sábado, 13 de julio de 2024
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Las cuadrillas recuperan en 2023 la vitalidad prepandémica: 10.600 castillos plantados y un 99% descargados

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La actividad castellera recuperó en 2023 el vigor prepandémico tras una temporada casi en blanco y dos de remontada. Las cuadrillas plantaron más de 10.600 castillos, una cifra habitual entre 2014 y 2019. También es significativo el retorno de la gama extra, con 60 construcciones el año pasado (el 0,5%), aún lejos de los registros habituales según el archivo anual y la clasificación de la Coordinadora de Colles consultada por la ACN. Y es que esta tipología de castillos, los más complejos, son los que más han acusado el paréntesis: las bajas en las cuadrillas y el relieve cortado de la canalla lo explican. El 99% de los castillos se descargan, mientras los de gama extra mejoran a lo largo de los años: del 63,2% en 2009 hasta el 86% en 2019.

Los registros anuales de la Coordinadora de Colles Castelleres de Catalunya (CCCC) documentan más de un centenar de tipos de castillos diferentes llevados a plaza a lo largo de los últimos 15 años, teniendo en cuenta todas las variantes existentes y que se pueden combinar en una construcción: número de pisos, estructura (número de castellers por piso), forro, esposas, con o sin pilar, levantado por debajo, etc.

De largo, el castillo más habitual (cargado y descargado) ha sido el pilar de 4 (hasta 4.587 veces), seguido del pilar de 5 (casi un millar). En cuanto al primer castillo con más de una persona por piso en el tronco, es el 3 de 6 (478). Después vienen el 4 de 7 (450), el 3 de 7 (428) y el 4 de 6 (415).

Que las construcciones que más han crecido estos años sean las básicas tiene un “gran valor”, según sostiene el presidente de la coordinadora, Carles Cortés, a las puertas del inicio de la nueva temporada castellera. Una relevancia, dice, en tanto que expresión de cómo han proliferado cuadrillas nuevas, y como medida de cómo ha crecido el número de “gente que quiere hacer castillos”, ya sea en las zonas tradicionales como en el resto del país, incluidas las cuadrillas universitarias.

En cuanto a los castillos de gama extra, el más habitual al menos desde 2009 es el 2 de 9 con forro y esposas, seguido del pilar de 8 con forro y esposas, el del 5 de 9 con forro, y el 9 de 8.

El 99% de los castillos se descargan

Casi el 99% de los castillos que se cargan también se descargan, y este es un porcentaje que se ha mantenido muy estable desde antes del auge del fenómeno casteller, a raíz de la declaración de la UNESCO. En cierto modo, el dato rompe el tópico de que esta es una actividad peligrosa, donde se producen muchos accidentes. Es una actividad de riesgo, pero a la vez segura; y por la imagen que se tiene, es significativa la poca siniestralidad que hay”, razona el también casteller de la Colla Joves Xiquets de Valls.

En el caso de la gama extra, históricamente no ha tenido el mismo grado de infalebilidad. Los datos muestran, sin embargo, una importante evolución en diez años: desde el 63,2% de castillos descargados en 2009 hasta casi el 86% en 2019. Con la pandemia no sólo descendió el número de castillos de gama extra en plaza si no también el porcentaje de éxito: en el año 2022 se descargaron poco más de la mitad de los castillos de gama alta cargados. Pero el año pasado se empieza a recuperar el equilibrio, con un 71,2% de construcciones de gama alta descargadas (42 de 60).

Sobre esta gran evolución, Cortés comenta: “Hoy llevamos más castillos a plaza que realmente sabemos que podemos hacer; la idea es, si hacemos un castillo, lo hacemos para descargarlo; el cambio es significativo”. Desde la entidad se trabaja para “sensibilizar” las cuadrillas sobre la importancia de minimizar riesgos, y las mismas cuadrillas cada vez ensayan más y van tecnificando todo el proceso y seleccionando mejor las piezas que conforman el castillo.

“La evolución de los castillos desde 2010 es brutal. Antes veías auténticas mulas en los forros y las esposas, era todo a peso. Ahora es todo más técnico, más estudiado, hemos rebajado pesos… Y todo esto coincide con una reducción del número de accidentes”, resume Cortés.

Los años del “boom” casteller

La actividad castellera dio un salto importante desde la declaración de esta actividad como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, en el año 2010. En tan solo seis años el número de castillos cargados y descargados se duplicó, y pasó de algo más de 5.000 al año, en 2009, a casi 12.000, en 2015. Aquel fue el año en que se vieron más castillos en toda la historia. En conjunto, el periodo que va entre los años 2014 y 2018 es el más álgido de actividad castellera.

