La UOC asegura que los jóvenes son los que más rechazan vacunarse contra la COVID-19

05 de enero de 2023 a las 10:33h

Europa está experimentando una circulación creciente de gripe y del virus sincitial respiratorio (VSR). Junto con la COVID-19, estos virus están teniendo un alto impacto en los servicios de salud y en las poblaciones este invierno. En este contexto, destaca la importancia de que los grupos vulnerables se vacunen contra la gripe y la COVID-19, y que todo el mundo se proteja, individualmente y hacia el resto, de las infecciones.

Una de las dificultades es, precisamente, el rechazo a la vacunación. Un estudio realizado por investigadores de la UOC, publicado en abierto en la revista científica PLOS ONE, ha evaluado la reticencia a la vacuna contra la COVID-19 en España durante la campaña de primavera-otoño de 2021, tanto en la población general como en los profesionales sanitarios, y aporta información sobre cómo mitigarla.

 

"El objetivo de este trabajo es hacer un retrato fiel de un momento concreto —la primera campaña de vacunación contra la COVID-19— para analizar qué se podría mejorar en el futuro", detalla Salvador Macip i Maresma, médico y profesor de los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC, y director e investigador del Laboratorio de Mecanismos del Cáncer y el Envejecimiento de la Universidad de Leicester. Macip ha participado en este trabajo liderado por Francesc Saigí Rubió, investigador del eHealth Center de la UOC y director del centro colaborador en salud digital de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Hans Eguia, doctorando de los Estudios de Ciencias de la Salud y profesor de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC y Marina Bosque, investigadora del eHealth Center y profesora de los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC.

 

Contexto de dudas y suspicacias

En la primavera de 2021, comenzó en Europa una campaña masiva de vacunación a la población general para combatir la pandemia provocada por la COVID-19. La gravedad de la enfermedad, la velocidad con la cual se pusieron a disposición de la sociedad las vacunas y la desconfianza en los laboratorios farmacéuticos crearon un contexto de dudas y suspicacias sobre estos nuevos medicamentos y su aplicación de manera generalizada, lo que llegó a provocar el rechazo a estas terapias por parte de miles de personas.

Las redes sociales se llenaron de rumores e informaciones falsas (fake news) con el objetivo de generar un ambiente de desconfianza en torno a las vacunas y los nuevos métodos que se habían utilizado para fabricarlas, como la tecnología RNA mensajero. Incluso se llegaron a elevar a norma general casos puntuales como los trombos, supuestamente causados por la inoculación de este innovador tratamiento.

 

Reticencias a la vacunación

Para realizar el estudio, durante la primavera de 2021, los expertos encuestaron a más de 4.300 personas a través de las redes sociales, entre las cuales había 500 profesionales sanitarios de diferentes ramas. En aquel momento, el 48,6 % de los participantes de la población general estaban vacunados contra la COVID-19, y el 6,5 % de la población general se mostró reticente a vacunarse. No obstante, cuanto mayores eran las personas, más elevado era el porcentaje de vacunados.

"Los más jóvenes o con menos formación eran los más reticentes a vacunarse, probablemente porque eran el colectivo social que percibía menos riesgo de tener problemas derivados de la COVID-19, de manera que veían menos beneficios a la vacuna", apunta el experto. Asimismo, Macip afirma que el nivel educativo y el hecho de tener conocimientos médicos "reducen las reticencias" ante estos tratamientos innovadores.

 

Por su parte, en el caso de los profesionales sanitarios, el porcentaje de vacunados contra la COVID-19 se elevaba al 95 %. "Los profesionales de la salud tenían más dudas sobre la eficacia y la seguridad de la vacuna. No obstante, eran los menos reticentes a vacunarse, posiblemente porque entendían mejor las consecuencias de no vacunarse y estaban más familiarizados con el concepto general de vacuna", destaca Macip.

Otro aspecto que se evaluó durante este trabajo fue la aceptación o el rechazo a la vacuna en función del laboratorio que la había fabricado. En este aspecto, la mayoría de participantes no mostraron preferencias por una vacuna determinada. No obstante, las personas que se habían vacunado con la terapia de Pfizer afirmaron que lo habían hecho con su "vacuna preferida".

 

En el caso de Europa, debido a las campañas que se llevaron a cabo, hubo una preferencia por las vacunas basadas en el RNA mensajero, o mRNA, respecto a los otros tipos de terapias disponibles para la población en aquel momento. En cuanto al contexto que se percibió en aquellos momentos de la pandemia, los expertos destacan que "la aceptación de la vacunación contra el coronavirus no se vio afectada por los movimientos antivacunas ni por la desinformación de algunos medios".

 

Información para mejorar la confianza en los tratamientos

Aunque estos datos no son especialmente negativos, todavía hay un porcentaje importante de la población que muestra rechazo a este tipo de vacunas. Este colectivo puede llegar a poner en riesgo su propio bienestar e, incluso, generar un problema de salud pública. "El desconocimiento es lo que genera más reticencias. Una buena información, sin embargo, puede superar incluso la atracción que generan en las redes los antivacunas", afirma Salvador Macip.

De hecho, según la Organización Mundial de la Salud, el rechazo a las vacunas era un problema "frecuente", incluso antes de la llegada de la pandemia, y se considera una de las diez amenazas principales para la salud mundial.

 

Para evitarlo, los expertos destacan que la información veraz, contrastada, transparente y ágil es el método más efectivo para concienciar a la población y minimizar el rechazo y las reticencias a este tipo de terapias. De hecho, se ha demostrado que el rechazo y las reticencias disminuyen durante las campañas de vacunación, cuando se comprende la funcionalidad y la eficacia de esta medida. "Las campañas informativas son esenciales. Cuanta más información tenemos sobre un fármaco nuevo, menos miedo nos da", concluye Macip.