Miquel Casellas: "La semana de 7 días se nos ha quedado corta"

28 de mayo de 2018 a las 07:01h
Este pasado fin de semana estuve con un grupo de estudiantes de inglés en la zona de Gales, en un pueblo costero. Una de las primeras cosas que nos sorprendió es que entre las cinco y media de la tarde y las seis todas las tiendas cerraban sus puertas. A partir de esta hora la calle quedaba vacía. Más tarde depende si era festivo o laborable podrías ver como había un poco de gente por las calles y plazas. Uno de los pilares básicos para que nuestra sociedad funcione es empezar a ir marcha atrás y hacer un horario de establecimientos donde todo el mundo pueda practicar lo que se denomina conciliación familiar. En estas grandes superficies que trabajan 12 horas continuadas y no cierran hasta las 21 o 22 horas es complicado que la gente pueda disfrutar de su familia, amigo y entorno social. Antes no existía esta costumbre de tener tantas horas abiertos los establecimientos, pero a medida que los grandes establecimientos lo han hecho porque se lo pueden permitir por variedad en el turno del personal se han ido añadiendo otros establecimientos que no gozan de sus ventajas. No es muy normal ir un día cualquiera a las 9 de la noche a buscar el pan para cenar, ni a las nueve y media de la noche comprarse unos pantalones que quizás tienes que estrenar al cabo de una semana. Esto necesitaría una regulación estatal porque hasta que no haya una ley que obliga a aplicar esta medida nadie será el primero que lo haga por el tema de la competencia. En algunas localidades se han llevado a cabo pruebas, pero nunca han pasado de aquí porque la conciencia popular piensa que cuanto más horas está la puerta abierta más dinero puedes hacer. Esto tiene sus particularidades y depende de muchas cosas como la especialidad, la zona, la competencia entre otros. Nosotros estamos abocados a vivir una vida frenética aunque estemos de vacaciones pensando que tenemos que aprovechar cada segundo al máximo porque sino lo perdemos de nuestro saco de vivencias. Todos tenemos demasiado presente que la gracia de todo está en el fin de las cosas, pero demasiadas veces olvidamos el camino. Disfrutar de este camino que nos lleva a las cosas es uno de los deportes más bonitos y reconfortantes que encontramos hoy en día en el mercado. Los horarios que hacemos hoy en día no llevan a ninguna parte. Para entrar en los horarios ingleses tendríamos que cambiar muchas cosas, pero poco a poco todos saldríamos ganando. Un gran ejemplo son las 4 horas que muchas veces paramos al mediodía para comer. Es una franja de tiempo muy amplia que quizás sería más rentable para todos hacer una pausa de una hora y volver al trabajo. Entonces el resto de horas las podrías aprovechar por la tarde para sacar más partido a la jornada. Este cambio de horario debería englobar a toda la sociedad desde las escuelas hasta los espectáculos teatrales y musicales. En Londres a las 21 horas es para muchos como aquí las 4 de la madrugada, porque este tipo de propuestas de ocio empiezan a las 18 o 19 horas, justo después de cenar. Una de las cosas que yo estoy muy maravillado es ver un gran supermercado de El Vendrell un domingo de julio lleno a rebosar de gente comprando. Esto hace pocos años era algo que no estaba en nuestras mentes. En estas horas cuando cae la calima, la gente ya no va a la playa o a tomar un vermut a la sombra. La gente se marcha a comprar para toda la semana. Quizás si que no tiene más horas libres a la semana para llenar la nevera, pero recurrir a un domingo por la mañana también es algo muy grave que se debe tener en cuenta. Al paso que vamos tendremos que inventarnos un día más a la semana porque con los que tenemos no podemos hacer realidad el precepto bíblico de descansar en domingo. Se nos han quedado cortos y algo se tendrá que inventar para que el hombre pueda reposar un día al menos porque con el ritmo que llevamos y los avances que tenemos la cosa se nos ha quedado obsoleta. Quizás algún sabio descubre que la semana son de ocho días y nos toca cambiar todo el calendario porque de personas iluminadas podemos encontrar en todas partes y siempre. Esta es la gracia de todo. Miquel Casellas