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La presencia de un perro en una casa de Iruela, en la provincia de León, puso en marcha una cadena de avisos que acabó con un hallazgo trágico: su amo, de 53 años y único habitante de Villarino, había muerto en su domicilio. Las primeras indagaciones apuntan a que hacía varios días que estaba muerto cuando la Guardia Civil accedió a la vivienda.
Como vivía solo en esta localidad del municipio de Truchas, nadie había advertido su ausencia. Fue el desplazamiento del animal hasta el pueblo vecino lo que permitió descubrir qué había pasado.
UNA MUJER SIGUIÓ AL PERRO HASTA VILLARINO
El perro llegó a una casa de Iruela donde había otros dos perros y se quedó allí. La propietaria, al ver que el animal no se marchaba, decidió seguirlo.
El recorrido la llevó hasta Villarino y, concretamente, a la casa del propietario del animal. La mujer llamó a la puerta, pero no obtuvo ninguna respuesta. Ante esta situación, alertó a la Guardia Civil.
Los agentes que se desplazaron al domicilio encontraron al hombre muerto en la cama y tapado. Las primeras investigaciones sitúan la defunción unos días antes del descubrimiento. Las primeras hipótesis apuntan a una muerte natural del último habitante del caserío de Vilarino, que ahora pasa a ser un despoblado.