El exdirector general de la Guardia Civil Luis Roldán ha muerto esta madrugada a los 78 años en el hospital San Juan de Dios de Zaragoza, según diversos medios. Roldán protagonizó uno de los escándalos más sonados de los 90 cuando durante el mandato de Felipe González fue acusado de malversación de fondos públicos y desapareció del Estado. En 1995 se entregó a las autoridades españolas en el Aeropuerto de Bangkok, en Tailandia, y posteriormente fue condenado a 28 años de prisión por malversación, soborno, fraude fiscal y estafa. Pasó 10 años en la prisión de Brieva, en Ávila, y después fue trasladado a la de Torrero, en Zaragoza, antes de obtener permisos.
Roldán fue la primera persona no militar en dirigir el instituto armado, después de una carrera política como militante del PSOE que le había llevado a ser concejal del Ayuntamiento de Zaragoza (1979-1982) y delegado del Gobierno español en Navarra (1982-1986). Su trayectoria, sin embargo, quedará marcada por la corrupción, la fuga de España y el paso por la prisión: saqueó las arcas del ministerio del Interior, fue detenido en 1995 en el aeropuerto de Bangkok y pasó una década encarcelado en el centro femenino de Brieva (Ávila). Después de unos años en que pudo entrar y salir de la prisión en régimen de tercer grado, en 2010 quedó liberado definitivamente.
Roldán fue protagonista de una de las épocas más convulsas de la democracia española, hasta el punto de que su historia llegó al cine de la mano del director Alberto Rodríguez en El hombre de las mil caras. En realidad, la película habla de Francisco Paesa, ex agente secreto español que supuestamente encubrió a Roldán para marcharse del país cuando estaba asediado por su enriquecimiento ilícito. Él mismo cobró 1,8 millones de euros del ministerio del Interior –liderado por Juan Antonio Belloch y Margarita Robles como secretaria de estado, ahora ministra de Defensa– para contribuir a la detención –o entrega voluntaria– de Roldán. Un pacto bautizado como papeles de Laos.