El servicio de Cercanías en Barcelona ha vivido este sábado una nueva jornada de graves incidencias. Varias líneas han acumulado retrasos de entre 20 y 60 minutos, coincidiendo con un día de manifestaciones convocadas tanto por entidades independentistas como por plataformas de usuarios del tren. A pesar del malestar generalizado que se ha vivido durante las últimas semanas en las estaciones, la movilización no ha logrado reunir a tantas personas como se esperaba.
Según datos municipales, por la mañana se han concentrado unas 8.000 personas en el centro de Barcelona, en un recorrido que ha ido del monumento a Rafael Casanova hasta la plaza de Sant Jaume. Por la tarde, unas 3.000 personas más han participado una segunda protesta, impulsada por colectivos de usuarios de Cercanías.
Una indignación que no ha acabado de salir de casa
A pesar de las incidencias diarias, una parte importante de los usuarios ha optado por no asistir a las convocatorias. “Hemos estado cansados y también desorientados. No hemos sabido quién nos ha representado ni qué se ha querido conseguir exactamente”, ha explicado Jordi Bou, trabajador del Vallès y usuario habitual del servicio.
Reivindicación política por la mañana, protesta de usuarios por la tarde
Por la mañana, la movilización ha tenido un fuerte componente político. Los lemas y pancartas han ido más allá del mal funcionamiento de los trenes y han puesto el acento en el futuro político de Cataluña. Los cánticos independentistas han marcado el tono de la marcha. “Los trenes solo han sido el síntoma; el problema ha sido que siempre hemos ido al final de la lista”, ha afirmado Laia Márquez, estudiante universitaria.
Por la tarde, el foco ha cambiado. La marcha, que ha comenzado en la Estación de Francia y ha finalizado en la plaza Sant Jaume, ha puesto el foco en la vida cotidiana de los usuarios y en las responsabilidades de las empresas gestoras y las administraciones.
“No ha sido mala suerte, ha sido un problema estructural”
Durante la lectura del manifiesto final, los colectivos de usuarios han denunciado que el colapso de Rodalies no ha sido puntual, sino consecuencia de años de falta de inversión y de una gestión excesivamente centralizada. “He llegado tarde al trabajo, he perdido horas con la familia y he vivido con angustia constante. Esto no ha sido normal”, ha explicado Sílvia Miró, usuaria diaria del servicio.
También se ha alertado del impacto emocional que esta situación ha generado y se ha hecho un llamamiento a la autoorganización ciudadana para presionar y exigir cambios profundos
El Gobierno ha prometido soluciones
Desde el Gobierno, la respuesta ha llegado con un mensaje de compromiso para abordar el problema de fondo y poner fin al deterioro del servicio de Cercanías. Sin embargo, en la calle ha predominado el escepticismo. “Promesas hemos oído muchas; lo que hemos querido han sido trenes que lleguen a la hora”, ha resumido Mohamed, vecino del Maresme que ha venido a Barcelona.
La crisis de Rodalies ha continuado abierta, y la distancia entre el descontento ciudadano y la capacidad de movilización ha seguido siendo uno de los grandes interrogantes.
