La sustitución del polémico sistema de recogida puerta a puerta por las nuevas eco-islas en la avenida Príncep Benlloch no ha conseguido, por el momento, apaciguar el malestar de una parte de los vecinos y comerciantes de la zona. Si bien el cambio responde a las numerosas quejas que había provocado el modelo anterior, la nueva solución también despierta preocupación por sus efectos sobre el espacio público y la actividad comercial.
Durante los últimos años, el puerta a puerta había sido objeto de críticas. Las bolsas acumuladas en la vía pública, los horarios estrictos de depósito y la imagen de desorden habían generado un cierto rechazo entre residentes y establecimientos, y también complicaba la recogida al Comú, que hace tiempo que quería replantear el sistema.
Ahora, sin embargo, las nuevas eco-islas tampoco convencen a todo el mundo. Diversos vecinos consultados por La Ciutat consideran que las estructuras tienen unas dimensiones excesivas y ocupan una parte muy importante de la acera. De hecho, en algunos tramos, dificultan el paso de los peatones, especialmente cuando coinciden personas en sillas de ruedas, repartidores con carritos que han tenido que aparcar lejos de los establecimientos o simplemente dos grupos de personas en sentido contrario.
La preocupación no es solo funcional. Muchos residentes lamentan también el impacto visual de estas instalaciones en una calle que, después de las obras de remodelación de los últimos años, había conseguido recuperar una imagen más ordenada y atractiva.
Precisamente, una de las reivindicaciones históricas de los vecinos había sido dignificar Príncep Benlloch, una de las principales arterias del centro histórico, con aceras más amplias, un entorno más agradable y una mejor calidad urbana. Ahora temen que la presencia de estas grandes agrupaciones de contenedores desvirtúe esta transformación.
Entre los comerciantes también hay preocupación. Algunos explican que la ubicación de algunas eco-islas reduce considerablemente la visibilidad de los escaparates, especialmente en negocios de dimensiones reducidas que dependen del paso de los peatones y que desde los coches que pasan se les pueda ver.
En algún caso, incluso, la proximidad de los contenedores afecta directamente al espacio destinado a la terraza de un establecimiento de restauración, una circunstancia que podría repercutir en la actividad económica de los pocos establecimientos que quedan abiertos en la zona.
Los comerciantes recuerdan que Príncep Benlloch ya ha sufrido durante años las consecuencias de las obras y del descenso de la actividad comercial, y consideran que cualquier elemento que dificulte los negocios puede agravar aún más una situación delicada.
Otra de las inquietudes que expresan los residentes es el mantenimiento de las instalaciones. Aunque los contenedores recién instalados presentan un buen estado, varios vecinos se preguntan qué pasará con el paso de los meses, especialmente durante el verano, cuando las temperaturas elevadas pueden favorecer la aparición de malos olores.
Temen que, si el Comú no mantiene una limpieza y desinfección frecuentes de los contenedores, los nuevos puntos de recogida acaben convirtiéndose en focos de malos olores en pleno centro de la ciudad peores aún que los que se generaban con la recogida puerta a puerta.