Se trata de la huella de carbono total generada fuera de la ciudad como consecuencia del consumo de alimentos, que incluye la producción, el procesado, la fabricación de los envases y la distribución de los productos
El estudio calcula cuáles son los productos más emisores y establece que reducir el consumo de proteína animal en general y en particular de carne es la acción con más impacto del sistema alimentario para combatir la emergencia climática.
La huella climática de la alimentación en la ciudad, que hasta ahora no se había calculado, representa casi tanto (70%) como todas las emisiones generadas en la ciudad, dato recogido en la Declaración de Emergencia Climática de Barcelona
Este diagnóstico refuerza la apuesta de la ciudad con The Barcelona Challenge for Good Food and Climate, presentado el pasado 21 de octubre con 15 ciudades más en el marco del 7º Foro del Pacto de Milán que tuvo lugar en la ciudad y que ayudará a orientar Estrategia de Ciudad para la Alimentación Sostenible que comienza su proceso de elaboración durante este mes de Noviembre
La magnitud de la huella confirma la necesidad urgente de transformar el sistema alimentario en las ciudad para hacer frente a la emergencia climática, uno de los debates que se plantean estos días en la COP26 de Glasgow
