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La presencia del catalán en el sector turístico de Andorra vuelve a situarse en el centro del debate. Las quejas de algunos residentes y visitantes apuntan a una realidad cada vez más perceptible: en determinados establecimientos, dirigirse en catalán no siempre garantiza ser atendido en esta lengua, a pesar de que es la única lengua oficial del Principado.
Una visitante habitual de Andorra, que asegura que hace unos 25 años que frecuenta el país, ha expresado a la Agencia de Noticias de Andorra la su preocupación por esta situación. Según relata, mantiene el catalán tanto cuando visita Cataluña como cuando está en Andorra, pero considera especialmente sorprendente que en el Principado algunos negocios continúen respondiéndole en castellano.
“Por dignidad y respeto a Andorra, yo mantengo el catalán”
La usuaria explica que, en algunas ocasiones, ha percibido incluso una actitud de incomodidad cuando ha insistido en comunicarse en catalán. El caso que más le ha sorprendido, afirma, tuvo lugar en una heladería de Andorra la Vella, en pleno eje comercial de la capital.
Según su relato, ella y sus acompañantes habrían acabado marchándose del establecimiento porque no conseguían entenderse en catalán con el personal. Considera especialmente grave que una situación así se produzca en uno de los principales puntos turísticos y comerciales del país.
La visitante defiende que el respeto por la lengua oficial debería ser una exigencia básica para los negocios que operan en Andorra. “Por dignidad y respeto a Andorra, yo mantengo el catalán”, concluye.
El catalán, entre la oficialidad y el uso real
El caso pone de manifiesto la distancia que algunos ciudadanos perciben entre el reconocimiento oficial del catalán y su uso cotidiano en determinados ámbitos, especialmente en sectores con una fuerte presencia de trabajadores y clientes de fuera del país.
El turismo y el comercio son espacios clave para la imagen pública de Andorra, pero también para la normalización lingüística. Por ello, situaciones como esta reabren el debate sobre hasta qué punto los establecimientos deben garantizar la atención en catalán y qué papel deben tener las administraciones para preservar su uso en la vida diaria.