Los embalses de las cuencas internas de Cataluña han superado el verano más cálido jamás registrado en el país con las reservas todavía al 76,7% de su capacidad, un nivel tres puntos superior al de hace un año y también por encima de la media de la última década.
A pesar de este buen nivel general, el verano ha dejado una caída notable de las reservas. A mediados de junio, los embalses estaban al 94,7%, de manera que en tres meses han perdido cerca de veinte puntos. El descenso es ligeramente superior al habitual, según la Agencia Catalana del Agua (ACA), que lo atribuye en parte a las temperaturas excepcionalmente elevadas.
El director de la ACA, Josep Lluís Armenter, ha explicado que “la evaporación ha sido más alta que otros años”, coincidiendo con un verano especialmente caluroso. Aun así, considera que la situación actual es positiva y que permite afrontar los próximos meses sin medidas restrictivas.
El agua estaría garantizada más allá del próximo verano
Según datos de la ACA del 14 de septiembre, el nivel actual de reservas es el más alto en estas fechas desde el 2020, cuando los pantanos se llenaron después del temporal Glòria.
Armenter asegura que, con la situación actual, el recurso hídrico en las cuencas internas está garantizado sin necesidad de aplicar restricciones como mínimo hasta más allá del verano del 2027.
La mayoría de los principales embalses se mantienen alrededor o por encima de las tres cuartas partes de su capacidad. La Llosa del Cavall está al 88,5%, Susqueda al 82,1%, Sant Ponç al 80,3%, la Baells al 74,8%, Sau al 73,2% y Siurana al 72,4%.
Más baja es la situación en Darnius Boadella, con un 61%, y especialmente en Riudecanyes, que ha pasado de estar prácticamente lleno hace tres meses a quedarse en un 34,4%.
Las desalinizadoras continúan funcionando al 50%
A pesar de que Cataluña ya no se encuentra en situación de sequía, la ACA ha mantenido las plantas desalinizadoras trabajando al 50% de su capacidad.
El objetivo es reducir la presión sobre los embalses y frenar la pérdida de reservas durante los meses de mayor consumo. Según Armenter, esta producción elevada “hace ralentizar mucho la bajada de recursos y de los niveles de reserva”.
A esta estrategia se suman otras actuaciones, como la puesta en marcha de la potabilizadora de Sant Feliu de Llobregat, la futura ampliación de la planta del Besòs o un aprovechamiento más elevado de el agua subterránea y superficial.
Cataluña quiere depender menos de la lluvia
La Generalitat trabaja con el objetivo de reducir progresivamente la dependencia de los embalses y aumentar el peso del agua desalinizada y regenerada.
La estrategia prevé construir tres nuevas desalinizadoras antes de 2033, que se sumarían a las dos actuales y permitirían duplicar la capacidad de producción.
La previsión es que el año 2030 el agua desalinizada y regenerada represente el 70% de los recursos disponibles, mientras que el agua procedente de los embalses bajaría hasta el 30%.
Las cuencas del Ebro, al 58,9%
La situación es diferente en las cuencas catalanas del Ebro. Los principales pantanos han pasado del 70,8% al 58,9% en un año.
Algunos embalses se mantienen prácticamente llenos, como Riba-roja d’Ebre, con un 96,1%, o Terradets, con un 96,6%. En cambio, otros se encuentran alrededor de la mitad de su capacidad, como Oliana (56,8%), Rialb (55,6%), Talarn (53,4%), Camarasa (52,8%) o Canelles (50%).
Las cuencas del Ebro concentran aproximadamente el 60% del consumo de agua de Cataluña, principalmente destinado a la agricultura, mientras que las cuencas internas abastecen cerca del 92% de la población.
Menos consumo doméstico que hace veinte años
El consumo de agua también ha disminuido de manera notable durante las últimas décadas.
El año 2004, antes del primer gran episodio de sequía de este siglo, el consumo doméstico se situaba alrededor de los 145 litros por persona y día. Veinte años después, esta cifra había bajado por debajo de los 110 litros.
Entre 2007 y 2024, la población catalana creció un 12%, pero el consumo doméstico de agua se redujo un 9%, una evolución que la ACA vincula a una mayor eficiencia y al impacto de las sucesivas sequías sobre los hábitos de consumo.
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