EL ABOGADO DOCTOR

09 de julio de 2018 a las 09:25h
NIL HIERRO A menudo, los clientes llegan al despacho en una situación de urgencia extrema en la que la intervención del abogado debe ser inmediata. De hecho, esta circunstancia no supone nada de especial y en determinados contextos es, incluso, natural, como es el caso, entre otros, de detenciones, accidentes, interposición de denuncias cuando se acaba de ser víctima o perjudicado, notificación de demandas o sanciones. Ahora bien, desafortunadamente, en muchas de estas ocasiones, y en otras también, el cliente acude al abogado después de meses o años desde que se originaron los hechos que acabaron degenerando en conflicto y cuando ya las medidas a adoptar son escasas y, en determinados casos, tan solo paliativas. Es en estos casos cuando intento hacer pedagogía y hago la analogía entre abogados y médicos. Explico a los clientes que acaban de entrar al servicio de emergencias médicas y han sido derivados directamente a la UCI, que las próximas intervenciones serán determinantes y que están en estado crítico. Y es entonces cuando les hago ver que deberían haber acudido a un abogado mucho tiempo atrás, pues los abogados no somos tan solo apagafuegos, sino que también tenemos una importante función a nivel preventivo. Les transmito que, si hubieran obtenido el asesoramiento y consejo de un profesional del Derecho en un momento anterior muy probablemente los hechos no les habrían llevado a la situación crítica en la que se encuentran, pues las circunstancias les habrían sido más beneficiosas y, de una manera u otra, sus intereses se encontrarían más y mejor protegidos. En este sentido, el mejor asesoramiento y el más barato que puede llevar a cabo un abogado es el mismo que suele dar un médico de cabecera cuando te recomienda vitaminas o te proporciona consejos saludables; cuando te prescribe medicamentos para evitar infecciones, detener o aminorar sufrimientos que nos merman la calidad de vida; cuando te deriva a un especialista para analizar a fondo unos síntomas o cuando te exige que te sometas a pruebas médicas o analíticas para averiguar qué puede estar causando unas molestias o dolores. En una primera fase, cuando el contratiempo, problema o conflicto que sufre el cliente aún es razonable o está pendiente de identificarse, nosotros los abogados hacemos exactamente lo mismo que los médicos de cabecera y, de hecho, una sociedad más consciente de la trascendencia jurídica de multitud de actos que llevamos a cabo cada día es aquella que, al igual que hacemos con nuestra salud, actúa preventivamente y se deja asesorar también a nivel jurídico, evitando, así, la generación de conflictos que, a menudo, se convierten en litigios, problemas económicos, familiares, laborales o patrimoniales sin solución.
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