10 años de prisión para el hombre que violó a otro en una discoteca de Barcelona

11 de enero de 2024 a las 16:02h

La Audiencia de Barcelona ha comenzado a juzgar este jueves a un hombre por supuestamente violar a otro hombre en la sala oscura de una discoteca de la capital catalana. El acusado ha asegurado que todo el contacto sexual, incluidas dos penetraciones anales sin preservativo, fueron totalmente consentidas, mientras que el denunciante sostiene que el contacto sexual fue consentido, pero no dos penetraciones anales sin preservativo. Un amigo de la víctima ha asegurado que vio dos veces al acusado girando a la víctima de espaldas a él para penetrarlo. La fiscalía y la acusación particular piden diez años de prisión para el acusado, además de una indemnización por secuelas y daños morales.

Según la versión del denunciante recogida por la fiscalía, entre las 4.30 y las 5 de la madrugada del 26 de enero de 2020 acusado y víctima se encontraron en la sala oscura de una conocida discoteca de la calle Balmes de Barcelona. No se conocían, pero el acusado ha explicado durante el juicio que el denunciante lo empezó a tocar y él se dejó. Intimaron, hablaron, se acariciaron y se besaron. En un momento determinado el denunciante le practicó sexo oral y después el acusado penetró analmente al denunciante, se volvieron a besar de cara y le hizo una segunda penetración con eyaculación final.

Preguntado por si la víctima se resistió o se quejó porque la penetración era sin preservativo, el acusado ha dicho que no y que una vez terminaron el denunciante no se quejó, salieron juntos de la sala oscura y se intercambiaron los teléfonos móviles. Ha dicho que él se planteó el hecho de ponerse preservativo, pero ninguno de los dos llevaba, y se dejaron “llevar por la excitación”.

Sin embargo, la versión de la víctima es muy diferente. El denunciante asegura que sí que se negó a la penetración anal sin preservativo, pero el acusado lo forzó, le bajó los pantalones y lo hizo girar de cara a la pared por la fuerza. De hecho, asegura que llegó a taparse el ano con la mano y después de la penetración forzada acabó empujando al acusado para deshacerse de él.

El acusado ha explicado que la sala oscura tiene poca visibilidad, y hay música, pero un grito habría sido audible para otras personas que practicaban sexo a la vez y muy cerca, o por los camareros y vigilantes de la discoteca que pasaban a menudo por allí.

A preguntas de la fiscal, el hombre ha admitido que la entrada a la sala oscura no significa que aceptes cualquier práctica sexual, e incluso se puede entrar sólo a mirar.

También ha dicho que le sorprendió la denuncia, y que no sabía el motivo.

El denunciante ha declarado a puerta cerrada y con separación visual respecto al acusado. El amigo que lo acompañaba ha explicado que él y la víctima habían ido algunas veces a otras salas oscuras, pero el denunciante le aseguró que nunca había mantenido relaciones sexuales en su interior. Por eso le sorprendió que mantuviera contacto sexual con el acusado, y aún más que se dejara penetrar analmente. Sin embargo, con cierto sentimiento de culpa, ha asegurado que no supo ver que la penetración no era consentida y que no quiso intervenir.

Al terminar la penetración, la víctima salió rápido de la sala oscura y él lo siguió. Ya fuera, le dijo: “¡Yo no quería, se me ha corrido dentro!”. Estaba nervioso y muy alterado, ha dicho, quiso ir al lavabo y recoger la chaqueta e irse. En el guardarropa se encontraron al acusado, que habló unos momentos con la víctima. Después el amigo y la víctima se marcharon de la discoteca. El testigo preguntó al denunciante si quería que lo acompañara al hospital o a la policía, pero la víctima quiso ir a casa.

Desde entonces, la víctima, según su amigo, ha sufrido secuelas psicológicas y no ha querido volver nunca más a una sala oscura, además de tener problemas sexuales con algunas de sus parejas.

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C CIUTAT
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