Ivan Faccia: "El camino de la madurez"

02 de enero de 2018 a las 19:45h

Podemos decir que pasamos de la adolescencia a la madurez cuando experimentamos que la vida es dura, conlleva sufrir y las injusticias muchas veces no son la excepción. Pues es cuando entiendes que el equilibrio entre inteligencia y voluntad es necesario para responder a los desafíos que la vida inexorablemente te da cada día como compañero de viaje. El independentismo debería afrontar la situación política que tenemos después de los resultados electorales del 21D, como la etapa en la que entra en la madurez. Desde septiembre de este año hemos experimentado que la independencia no es un camino exento de pasar por su particular vía crucis.

Sin rodeos debemos reconocer que se ha pecado de ingenuidad y se han cometido errores por no haber medido la capacidad del Estado al usar la fuerza que le permite su condición de Estado. El camino de rosas se ha convertido rápidamente en un camino lleno de espinas.

No repetiré argumentos y explicaciones ya ampliamente dadas; quiero sólo hacer algunas reflexiones que me parecen esenciales manifestar ante el momento que estamos viviendo.

Entrar en la madurez significa hacer todo lo posible para no engañarnos ni engañar. La inteligencia no debe ser ofuscada por la voluntad. El 27S 2015 la noche electoral casi asistimos a una perversión del discurso por parte de los dos bloques políticos catalanes mayoritarios. Si los independentistas dijimos que eran unas elecciones plebiscitarias, los constitucionalistas respondieron que eran unas elecciones autonómicas donde se elegían diputados y no era un referéndum sobre la independencia. Aquella noche JxS proclamaba la victoria porque había una mayoría de diputados independentistas, y los constitucionalistas decían que habían perdido las elecciones los independentistas porque no habían obtenido el 50% más uno de los votos como si hubiéramos votado en un referéndum. En definitiva, por conveniencia ambos bloques se habían intercambiado la interpretación sobre qué tipo de elecciones eran sin ningún tipo de coherencia. Al contrario: ¡cada bloque afirmaba lo contrario de lo dicho hasta 1 minuto antes del recuento!

Durante estos dos últimos años cada bloque ha dicho de representar la mayoría social sin que ningún recuento de votos haya certificado esta afirmación y con la pretensión de poner en un lado u otro a las personas que habían votado en 2015 Catalunya si que es pot y este año Catalunya en Comú. Por no hablar del famoso mito de la Cataluña silenciosa y silenciada.

Las elecciones del 21D han vuelto a certificar que nadie de los 3 bloques (independentistas, constitucionalistas del 155 y los que quieren un referéndum pactado) tienen la mayoría absoluta de los votos. Es evidente que la mayoría minoritaria somos quienes queremos construir una nueva República independiente, pero no representamos a la mayoría de los catalanes que han ido a votar como nunca lo habían hecho.

En 2018 no podemos hacer lo mismo. No nos podemos permitir decir que haremos algo sabiendo que ahora no se podrá hacer. Porque es evidente que hemos aprendido que podemos decir que haremos algo pero al final hay que contar con la reacción de quienes no están de acuerdo y cuando quien no está de acuerdo es el Estado, siempre puede tener la capacidad de usar la fuerza y la represión y además cuenta, por decirlo en términos deportivos, con el pleno apoyo de quien debe hacer de árbitro.

Por eso pienso que no podemos engañarnos y engañar cuando desde el mundo independentista hacemos el debate si queremos que sea Presidente Puigdemont o queremos (como es en mi caso) que sea Junqueras. Porque por muy injusto y vergonzoso que sea; por mucha voluntad y votos que manifiesten este propósito, que Puigdemont y Junqueras puedan ser el próximo Presidente dependerá en gran parte del Estado español. No han podido impedir que ganemos las elecciones, pero sí que pueden impedir que ellos dos sean Presidente.

