Un 50% de las personas situadas en el tramo de renta más pobre (el 40% con menos recursos) sufren problemas de salud o enfermedades crónicas, mientras que entre el resto de tramos de renta el porcentaje baja hasta una cuarta parte, según recoge el Informe Social 2025 de la Generalitat. Los datos, analizados por la ACN con motivo del Día mundial de la salud, muestran que la renta y el código postal influyen directamente en la salud y la esperanza de vida.
El informe evidencia que las diferencias entre municipios se sitúan en 2,4 años, mientras que en Barcelona superan los 11 años entre barrios. También señala que factores como el nivel educativo, la alimentación, la vivienda o las condiciones laborales condicionan la salud de las personas.
Aïda Solé-Auró, profesora agregada de la Universitat Pompeu Fabra (UPF), explica que las personas con más ingresos “están más protegidas” gracias a factores como el nivel educativo, mientras que las que tienen menos recursos “tienden a padecer más enfermedades crónicas y discapacidades funcionales”. “Esta brecha se explicaría por diferentes factores y el nivel educativo nos condiciona los estilos de vida, la prevención y el uso de los recursos sociosanitarios”, añade.
Berta Rodoreda, enfermera del CAP Santpedor e investigadora del Institut Català de la Salut (ICS), alerta que las personas con menos recursos a menudo no acceden a los programas de prevención y detección precoz. Asimismo, el coordinador de la Unidad de Cribado del Hospital Clínic, Jaume Grau, recuerda que la participación en el programa de detección del cáncer colorrectal está muy ligada al nivel socioeconómico.
Por su parte, la médica especialista en medicina preventiva y salud pública Cinta Daufí subraya que es necesario “abandonar la idea de que la salud es una cuestión individual” y que las desigualdades ya comienzan antes de nacer. “La salud depende enormemente de las condiciones de vida”, asegura, y advierte que la capacidad de elegir es “muy limitada”: “A menudo se piensa: ’Yo decido comer saludable’, ‘yo decido no estresarme’, pero mucha gente esto no lo puede decidir”.
La obesidad infantil es un ejemplo claro: según el POICAT, la prevalencia de la obesidad se duplica en niños de grupos sociales menos favorecidos (16,8%) respecto a los de los grupos más acomodados (7,9%). “El problema de la obesidad infantil es un problema de pobreza infantil”, alerta Daufí.
En cuanto a la esperanza de vida, Cataluña se sitúa en 84,2 años, con diferencias significativas entre mujeres (86,7 años) y hombres (81,5), entre municipios y barrios. Solé-Auró destaca que “el código postal es un predictor muy potente de la esperanza de vida” y subraya la importancia de “saber cómo se vivirán” estos años, es decir, la esperanza de vida en buena o en mala salud.
Las desigualdades se ensanchan con la edad: “Las personas con unas mejores condiciones sociales, laborales y de salud, cada vez se distancian más en términos de años de vida de los que envejecen acumulando desventajas”, explica Solé-Auró. Daufí añade que las personas sin hogar viven unos 25 años menos que el resto de la población, según estimaciones de Arrels Fundació.
Los expertos coinciden en que las desigualdades no se resolverán solo con el sistema sanitario universal o la escuela pública. Solé-Auró defiende que son necesarias políticas específicas para los grupos más desfavorecidos: “Su papel [el del sistema de salud público y la escuela] es importante, pero debe ir acompañado de un diseño de políticas públicas que favorezca a aquellas personas más desprotegidas”. Rodoreda añade que es necesario considerar los determinantes sociales “no solo en el ámbito sanitario, sino también político”, y Daufí advierte que “si todas las medidas siempre son homogéneas, igual para todos, se acentúan estas desigualdades”.
Rodoreda ha liderado una guía para incluir los determinantes sociales en la historia clínica de los pacientes, que ayuda a identificar necesidades que “solo vemos la punta del iceberg”. Según la investigadora, un registro así facilita la atención y evita el uso innecesario de pruebas o medicamentos. “Muchos usuarios que han conocido la guía han encontrado en ella una humanización de la atención sanitaria al verse como una persona con una historia detrás”, concluye.
