hemos dedicado todas nuestras fuerzas, estando muy cerca del sector. Yo creo que es la clave, trabajar conjuntamente. No hemos hecho nada sin escuchar al sector. Yo creo que hemos trabajado, aunque hay mucha de esta que no se ve porque la pandemia nos arrastra. En el momento en el que las autoridades sanitarias te piden que tienes que cerrar una parte de la cultura, ya no depende del trabajo que hagas. Tienes que hacerlo para recuperarla, para que no caiga, para calzarla bien.

Desde 2016 ha habido 5 consejeros de cultura, ¿esto tiene inconvenientes? Yo he tenido la suerte de trabajar con casi todos ellos. Con el conseller Mascarell, yo era la portavoz de cultura en el Parlamento, en la comisión de cultura. Teníamos mucha vinculación y trabajábamos muy conjuntamente. Con Lluís Puig, ya habíamos trabajado antes. Con Laura Borràs también, que me nombró directora general. Hemos trabajado con todos ellos muy bien. Creo que hemos podido coger lo bueno y mejor de cada etapa. El equipo tiene bastante continuidad, da sentido al trabajo y ayuda a la detección de problemas. No está bien que haya tantos cambios porque el sector se resiente pero, dentro de la anomalía, hemos seguido trabajando.

El paso de la dirección general de una de las áreas al conjunto de la consejería, ¿qué reflexiones te ha aportado? Te da el panorama de todo. En la consejería tienes toda la fotografía panorámica de todas las direcciones generales. Las cosas se hacen siempre con alianzas, se hacen siempre conjuntamente. Uno solo quizás va más rápido pero demasiado lejos no llega. Por lo tanto, esta manera mía de hacer ya comportaba que toda la música me sonara. Otra cosa es tener la responsabilidad de liderar todo esto. Intentar hacerlo con sentido de equipo, de ver dónde llega cada uno. Es una manera de compartir la radiografía y de repartir la responsabilidad. E implicarte hasta arriba.

Si tuvieras que resumir los principales ítems de este mandato, ¿qué destacarías de lo que habéis podido hacer? El programa de gobierno, lo hemos podido ir siguiendo, aunque este año está un poco perdido. Hemos unificado el sistema público de lectura, de manera que tengamos un carné de biblioteca que sirva para cualquier biblioteca del país. Que puedas pedir un libro que sólo está en la Vall d'Aran, lo necesites en las tierras del Ebro y lo puedas tener en pocos días. Esta unificación no ha sido sencilla porque veníamos de prácticas de trabajo diferentes. El hecho de podernos poner de acuerdo ha sido uno de los grandes hitos de este mandato. Otra, trabajar la red de artes visuales. Hemos podido hacer la unidad de todos los centros, de la misma manera que tenemos articulado el sistema público de equipamientos escénicos y musicales. Y también para la red territorial de museos. Esto a nivel territorial se valora mucho. También tenemos el proyecto de la mancomunidad cultural. A estas alturas es un instrumento que nos sirve y que es potente. En ámbitos de política lingüística también ha habido grandes proyectos.

¿Cómo ha intentado responder y estar cerca del sector la consejera de cultura, en pandemia? Desde el primer momento, habilitando líneas de ayuda. De hecho, en el mes de marzo acabábamos de aprobar un presupuesto que ya no era el prorrogado, era un presupuesto nuevo, con un cierto incremento. Todo este presupuesto comportaba proyectos nuevos para el año 2020. Los desestimamos porque no tenía sentido empezar ningún proyecto nuevo en medio de una pandemia que no sabíamos dónde nos conduciría. Reestructuramos el presupuesto y destinamos todo el dinero a las líneas «Covid», para todas aquellas actividades que no se podían hacer. Para que el personal técnico cobrara, para que los artistas de cualquier especialidad tuvieran unos ingresos, para que las salas también ingresaran. Para que no se nos cayera la cultura, en definitiva. A partir de la reapertura, en el mes de junio, revertimos las ayudas de manera que no ayudábamos tanto a lo que caía sino a que se mantuviera la actividad. Con los aforos, por ejemplo. El 50% no es viable para ningún equipamiento cultural. Debe ser mínimo de un 70%. En lugar de cerrarlos y ayudarlos, este 20% de diferencia es en lo que hemos ayudado. Esto, trasladado a artes visuales, hemos intentado ayudar a través de las compras que hacemos para la colección nacional e incrementando las becas. Lo hemos hecho de una manera muy rápida, muy acelerada. Y todo lo hemos hecho con el sector. Cada una de las líneas las hemos trabajado con ellos para que fuera fácil de aplicar. Incluso hicimos una alianza con el Departamento de asuntos sociales, trabajo y familia para poder dar un subsidio. Desde ningún otro departamento que no sea trabajo se pueden dar subsidios.

