Personas que no comparten una sonrisa con sus compañeros. Profesionales que se creen importantes porque de su firma dependen muchas cosas. Héroes que viven lejos del mundo porque piensan que nadie está a su nivel. Son seres eclécticos, misteriosos, peculiares, diferentes, de esos que nunca te encontrarás en la cola del supermercado buscando una moneda de euro para poner en el carrito de la compra. Ellos están en otra galaxia que no suele coincidir con la gran mayoría de mortales de este país. Por encima del bien y del mal. Sus informes son muy enrevesados para que sea muy complicado llegar a su mensaje. Solo unos cuantos que están a medio camino de este lugar anhelado pueden llegar a deducir por dónde puede ir la cosa, pero cuantas más palabras peculiares podamos poner, mayor es nuestro poder y más preciada nuestra torre de marfil.
Desde allí arriba se controla el mundo que nos queda más allá de la ventana. Aquel que tenemos en nuestro horizonte. Muchas veces se pierde la noción de lo que tenemos más cercano porque realmente no nos interesa. Siempre nos hemos fiado demasiado de las estructuras que nos aguantan, pero llega un momento en que una grieta o un movimiento en falso hace que nuestra cápsula espacial se vaya al traste de repente. Nadie lo esperaba, pero nos encontramos en plena realidad y nuestras opciones no son muy optimistas.
En estos momentos difíciles es cuando utilizamos nuestros contactos a medio camino del espacio sideral por si nos pueden hacer un favor y nos pueden devolver a esta vida lejos del ruido diario, del teléfono, de los mensajes "spam" que vulneran nuestra paz interior sin nuestro consentimiento, porque nosotros no somos de este mundo como nos quieren hacer creer. Siempre debemos intentar que nos vean lo mínimo por nuestras tierras. Tenemos que comprar, consumir lejos de estos pueblos vecinos, no sea que nos conozcan. Quizás un día nos pillarán comprando bacalao en una gran superficie y entonces el rumor se puede ir difuminando en la sociedad de que nosotros también compramos allí.
Si vamos al cine, debemos hacerlo en otros espacios donde difícilmente podamos encontrar vecinos nuestros, hay que evitarlo. Mejor quedarse en casa y disfrutar de nuestra televisión que no coincidir con gente que me conoce por la calle.
Si en el trabajo tengo un rato para ir a almorzar como el resto de mortales, evidentemente no coincidiré con ellos, no sea que sepan lo que como. Ellos quizás se hartan de jamón con pan con tomate como yo, pero son cosas tan vulgares que no puedo consentir compartir con ningún compañero de trabajo. Si nunca tengo más remedio que buscar excusas malas para no ir a cumplir con la media hora de rigor, pediré un cortado porque siempre he creído que esta combinación es una propuesta neutral que no te sitúa en ningún lugar comprometido de cara a la mirada de los demás.
Evidentemente nadie debe controlar mi horario, que yo distribuiré según mis conveniencias porque soy una persona que no debe estar suscrita a una vulgar hora de entrada y salida. Yo vendré y me iré cuando crea conveniente y, como es obvio, no daré ningún tipo de explicación a nadie porque yo estoy por encima de todos los que me rodean. Solo tenéis que ver mi currículum trillado de cursos y másteres por todas partes para demostrar que soy el mejor que hay en la casa sin ninguna duda.
Mi condición casi divina me obliga a aplicar la parte más dura de la ley. Yo desde que me dedico a esto he tenido muy claro dejar de lado mis sentimientos y mi parte más humana. Yo solo me debo a la ley y evidentemente siempre aplicaré la parte menos favorable a la sociedad, por eso siempre he pedido tener un salario por encima del resto. Nunca me podré comparar con la otra gente que me rodea aunque tenga igual o más responsabilidad que la mía. Debo destacar y todo el mundo lo debe saber. No hace falta que dé explicaciones a nadie porque mi objetivo está muy claro y quien me contrate no debe poner nunca en duda mi profesionalidad, ni cuestionar mis decisiones. Ellos deben saber siempre que yo soy incuestionable y no hay nada que decir al respecto.
Miquel Casellas