Junqueras lo tiene en cuenta hasta tal punto que ya ha indicado a Marta Rovira como posible futura Presidenta de la Generalitat. También Junts per Catalunya debería decir con claridad cuál es su plan B si, como todo indica, el Estado no permitirá que Puigdemont sea de nuevo el próximo Presidente.

Porque recuperar las Instituciones dañadas por el 155 se hace teniendo un Gobierno y al frente un Presidente. Y seguro que el Presidente Puigdemont y el Vicepresidente Junqueras son los primeros que quieren que rápidamente los ciudadanos de Cataluña tengan un Gobierno y un Presidente salido de las urnas que recuperen el control de nuestras Instituciones. Como patriotas que son, sacar la Generalitat de las manos del gobierno de Rajoy, del gobierno español es lo más urgente y prioritario.

Las elecciones las hemos legitimado de facto cuando hemos decidido participar en ellas y una vez elegidos los diputados del Parlamento, ellos, y sólo ellos que son la expresión de la voluntad democrática de los ciudadanos de Cataluña, pueden y deben elegir un nuevo Presidente y un nuevo Gobierno.

La voluntad es necesaria pero no puede menospreciar la inteligencia. Si el Estado español impide que Puigdemont sea Presidente, según JxC ¿qué deberíamos hacer? ¿No elegir un nuevo Presidente? ¿No formar un nuevo gobierno? ¿Dejar por más tiempo la Generalitat en manos del gobierno de Rajoy?

Digamos la verdad: cualquier esfuerzo para hacer que los exiliados vuelvan a casa libres y que los encarcelados vuelvan en libertad, pasa por recuperar el Gobierno y las Instituciones. Porque sin el Gobierno de la Generalitat no hay ni biteralidad ni posibilidades de negociar nada con el Estado. Y ahora por ahora es casi imposible que el Estado permita que Puigdemont sea el próximo Presidente. La propuesta de tener un gobierno legítimo en el exilio y un gobierno de gestión en la Generalitat no se sostiene en ninguna parte. Y la idea de tener un Presidente elegido por videoconferencia y que gobierne desde el exilio quizás épicamente motivadora, pero ya es hora de gesticular menos y de gobernar haciendo políticas que amplíen la base social de quienes queremos una nueva República independiente. No es con propuestas épicas extravagantes que ganamos seriedad hacia los catalanes que dudan sobre qué futuro quieren para nuestro país. ¡Que no se repita el triste espectáculo de 2015 en la fallida elección de Mas como Presidente de la Generalitat!

Porque defender el derecho de los catalanes a decidir; participar el 21 D en las elecciones; pedir a la oposición si aceptan los resultados de las elecciones, y después quitar legitimidad a los diputados elegidos para que decidan quién es el Presidente y el Gobierno de la Generalitat es contradictorio y nada coherente.

Ante el posible impedimento del Estado de poder elegir al Presidente que queremos, tendremos que actuar con inteligencia y decisión. Seguiremos sufriendo. Seguiremos experimentando la injusticia. Pero debemos ser adultos: tener un Presidente y un Gobierno es la clave y la prioridad.

Y por último pero lo más importante: basta de vía unilateral. No se puede crear una nueva República si la gran mayoría de los catalanes no acepta el método a través del cual se llega a proclamarla. Porque proclamar una República sin una aceptación de una parte importante de los ciudadanos de Cataluña significa hipotecar el futuro de la misma República. En este caso el CÓMO es igual de importante del QUÉ. ¿Qué queremos? Una República independiente. ¿Cómo queremos llegar a obtener esta República independiente? La vía unilateral no la aceptan la mayoría de los catalanes. Pues tendremos que volver a tener paciencia, ampliar la base social y negociar con el Estado un referéndum pactado. ¿Difícil y largo? Bienvenidos al camino de la madurez: querer ser un Estado independiente de forma pacífica y democrática ni es fácil ni rápido. Sí, lo tenemos muy cerca pero no tanto como queremos y deseamos.

Que también nuestros dirigentes políticos actúen con madurez y nos traten como personas adultas. Lo merecemos.

Ivan Faccia

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