El Ayuntamiento de Barcelona ha presentado el nuevo ‘Pacto de Ciudad contra las Soledades 2026-2030’, una iniciativa que quiere reforzar el abordaje de la soledad no deseada e implicar a toda la sociedad en su prevención y reducción. El proyecto pretende movilizar entidades, agentes económicos y sociales, mundo académico y ciudadanía para hacer frente a un fenómeno que afecta la salud, el bienestar y la cohesión social de la ciudad.
El alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, ha destacado que el pacto pretende “movilizar todo nuestro conocimiento, toda nuestra solidaridad, tomando conciencia del problema y de su complejidad”. También ha advertido que la soledad “también golpea a niños y adolescentes”. En esta línea, ha remarcado que el proyecto “quiere intentar tocar todas las vertientes” del fenómeno y aprovechar “la experiencia acumulada, para ponerla en común bajo estos paraguas que ofrece el Ayuntamiento y contribuir al bienestar emocional y el bienestar físico también de muchas personas que ahora mismo, hoy mismo, están solas en casa”.
Un pacto transversal y con mirada amplia
El nuevo pacto da continuidad a la Estrategia Municipal contra la Soledad 2020-2030, con más de 135 acciones desarrolladas hasta ahora. El consistorio quiere ahora transformar este marco en un acuerdo de ciudad para afrontar la soledad como un reto estructural que requiere respuesta colectiva.
El documento parte de una mirada amplia del fenómeno, reconociendo que puede afectar a personas de todas las edades y contextos sociales y culturales. También plantea un cambio de relato para superar la estigmatización y entender la soledad como una vivencia humana.
Además, apuesta por un enfoque comunitario y preventivo, con especial atención a la infancia y la detección precoz, y sitúa los barrios como espacios clave para generar vínculos sociales. El pacto también destaca el papel de la cultura como herramienta de conexión y expresión emocional.
7 retos estratégicos hasta 2030
El ‘Pacto de Ciudad contra las Soledades 2026-2030’ se articula en siete grandes retos:
- Soledades invisibles, centradas en el bienestar digital de niños y adolescentes con el proyecto ‘Bienestar digital en niños y adolescentes’.
- Soledades en el entorno laboral, con herramientas para empresas y jornadas de sensibilización.
- Espacio público conector, con medidas urbanas para fomentar relaciones sociales y convivencia.
- Reescribir la Soledad, para cambiar el relato social y promover talleres y contenidos divulgativos.
- Papel de la ciudadanía, con impulso al voluntariado y reconocimiento de iniciativas sociales.
- Proyectos intergeneracionales, para reforzar vínculos entre jóvenes y personas mayores.
- Prescripción social, con alternativas comunitarias a los tratamientos medicalizados.
Un ecosistema colaborativo
El pacto se desplegará a través de una red de agentes colaboradores que incluye fundaciones, entidades sociales, empresas e instituciones académicas, bajo el liderazgo del Ayuntamiento. Este ecosistema se mantendrá abierto a nuevas incorporaciones.
También se definen dos formas de participación: la adhesión al compromiso ‘Barcelona contra la Soledad’, con más de 110 adhesiones actuales, y la participación como agente activo en proyectos concretos del pacto.
El núcleo impulsor incluye entidades como Fundació Exea Impact, Consorci d’Educació, Sant Joan de Déu, PIMEC, Fundació Factor Humà, Col·legi Oficial de Psicologia, Salut Mental Catalunya o l’Agència de Salut Pública de Barcelona, entre otras.
Una nueva gobernanza compartida
El modelo de gobernanza apuesta por un liderazgo distribuido entre administración, entidades y sociedad civil. La Mesa Territorial y la Comisión de Soledad se transforman en la nueva Comisión Municipal de Soledad, mientras que el Plenario del Pacto se convierte en el principal órgano de seguimiento.
El Consejo Asesor Científico mantendrá su función de acompañamiento y asesoramiento académico.
Un reto creciente en la ciudad
Según los datos presentados, en 2025 un 23,8% de la población barcelonesa mayor de 16 años afirma sentirse sola en algún grado. Entre niños de 10 a 14 años, el sentimiento de soledad supera el 12%, hecho que evidencia que se trata de un fenómeno que afecta a todas las edades.