Los últimos episodios de fuerte viento, con rachas que superaron los 140 km/h el día 14, y el extraordinario oleaje que levantó gracias al inusual elevado nivel del mar, han arrancado 10.000 vigas de las estructuras de las mejilloneras de la bahía del Fangar.
La Federación de Productores de Moluscos del Delta del Ebro (Fepromodel) calcula que las pérdidas por los vendavales pueden rozar los 2,5 millones de euros en el delta del Ebro.
De las 77 mejilloneras existentes en el Fangar, ocho han quedado totalmente destruidas y unas 29 más tienen afectaciones diversas. Los productores ya reparan las estructuras para reanudar la producción la próxima campaña. Aseguran que los daños superan los de temporales como el Gloria y reclaman ayudas a las administraciones.
Al habitual tráfico de plataformas que sacan a tierra moluscos para comercializar, estos días en el puerto de Isla de Mar muchos productores zarpan acompañados de cuadrillas de operarios y cargados de materiales de construcción hacia las mejilloneras de la bahía del Fangar.
Será una tarea larga y pesada, según explica a la ACN el gerente de Fepromodel, Gerardo Bonet, dado el nivel de destrucción que los episodios de vendavales, especialmente los de los días 14 y 15 de este mes de febrero, ha infligido sobre buena parte de las estructuras.
El fuerte viento de mistral no es un fenómeno nada desconocido en la bahía del Fangar y, en general, en la costa norte del delta del Ebro. En esta ocasión, sin embargo, a las ráfagas superiores a los 140 km/h registradas se acabó sumando una situación poco frecuente en esta época del año: un nivel del mar entre 50 y 60 centímetros más elevado fruto de las bajas presiones. Habitualmente, las altas presiones anticiclónicas de enero y febrero hacen bajar visiblemente este nivel, fenómeno que se conoce como las "minvas".
"Aquí se unió el viento de arriba con la altura del agua, esos 50 o 60 centímetros de más. Si el oleaje no hubiera golpeado contra la estructura no habría hecho tanto daño. El viento solo no hace tanto daño. El problema fue la acción constante del oleaje sobre las estructuras de madera que tenemos", ha resumido Bonet.
En episodios de vendavales anteriores, las olas circulaban por debajo de la estructura sin afectar la parte superior. En esta ocasión, el nivel más alto del mar facilitó el impacto contra los postes de la parte más alta, los que sujetan las cuerdas de los moluscos. Las estructuras más afectadas fueron las situadas hacia el interior de la bahía, que por su orientación recibieron frontalmente el impacto del viento y las olas.
El resultado final: ocho mejilloneras "totalmente arrasadas" y 29 más parcialmente afectadas de un total de 77. Unas 10.000 vigas y travesaños de madera (como los postes que se utilizan en las líneas eléctricas de baja tensión) que dan estructura a las mejilloneras han acabado arrancados y esparcidos por toda la bahía.
Se han recuperado cientos, que se acumulan en el mismo puerto, pero muchas continúan flotando por el mar o abandonadas en la costa. Algunos de estos postes se podrán recuperar y reutilizar, pero muchos se han estropeado. Muchas de las estructuras de hormigón que las sostienen, que se encuentran ancladas en el fondo, también se tendrán que cambiar. Las redes perimetrales se han perdido casi en todos los casos.
MÁS DAÑOS QUE EL GLÒRIA
"Ha sido un desastre total", certifica Bonet, quien calcula que las pérdidas dejarán cortas las previsiones iniciales y superarán de largo los 2 millones de euros, llegando casi a los 2,5.
"En un principio pensábamos que no sería tanto porque contábamos con los mismos costes de material de cuando pasó el (temporal) Gloria", apunta. Por aquel episodio, las pérdidas se cuantificaron en 1,78 millones de euros.
"En estos seis años los precios se han disparado, sobre todo, por los troncos de las mejilloneras, el hormigón o los tornillos", apunta Bonet. También la mano de obra.
A los costes de los destrozos, además, se deben añadir los de las pérdidas de producción de cara a la campaña que debe empezar en pocos meses. Bonet calcula que podrían ser entre 150.000 y 200.000 kilos de los 800.000 que anualmente se producen en el Fangar.
"Puede llegar a un 30% a quien le haya afectado", precisa. Recuerda que los mejillones desprendidos mueren cuando entran en contacto con el fondo de la bahía.
Los mejilloneros tienen previsto reunirse este jueves con responsables de la Dirección General de Política Marítima y Pesca Sostenible del Departamento de Agricultura para evaluar la situación y tratar la posible llegada de ayudas.
"Volvemos a ser los más afectados de todo el Delta, tal como pasó con el Gloria. Pedimos ayudas y veremos de qué forma se pueden vehicular", ha reclamado Bonet, recordando que la Generalitat asumió públicamente el compromiso de ayudarles. Junto con los arroceros, el sector reclamó justo después de las ventadas la declaración de zona catastrófica.
