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Xosé Manuel Beiras ha fallecido esta madrugada a los 90 años, según ha informado El País. Con él desaparece una de las figuras más influyentes del nacionalismo gallego contemporáneo: un dirigente que unió la defensa de la lengua y del autogobierno de Galicia con el compromiso con la izquierda y la lucha contra las desigualdades.
Nacido en Santiago de Compostela el 7 de abril de 1936, en una familia de tradición galleguista, Beiras estudió Derecho y amplió su formación económica en París y Londres.
Fue catedrático de Estructura Económica de la Universidad de Santiago de Compostela, ensayista y traductor de autores como Albert Camus. Su libro O atraso económico de Galiza se convirtió en una obra de referencia para entender su pensamiento sobre la situación económica y social del país.
UN REFERENTE DEL NACIONALISMO DE IZQUIERDAS
En 1963 participó, en la clandestinidad franquista, en la fundación del Partido Socialista Galego. Posteriormente, fue uno de los fundadores del Bloque Nacionalista Galego, del que ejerció como portavoz nacional entre 1982 y 2003.
Durante décadas fue una de las principales voces de la oposición a Manuel Fraga. Su oratoria, cargada de referencias culturales y de una contundencia poco habitual, lo convirtió en un político reconocible también fuera de Galicia.
En 2012, tras romper con el BNG, impulsó Anova y volvió al Parlamento con Alternativa Galega de Esquerda, el proyecto que compartió con Yolanda Díaz. Años después, en 2024, apoyó la candidatura de Ana Pontón, un acercamiento que simbolizó la reconciliación con su antiguo partido.
UN ZAPATO EN EL PARLAMENTO Y UN PIANO EN CASA
Su personalidad dejó escenas que forman parte de la memoria política gallega. La más famosa llegó en marzo de 1993, cuando se quitó un zapato y golpeó la mesa de su escaño para protestar contra la reforma que elevaba del 3% al 5% el umbral electoral para entrar en el Parlamento.
Pero detrás del temperamento combativo había también un apasionado de la música: tocaba el piano desde pequeño y, el día de las elecciones gallegas de 1993, después de votar con su característico sombrero, tenía previsto pasar la jornada en casa tocando. La contundencia del parlamentario y la sensibilidad del músico convivían en una misma figura.