¿Empezáis a ver qué cosas podríais hacer para ayudar a la transformación de la cultura? Estamos trabajando mucho con sector de la salud. Nos apoyamos en los médicos para ver qué podemos hacer el sector cultural para que tenga, cuanto antes mejor, una cierta normalidad. Trabajamos con el horizonte de Sant Jordi, para poder celebrarlo. Queremos situar alrededor de Sant Jordi un pistoletazo de salida de la reanudación cultural. Paralelamente, tenemos diferentes grupos de trabajo. A raíz del estudio de la Sala Apolo, estamos mirando cuáles serían las fórmulas: test de antígenos, test de saliva, las pruebas PCR, etc. Queremos que la cultura sea de los primeros sectores en reanudar actividad. Si llega un momento que el dinero lo tenemos que destinar a que la gente pueda demostrar que no es portadora de la Covid para poder asistir a cualquier acto cultural, es mejor ayudar en eso que no a la iniciativa para que no se haya podido hacer. Estamos mirando de ser lo máximo de proactivos. El sector cultural es muy propositivo, muy creativo. Es un sector que se anticipa a cualquier problema y que encuentra soluciones, que no decae.

¿Cree que el ciclo de fiestas mayores se podrá reanudar con cierta normalidad? Se contempla. Justamente la cultura popular y tradicional es la que más tocada tenemos porque es la que está cerrada desde el mes de marzo del año pasado. Este virus quiere lo contrario de lo que es la cultura popular y la cultura, en general. La cultura es contacto, interrelación, proximidad. Este «bicho» nos quiere en casa, separados, aislados. La cultura popular se ha reinventado de mil maneras. Se ha puesto a hacer las cosas a través de pantallas, y nosotros la hemos ayudado con líneas específicas. Ahora estamos trabajando en esta fase de reanudación. Quizás tiene que haber un tipo de ayudas o tenemos que pensar en planes de formación específicos para cada una de las formas de cultura popular.

¿Y los festivales de veranos? Trabajamos en la misma línea, con diversas hipótesis. Quiero poner en valor la creatividad del sector. Por ejemplo, que la Sala Apolo busque una alianza con la fundación del doctor Clotet para hacer la experiencia piloto, que tantos buenos resultados ha dado. Esto nos dice muchas cosas. Otra cosa es que aplicarlo de forma amplia sea muy caro. Tenemos que buscar alternativas. El doctor Clotet nos decía que seguramente con el test de saliva, que es auto-realizable, se harán avances muy importantes. Hay que poner también en valor que somos de los pocos países que ha tenido la cultura abierta en pandemia. Si abrimos la mirada europea, en estos momentos, ellos se miran con nosotros. Es verdad que hay una cuestión económica. Seguramente estos estados pueden hacer frente a los cierres con mucho dinero, pero no es bien bien el caso. Ellos no querrían estar cerrados, a pesar del dinero. Nos miran y no estamos peor que ellos, en datos pandémicos.

En relación al gobierno español, ¿qué respuesta habéis recibido a las demandas que hacíais? ¿Qué relación ha habido? Es totalmente inexistente. He tenido ocasión de ver al ministro un par o tres de veces, siempre en algún acto cultural. No he conseguido sentarme con él en una mesa, aunque fuera por pantalla, y poner negro sobre blanco a los temas que tenemos pendientes. Nos sabe mal porque hay muchas reclamaciones que dependen del estado español. Tiene deudas en cultura con Cataluña, y gordas. Somos una de las dos capitales del estado español que no tenemos biblioteca pública, y esto es un agravio de muchos años. Y no es incumplimiento por parte catalana porque el Ayuntamiento de Barcelona hizo la cesión de terreno, tenemos el proyecto hecho, se ha hecho la demolición, está preparado. Y no hay manera de que la pongan en el presupuesto. Y pasa lo mismo con lo que llaman el archivo provincial, tampoco tenemos archivo en Barcelona. Sus aportaciones a los grandes equipamientos del país son escasas. Todas las instituciones que formamos parte, y el propio gobierno, hemos hecho esfuerzos muy grandes, este año de pandemia. Aportando y duplicando aportaciones. Ellos se mantienen con el mínimo y para decir «estamos», pero no hay ningún tipo de empatía.El ministro, cuando le hablo de estos proyectos, me pregunta si yo también «llevo deportes». No le veo un interés por el sector cultural y me sabe mal. Salimos perdiendo, como país. Son deudas históricas. Es un maltrato cultural.

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C CIUTAT
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