El Gremio de Floristas ha expresado su preocupación por el creciente caos que afecta la venta de rosas durante la celebración de Sant Jordi. Este año, más del 70% de los puntos de venta corresponden a puestos gestionados por particulares, hecho que está provocando una saturación considerable en las calles y una competencia que consideran desleal.
Un sistema de licencias problemático
Según ha explicado este lunes el presidente del gremio, Joan Guillén, el origen de esta situación radica en "un sistema no inclusivo de licencias" que permite la aparición masiva de empresas externas. Estas compañías empiezan a operar aproximadamente un mes antes de la Diada y desaparecen inmediatamente después del 23 de abril, dejando el sector afectado por una descapitalización importante.
El intrusismo como principal obstáculo
Guillén ha puesto especial énfasis en el problema que supone "el intrusismo", indicando que "hay una serie de empresas pirata que se dedican a promocionar la diada bajo el lema de la rosa barata". Esta práctica no solo altera el mercado sino que también perjudica a los floristas profesionales que trabajan regularmente todo el año.
Saturación y competencia desleal en las calles
Esta proliferación masiva ha generado un escenario complejo donde los compradores se encuentran con una oferta abrumadora y desordenada. La presencia mayoritaria de los vendedores no autorizados dificulta la regulación y provoca tensiones entre los comerciantes tradicionales, que reclaman medidas para garantizar una competencia justa.
