El Hospital Vall d'Hebron opera con éxito a 4 niños con una malformación

15 de junio de 2017 a las 09:18h

El Hospital Vall d'Hebron ha evitado el trasplante de hígado a 4 niños que padecían la malformación de Abernethy, una malformación congénita que afecta a 1 de cada 30.000 niños, al utilizar por primera vez en el Estado, una nueva técnica. Las opciones de los niños enfermos, hasta ahora, implicaban esperar a que la enfermedad diera complicaciones, que podían ser cerebrales, pulmonares o tumorales, y apostar por el trasplante de hígado, con las dificultades que esto supone. El centro, sin embargo, ha probado con éxito una intervención quirúrgica que permite ''curar la enfermedad sin necesidad de cambiar el órgano'', tal y como explica el jefe de la unidad de cirugía hepática Servicio de cirugía pediátrica, Javier Bueno.

La malformación de Abernethy es una anomalía anatómica congénita que provoca que la sangre de vena porta, que transporta la sangre del intestino al hígado para su depuración, no acabe en el hígado sino en la vena cava y por lo tanto, no se depure y se extiendan las toxinas por todo el organismo. Este hecho puede producir complicaciones muy graves. Bueno, explica que pueden ser cerebrales, y por lo tanto, comportar retrasos intelectuales en los niños, alteraciones pulmonares o cambios hemodinámicos que acaban provocando tumores que se pueden convertir en malignos.

Hasta ahora, a los niños que tenían esta malformación no se les intervenía hasta que las complicaciones eran evidentes y se optaba por la radiología intervencionista, una técnica en la que Vall d'Hebron también fue pionero. Consistía en introducir dispositivos para cerrar la comunicación entre las dos venas pero este proceso no se podía realizar si la conexión era demasiado grande, ya que el dispositivo puede migrar hacia el corazón. La segunda opción, era el trasplante de hígado una intervención de riesgo que además, obliga a los pacientes, a tomar medicación inmunosupresora toda la vida.

Por este motivo, desde el hospital se ha probado una nueva técnica consistente también en cerrar la comunicación entre la vena porta y la vena cava para conseguir que la sangre se redirija hacia el hígado, un proceso que se puede hacer en dos fases, en función de la presión de las venas. De este modo, asegura Bueno que se puede ''curar la enfermedad sin necesidad de cambiar el órgano'' en los casos en que no se puede utilizar la radiología intervencionista. Los efectos en la salud de los pacientes son rápidos y los niños recuperan la calidad de vida pudiendo llevar un ritmo completamente normal enseguida. Además, tampoco tienen limitaciones alimentarias, pueden hacer deporte y por lo tanto, seguir una vida ''rigurosamente normal'', dice Bueno.

Esta técnica se probó con éxito con cuatro niños, de entre 2 y 4 años, en 2015, y gracias a la operación, los niños se han ahorrado el trasplante.