Tomàs Molina advierte que el calor en las ciudades de origen puede frenar la demanda de las estaciones de esquí del Pirineo

El meteorólogo de 3Cat sostiene que el cambio climático obligará al sector a reforzar la confianza de los clientes, ajustar precios y diversificar la oferta, con más margen en el Pirineo occidental que en el oriental

26 de septiembre de 2026 a las 18:31h

El meteorólogo y presentador de 3Cat, Tomàs Molina, ha puesto el acento en un elemento que, según explica, puede acabar pesando tanto como la nieve de las pistas: la temperatura que hace en los lugares de origen de los esquiadores. En declaraciones a la Agencia de Noticias Andorrana, ha remarcado que, incluso con dominio esquiable en buenas condiciones, el calor fuera de las zonas de montaña puede alterar la predisposición de los clientes a desplazarse hasta los Pirineos.

La percepción del cliente, en el centro de la ecuación

Molina ha explicado que las estaciones pueden fabricar nieve y mantener las pistas operativas, pero ha insistido en que este factor no lo determina todo. Como ejemplo, ha apuntado que una persona que viva en Barcelona y se encuentre con temperaturas de más de 20 grados puede tener menos ganas de coger el coche e ir a esquiar.

Según ha advertido, el sector no solo debe mirar qué pasa en la montaña, sino también cómo interpretan los usuarios la situación y hasta qué punto están dispuestos a hacer el desplazamiento. "Si pierdes la confianza del usuario, del cliente, tienes un problema serio", ha afirmado.

Una nueva estrategia comercial ante el cambio climático

En este contexto, el meteorólogo defiende que las estaciones tendrán que adoptar una 'nueva aproximación comercial' ante el avance del cambio climático y los cambios de hábitos de los esquiadores. Ha subrayado que no basta con hacer campaña publicitaria, sino que hay que informar, dar garantías y preservar la confianza en un escenario con nieve más irregular.

Para Molina, hay dos momentos especialmente sensibles para el negocio de la nieve: el arranque de la temporada, con el puente de la Purísima, y Semana Santa. En este último período, la coincidencia con temperaturas más altas y con otras opciones turísticas puede restar afluencia, sobre todo cuando cae en el mes de abril.

A partir de aquí, considera que las estaciones tendrán que repensar cuestiones como los precios de los forfaits, la oferta complementaria y la diversificación de la actividad. Según ha indicado, el reto ya no es solo saber si habrá nieve, sino entender cómo este nuevo escenario puede modificar el comportamiento del consumidor de turismo invernal.

El Pirineo occidental, con más recorrido que el oriental

Molina también ha diferenciado el impacto del cambio climático según el tramo del Pirineo. Ha señalado que las zonas más occidentales y noroccidentales, como la Vall d’Aran, la Alta Ribagorça, el Pallars y Andorra, podrían tener más capacidad de resistencia que los sectores orientales.

"Aquí en Andorra estáis mejor, eso sin duda", ha afirmado. El meteorólogo ha añadido que las estaciones de esta parte de la cordillera pueden tener "como un recorrido más" y "aguantar más" ante el calentamiento global.

En cambio, ha indicado que esta lectura no se puede trasladar igual al Pirineo oriental, con referencias al Ripollès y la Cerdanya. En este ámbito, ha puesto como ejemplo que instalaciones como La Molina ya están notando más complicaciones.

También ha apuntado que, más allá de la ubicación, cada estación depende de aspectos como la orientación, el viento y la exposición solar. Ha explicado que los vientos del norte pueden traer nieve, pero al mismo tiempo desplazarla o secar el terreno, y ha mencionado en este punto estaciones como La Molina, Núria y Vallter.

Temporadas con comienzos inestables

En cuanto a la evolución de las temporadas, Molina ha descrito un patrón que, según dice, ya se ha repetido en los últimos años: un inicio de invierno con condiciones favorables, con nevadas a finales de noviembre o durante diciembre, y un cambio brusco a partir de enero.

Ha remarcado que las estaciones pueden mantener las pistas gracias a la producción de nieve, pero que esto no siempre coincide con el aspecto general del paisaje. Esta diferencia, ha explicado, puede generar una distancia entre la nieve disponible para esquiar y la imagen de invierno que percibe el visitante.

El meteorólogo ha relacionado esta evolución con los cambios en la circulación atmosférica del Atlántico. Ha explicado que la circulación meridional de retorno del Atlántico, conocida como AMOC, está variando, aunque los modelos no apuntan a que vaya a desaparecer. Según ha detallado, el agua fría procedente de las zonas árticas tras el deshielo estival avanza hacia el sur durante el otoño y puede influir en la temperatura del Atlántico y, posteriormente, en la meteorología europea.

En el caso de los Pirineos, ha indicado que los vientos de poniente hacen que esta evolución del Atlántico pueda repercutir en el inicio del invierno. En este marco, ha señalado que entre octubre y noviembre, y también en diciembre, se pueden dar episodios más fríos y precipitaciones favorables para la nieve.

Un cambio climático que no avanzará de manera lineal

Molina ha avisado, sin embargo, que la evolución climática no se debe interpretar como un proceso recto y constante. Para describirlo, lo ha comparado con una mesa que va perdiendo estabilidad a medida que fallan diferentes patas. "Este cambio que estamos diciendo, un grado y medio, y parece que sea algo gradual, no es cierto. Está dando tropezones", ha sostenido.

Según su previsión, en los próximos 15 años las temporadas de esquí en el Pirineo todavía podrían empezar con "cierta normalidad", pero en un horizonte de 15 o 20 años podrían aparecer episodios invernales más abruptos. A más largo plazo, ha apuntado que habrá inviernos en los que algunas áreas podrían quedarse sin nieve suficiente por las temperaturas demasiado altas.

También ha recordado que la nieve acostumbra a producirse con temperaturas de unos 3 grados positivos como máximo y que la cota de nieve se sitúa habitualmente entre los 1.800 y los 1.900 metros, aunque esta cifra puede variar. Por este motivo, ha advertido que las estaciones con una parte importante del dominio por debajo de estas alturas pueden encontrar más dificultades para mantener la actividad en los próximos años.

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