“La declaración de la UNESCO no ha sido el único factor”, remarca el presidente de la CCCC, aunque admitió que el reconocimiento internacional dio prestigio a la actividad. Cortés recuerda que el “boom” coincidió también con años de crisis económica, y que en este contexto la actividad castellera se convirtió en una opción de ocio para toda la familia y sin coste. Además, la eclosión del fenómeno casteller coincidió también con los años álgidos del procés en Cataluña. En este sentido, y según un informe reciente del Centro de Prospectiva y Análisis del Castells , las collas castelleras se componen en un 93% de personas nacidas en Cataluña que tienen el catalán como lengua de interacción en más de un 80%, y el 57,7% se sienten sólo catalanes.

Mirado con perspectiva histórica, la actividad castellera en Cataluña ha evolucionado mucho a lo largo de un siglo. En 1926, el primero desde el que la Coordinadora de Colles tiene registros, se contabilizan poco más de una cincuentena de castillos. En la primera post-guerra, en 1940, la actividad aún fue más residual: 31 castillos (28 descargados). A finales del franquismo (1970) la actividad comenzaba a coger vuelo, con 402 castillos contabilizados en el registro de la CCCC. Y ya en los años de la democracia, concretamente en el año 1990, se cuentan más de 2.700 construcciones, aproximadamente la mitad de lo que sería habitual en el año 2009, justo antes de la declaración de la UNESCO y que propulsó la actividad hasta cifras nunca vistas antes y que a día de hoy todavía se mantienen.

Como antes de la pandemia

En 2023, el volumen de castillos que las cuadrillas catalanas llevaron a plaza y que descargaron o sólo cargaron el año pasado fue incluso superior al del último año antes de la pandemia. En total 10.619 construcciones, una veintena de ellas de gama extra (apenas el 0,5%), según el registro anual y la clasificación de la coordinadora de cuadrillas consultada por la ACN.

La gran recuperación, de hecho, ya se había producido en 2022, con más de 9.000 castillos levantados, tras el oasis pandémico que dejó unos registros pírricos sobre todo en 2020 (338 castillos) y todavía en 2021 (1.625). Pero el año pasado se volvió a la normalidad pre-pandémica, en el sentido de que se superó el umbral de los 10.000 castillos, del que no se había bajado entre los años 2014 y 2019, los más álgidos por el mundo casteller desde que la UNESCO les declaró Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en el año 2010.

“El mundo de los castillos lleva más de 200 años, con altos y bajos y subas de décadas; ahora, por suerte, el fenómeno es más universal, está más extendido y el shock ha sido más corto”, constata Carles Cortés, coordinador de la CCCC y miembro de la Colla Joves Xiquets de Valls, a las puertas del inicio de una nueva temporada castellera que, como apuntan desde la Coordinadora, será “bestia”. El casteller hace también un vaticinio sobre la temporada castellera, que arranca este mismo fin de semana: “Creo que las cuadrillas están por llegar con solvencia a los propios límites que tenían en el año 2019”.

La gama extra, a otro ritmo

En cualquier caso, un ámbito en el que el año pasado todavía se acusó el efecto de la pandemia es la gama extra, los castillos de mayor dificultad de ejecución a partir de 8 pisos. La recuperación general de la actividad no acaba de cerrar una de las heridas que más daño causó el parón de 2020: la rotura de la “transición natural” de la canalla. “El pilar de los castillos es la canalla, y sin ellos no funciona”, expresa Cortés sobre la dificultad que ha supuesto a las cuadrillas formar de nuevo a los más pequeños y hacerles ganar confianza para afrontar las construcciones más elevadas y/o complejas. El otro handicap ha sido la pérdida de ‘camisas’ (como se dice a los miembros de las cuadrillas en el argot casteller), algunas de ellas veteranas y que eran parte del ‘tronco’ de los castillos, aunque en este sentido, poco a poco, las cuadrillas han ido recuperando o incorporando nuevos efectivos.

Con menos gente en el local de ensayo y en plaza, con un tronco renovado y una canalla inexperta, no es de extrañar que las cuadrillas descargaran el año pasado 42 castillos de gama extra, aún lejos de la septuagenaria de 2019, y eso a pesar de que en conjunto hubo más castillos que entonces.

“Se había perdido el respeto a los castillos de 9”

Fuentes de la Coordinadora apuntan todavía a un tercer factor para entender la más lenta recuperación de la gama extra. En 2019, explican, casi se “tocó techo” en este terreno, “con construcciones muy al límite que se estaban a menudo con una frecuencia que no es normal”. Su presidente está de acuerdo, y corrobora que uno de los peligros es que “se había perdido el respeto a los castillos de 9”. “Parecía que cualquiera podía hacer un 3 de 9 o un 4 de 9, o incluso un castillo de 8, y después de la pandemia se ha visto que no es fácil”, comenta a la ACN.

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