Sor Lucía Caram, monja dominica: "No se trata de dar lo que nos sobra, la sociedad se tiene que comprometer"

14 de agosto de 2017 a las 12:01h

En su perfil de Twitter ha escrito: "Dicen que soy una monja inquieta e inquietante". Ante la realidad que estamos viviendo me cuesta mucho permanecer impasible y mirar hacia otro lado pensando que hay gente que lo está pasando mal. Estoy al lado de los que están sufriendo y quiero hacer resonar su voz y eso me hace ser inquietante para los demás (...) Puedo decir lo que pienso, no me pueden expulsar del Evangelio, ni del trabajo, ni de la familia. Como dice mi amigo Risto Mejide 'Si cuando tú hablas nadie se molesta, significa que no has dicho absolutamente nada'.

¿Y a quién molesta más, a los lobbies de la ultraderecha, al Vaticano o a su orden religiosa? Inquieto a una iglesia que estaba casada con un poder de derechas, era como una monarquía absoluta. El hecho de denunciar situaciones del gobierno del PP propició que pidieran mi cabeza en Roma. Ahora se está dando más libertad a los que hace cuatro días nos sentíamos atacados. El Papa Francisco ha puesto el Evangelio en el centro de preocupación de la iglesia y está haciendo una opción preferencial por los más pobres. El casamiento que había de la iglesia con el Estado se ha acabado. Estamos en un Estado laico donde todo el mundo tiene que vivir su fe con libertad. El Estado lo que tiene que hacer es garantizar que la gente viva con dignidad.

¿Estamos asistiendo a la creación de la iglesia del Siglo XXI o a la renovación de un discurso? La iglesia está en un momento de puesta al día. Tiene que dejar atrás tics de gobierno y de dominio a lo largo de los siglos y volver a ser servidora. Sólo tendrá credibilidad si es capaz de vivir el mensaje de Jesús, que hablaba de la instauración de un nuevo orden donde todo el mundo pueda vivir con dignidad. Estamos volviendo a las raíces de este mensaje.

España vuelve a convocar elecciones y todo apunta a unos resultados idénticos. ¿Tenemos el sistema político que nos merecemos? La realidad que estamos viviendo ha puesto sobre la mesa un fracaso y la urgencia de la regeneración de la clase política. Durante estos años de indignación, la gente ha empezado a rebelarse y ha puesto la esperanza en los nuevos movimientos y partidos, pero estos no han sido capaces de dialogar y no han sabido leer el mensaje. Han caído las ideologías, no podemos hablar de una izquierda y de una derecha, hablamos de una lucha de egos. La gente que está en el paro y que no tiene para comer no puede esperar y hemos perdido medio año. Ojalá tuviéramos un cambio de personajes en las primeras líneas.

Se confiesa admiradora de Artur Mas y partidaria del independentismo. ¿Este se ha convertido en una religión? Es un movimiento que surge cuando un pueblo se ha sentido ignorado y menospreciado por las rebajas del Estatuto y la negación de un pacto fiscal. Como un país normal en democracia, tenemos que ser capaces de escucharnos, votar y ser consecuentes con lo que diga la mayoría. La independencia llegará cuando seamos capaces de garantizar que todo el mundo pueda vivir en dignidad.

¿Se ha planteado encabezar una lista, en la línea de la monja Teresa Forcades? Nunca. Mi compromiso es estar al lado de la gente, trabajar día a día y crear complicidades con el mundo de la empresa y de la sociedad civil y también con las diversas administraciones. Creo que la situación que estamos viviendo exige que seamos todos capaces de dialogar y de ponernos de acuerdo sobre todo para dar voz a los que hoy están más humillados.

¿Cómo nos podemos comprometer con la sociedad, cada uno de nosotros? Nos tenemos que preguntar hasta dónde somos capaces de asumir un compromiso. Es muy fácil tener excusas y pretextos y decir que los culpables son los gobiernos de turno (...). A veces no asumimos nuestra responsabilidad, pensamos que ya hacemos bastante pagando nuestros impuestos. Es el momento de la corresponsabilidad y de preguntarnos cada uno qué podemos hacer y dejar de tranquilizar la mala conciencia dando lo que nos sobra, no es lo mismo colaborar que comprometerse. El compromiso exige una buena dosis de sacrificio, austeridad y empatía.

¿Qué le ruega usted, a Dios? Que cambie el corazón egoísta de todos los que sólo piensan en ellos y que tienen una voracidad para tener más que los demás a cualquier precio. Sólo seremos felices cuando sepamos conjugar la palabra justicia con el compartir y con el compromiso.

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C CIUTAT
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